martes, 27 de septiembre de 2016

Sociópatas

¡Hay tanto idiota ahí fuera!
Yo tampoco, Iván.
A veces pienso que ser un poco sociópata
es muestra se salud mental...

domingo, 11 de septiembre de 2016

¡Sálvese quien pueda!

Puedo volver, dar marcha atrás,
y tirar por la borda todo el camino recorrido.
Puedo callar, no decir nada,
guardarme dentro los gritos hasta que quieran estallar.
Puedo forzar la realidad, decirme a mí misma
que las cosas no son lo que parecen, aunque lo sean.
Puedo doler, hacer que otros por mí se sientan mal,
y depende de a quién le duela, dolerme a mí también por doler.
Puedo arrasar, coger todas las cosas a las que doy valor
y formatearlas, antes que lo haga otro sin derechos 
y me arrase a mí también con/en ellas.
Puedo sentir que no doy mas, que el esfuerzo me ha agotado,
que he llegado al tope de lo que soy capaz de hacer.
Y así es, si me olvido de por Quién y con Quién hago las cosas.
Puedo escurrir, tender y poner a secar mi pañuelo
y dejar que se pierdan mis lágrimas, negándoles su valor.
Puedo pasar, sí: dar otro paso
o pasar de largo sin más, por evitar sufrir más.
Puedo fingir que me da igual, que no importa,
que estoy acostumbrada, que es más de lo mismo.
Aunque cada dolor, como cada pecado,
-aunque sea en lo mismo-, es único en sí mismo.
Puedo incidir, insistir, reintentar, esperar,
apretar, meter quinta, decirme que "esta vez sí".
¿Por qué no?
Puedo escapar, salir del laberinto, 
renegar de mis círculos concéntricos 
y exigirle al Cielo una puerta de salida ya.
Puedo partirme y negociar la otra mitad,
y olvidar en el pasado a la que se dejaba llevar
y comenzar a ser la que pone condiciones.
Porque no todo vale. Para mí no. Ya no.

Puedo romper. De hecho... ¡quiero romper!;
para empezar, todos y cada uno de los espejos de mi casa.
Puedo olvidar, y no como un problema de memoria
sino como una decisión de la voluntad.
Puede comerme la ansiedad, 
mañana, tarde, y noches eternas.
Y añoro el día en que no sea así.
Puedo salir: me parece que ya es de día.
Puede que fuera de estas cuatro paredes haya vida...
Puedo girar, por ejemplo 45º,
y cambiar de dirección, a ver qué me encuentro.
¿Por qué no?.
Puedo ser fácil de engañar; yo, que odio la mentira.
Incluso puedo dejarme engañar adrede por no discutir,
por cobarde.
Puedo joder, y si te jode jódete.
Y no, esta vez no pido perdón.
Puedo encantar, y si te encanto yo encantada.
Si te encanto, quizás tú seas el especial.
¡A Dios le encanto!
Puedo llamarte sin hablar, y puedo hablarte sin llamar
a solas, sin molestar.
Total, ya lo decía el Principito:
"Las palabras son fuente de malentendidos".
Puedo vencer, salir de ésta y subir otro escalón.
Puedo palmar, caer desplomada de puro agotamiento,
y que Dios juzgue mi rendición con justicia y misericordia.
Puedo saber que sin vosotros puede más,
puede que llegue a más, que yo sola me aclare más;
puede que sin tantas zancadillas corra más,
y puede que también la soledad me duela más...

Puede ser que mañana esconda mi voz,
por hacerlo a mi manera;
¡estoy tan cansada de dar explicaciones!
Soy rara, friki, fuerte y débil, lista y tonta,
río y lloro, canto y callo:
pero no es eso lo que me hace sentir diferente. Es que...
¡hay tanto idiota ahí fuera!.
Puede ser que haga de la rabia mi flor,
y con ella mi bandera.
¡Sálvese quien pueda!
Yo, desde luego, pienso intentarlo.

Puedo torcer, malinterpretar, equivocarme,
girar el volante en dirección contraria a la que quiero ir,
desenfocar el tiro, hamartía, pecar...
Puedo lanzar bien lejos de mí ese error,
con la invencible ballesta de la Cruz...
¡y a ver quién puede más!.
Puedo perderme en la obviedad que todos ven,
y creer que soy sólo eso:
un desastre físico, un desastre laboral, un desastre económico...
Puedo servir también, por encima de esas obviedades aparentes,
y resultar importante para el Plan de Alguien,
aunque ni yo misma imagine por dónde puede ir el asunto.
¿Por qué no?.
Puedo cansar con todo este rollo.
Lo siento si os aburro.
Me lo han mandado de penitencia,
así que aquí queda, y queda como queda.
Aunque aún os queda lo mejor:
¡escuchar la canción!.
Yo me apunto.
Grandes, enormes, el mejor directo de este país,
con todos ustedes: Vetusta Morla.
Le doy al play, agrando pantalla y...
¡sálvese quien pueda!.


Vetusta Morla, "Sálvese quien pueda".

martes, 6 de septiembre de 2016

Un poquito más todavía

Tened paciencia conmigo y dadme un poquito más de tiempo todavía para coger la marcha de nuevo aquí. Ya he firmado contrato con una editorial, y estoy dando el último repaso a mi libro "Un Dios que no duerme" para mandarlo a enmaquetar. Entre trabajo, médicos, casa y cosas tengo muy poco tiempo libre, y ahora mismo debo dedicárselo todo a este proyecto, a ver si puede estar en vuestras manos antes de Navidad. Mil gracias por vuestro apoyo y comprensión.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Sí, pero...

