Creo en la Iglesia que rige al Pueblo de Dios mirando por su bien. Creo en la jerarquía que no se siente jerarquía, sino siervos al servicio de los laicos. Creo en los Obispos que pisan las calles, hablan con las gentes, escuchan, rezan lo que han escuchado, y hacen de puente que une a Dios y los hombres. Creo que haberlos haylos, porque yo misma llevo el apellido de uno de ellos.
Creo que entre los laicos también es necesaria la conversión. Creo que igualmente nosotros tenemos una enorme responsabilidad en la mejora del rostro de Dios en la Tierra que es su Iglesia. Creo que buenos y malos, en bandos absolutos, sólo existen en las películas.
Aún así, creo que la Iglesia de Valencia precisa un serio replanteamiento jerárquico. Que el escándalo que las comunidades parroquiales estamos sintiendo en nuestra carne y nuestras almas pide a gritos a algunos de sus representantes menos despacho y más oración. Creo que hay muchas lágrimas y mucho dolor innecesario entre muchos fieles y sacerdotes. Creo que nuestro Arzobispo y sus Vicarios necesitan juntarse seriamente y replantearse su labor. Creo que el traslado más conveniente de todos es el que no se está produciendo, y está entre ellos. Y creo y espero que Dios escuche nuestras oraciones y vuelva su rostro a la Iglesia de Valencia, y le devuelva la paz.
martes, 22 de septiembre de 2015
domingo, 20 de septiembre de 2015
No creo en la Iglesia...
...que no está con la gente. La Iglesia de arriba, que manda y ordena a los de abajo sin conocerlos. La Iglesia aburrida, que hace y deshace para pasar el tiempo. La Iglesia que se rige más por gestiones administrativas incompetentes que por el Espíritu Santo.
No creo en la jerarquía que hace daño gratuito al pueblo de Dios. No creo que su voluntad sea una voluntad divina. No creo ni acepto obediencia a quien no muestra ni siquiera humanidad. A quienes no saben dialogar. A quienes, desde sus despachos lujosos y con aire acondicionado, dan órdenes sin sentido.
Creo en el sensus fidei. Creo en la fe de las abuelitas de mi parroquia. Creo en la oración de los niños y de los enfermos. Creo en mi propia conciencia por encima de Órdenes Mayores.
Creo en Dios, por encima de la Iglesia. Creo en su bondad, por encima de la corrupción y la falta de caridad de sus representantes. Creo que al final el Señor de los Ejércitos ganará la guerra, aunque hoy perdamos una batalla. Creo que la fuerza de su Pueblo remediará la incompetencia de sus Pastores. Creo, porque si no creo me muero...
PD: Ángel, te queremos, y siempre vamos a estar contigo, come what may...
No creo en la jerarquía que hace daño gratuito al pueblo de Dios. No creo que su voluntad sea una voluntad divina. No creo ni acepto obediencia a quien no muestra ni siquiera humanidad. A quienes no saben dialogar. A quienes, desde sus despachos lujosos y con aire acondicionado, dan órdenes sin sentido.
Creo en el sensus fidei. Creo en la fe de las abuelitas de mi parroquia. Creo en la oración de los niños y de los enfermos. Creo en mi propia conciencia por encima de Órdenes Mayores.
Creo en Dios, por encima de la Iglesia. Creo en su bondad, por encima de la corrupción y la falta de caridad de sus representantes. Creo que al final el Señor de los Ejércitos ganará la guerra, aunque hoy perdamos una batalla. Creo que la fuerza de su Pueblo remediará la incompetencia de sus Pastores. Creo, porque si no creo me muero...
PD: Ángel, te queremos, y siempre vamos a estar contigo, come what may...
lunes, 22 de septiembre de 2014
Punto positivo
Hoy me pongo uno.
Me lo ha dicho Raquel. Que me lo merezco porque he hecho todos los deberes.
Y tiene razón. Así que, como soy profe, me lo pongo.
Y pido al Buen Dios que me ayude a acabar la semana con unos cuantos más.
¡Feliz lunes a todos!
domingo, 21 de septiembre de 2014
Cambio de look
Aunque vamos hacia el otoño, he decidido hacerle un lavadito de imagen al blog con un toque primaveral. Porque estamos comenzando una etapa nueva, y este año toca ver flores y frutos en todo lo sembrado tiempo atrás.
Hadasita, Tesa y yo esperamos que os guste. ¡A nosotras nos encanta!
Hadasita, Tesa y yo esperamos que os guste. ¡A nosotras nos encanta!
lunes, 31 de marzo de 2014
La iglesia de los peros
Vivo en España.
Un país con una iglesia vieja,
llena de cristianos de nombre, sin ilusión, ni fuerzas, ni ganas.
Ni sienten ni padecen, y tampoco les importa.
Su pose son los brazos cruzados.
Sus pecados, los de omisión.
Las palabras bonitas, de tan vacías de obras se les hielan en los labios.
Una iglesia de peros, de excusas.
Una iglesia cobarde, que no se moja, que es infiel.
En mi iglesia los cristianos no oran.
Los agobios de la vida no les dejan tiempo para vivir.
Lo importante es desatendido en nombre de lo urgente.
El Evangelio coge polvo en las estanterías.
La misión le preocupa a cuatro gatos.
El derecho a la vida a cuatro gatos.
Las almas que mueren sin la gracia a tres.
En mi iglesia los criatianos no confiesan sus pecados.
Ni cielo ni infierno mueven a nada.
Y la caridad se reduce a ONGs.
En mi iglesia los cristianos encuentran tiempo para ver la tele,
para leer, para ir al gimnasio o salir a correr por la calle,
para defender los derechos de los animales