No paro de escuchar el mismo discurso. Que el síndrome post-vacacional no existe. Que se le debería caer la cara de vergüenza a los que, además de tener trabajo, han tenido vacaciones y encima se quejan. Que tal y como están las cosas para más de 4 millones de españoles, mejor callarse y dar gracias a Dios por lo que tenemos los que algo tenemos...

Sí, pero...

Es cierto que estar en el paro es una desgracia aplastante; yo lo sé bien, porque he sufrido esa situación. Es cierto que se debe dar gracias a Dios por poder tener un trabajo, ¡por supuesto!. Y protestar y ayudar todo lo que se pueda para que la gente que no tiene esa suerte salga del agujero cuanto antes, ¡faltaría más!.

Sí. Sin duda. De acuerdo al 100%.

Pero no. No me da la gana que los males que están pasando otros me presionen para callar y no denunciar los que estamos pasando nosotros. Y somos muchos más que los parados, con diferencia. Los que tenemos un trabajo basura, con un contrato basura, en unas condiciones laborales más que hostiles, sin ningún tipo de reconocimiento, con sueldos que no llegan por más que se haga por estirarlos. Los que vamos cada día al trabajo con el temor de que sea el último, que cualquier pequeño error suponga un despido sin finiquito; los que tenemos que justificar incluso que cada cierto tiempo tenemos que ir al cuarto de baño queramos o no. No. No me da la gana sentirme culpable por quejarme de mi trabajo. Me parecen lamentables mis jefes y su falta de humanidad. Me encantan las vacaciones porque suponen un tiempo breve en el que poder vivir sin una soga de ansiedad estrangulándote mañana y noche. Y el síndrome post-vacacional por desgracia -les guste o no a los parados- sí existe y es una mierda. Disculpadme el taco, pero no encuentro una palabra menos fuerte para expresar esta realidad. Y lo siento si a alguien le molesta que no me salga dar las gracias por algo que me hace desgraciada. Pero a mi edad ya no me da la gana andarme con remilgos.

Sí, siento mucho que haya gente que no tenga un trabajo al que volver en septiembre. Pero no, no voy a aguantar ningún sermoncito más moralizante por protestar por el mio. Avisados quedáis, porque al siguiente que me venga con la cantinela le pienso soltar lo que pienso sin medir ni un pelo la idoneidad de mis palabras. Mi crítica y mi queja también son justas. Y a quien no me crea, le presto mis zapatos...

viernes, 2 de septiembre de 2016

De 10

Los mios nunca me fallan. Su atención a mis necesidades me conmueve. La mayoría están ahí conscientemente; otros aparecen en el momento oportuno como por casualidad. Igualmente me siento agradecida...

Ayer, 1 de septiembre, empezó siendo un día duro de vuelta a un trabajo frustrante, precedido de una noche amarga. Y acabó lleno de buena música, de palabras precisas, de emociones profundas. Salió Enrique al escenario a ofrecerme "esa canción que repare tu corazón en el momento peor que hayas conocido". Y sí: fui y soy muy consciente de que tengo un montón de "suertecita"*. La magia que se vislumbra en la foto de anoche que os cuelgo a continuación, que no hace justicia ni de lejos a lo que estaba pasando en vivo y en directo, me la vino a regalar el maestro del rock en español justo ayer, 1 de septiembre. No, no creo en las coincidencias. Todo es bastante previsible, incluida yo. Y como soy profe, le pongo un 10.


* Enrique Bunbury, "Que tengas suertecita".

lunes, 29 de agosto de 2016

Un poco más

Aunque ya tengo varios libros a la venta, siento que el deseo de ser escritora que hay en mí desde que me recuerdo es un sueño todavía no cumplido que me resisto a abandonar.

Hace más de 5 años, cuando empecé a escribir "Un Dios que no duerme", me lo tomé como un mero pasatiempo, una recopilación de buenas entradas de este blog con algo más de forma literaria. No imaginé que me iría enamorando de sus páginas hasta poder afirmar -con cierto orgullo, lo confieso- que este libro es lo mejor que he hecho en mi vida hasta ahora.

En estos momentos en los que distintas empresas de autoedición andan haciendo presupuestos y planteándome sus ofertas, siento que lo imposible está mucho más cerca, casi casi a la vuelta de la esquina. Y tengo una emoción desbordante, como si estuviese a puntito de ofreceros lo mejor de mí, para Gloria de Dios; y como si eso diese sentido a muchas cosas que en su momento parecían no tenerlo.

Quizás este septiembre sea especial, y pueda poneros aquí el libro a la venta. O tal vez en octubre, ¿quién sabe?. Sólo sé que lo que parecía imposible sólo va a tardar un poco más. Y espero que el Señor mire mi trabajo, que es mucho más nuestro que mío sin duda, y sienta también cierto orgullo de esta niña tonta suya que anda buscando, en la noche y perdida entre palabras y borradores, a ese Dios que no duerme...

domingo, 28 de agosto de 2016

Ya está en el horno


A falta de editor con visión de futuro,
en plena crisis, y pase lo que pase,
está terminado y en el horno,
a puntito de salir.
Aquí mi joya.
Lo siguiente: plantar un pino.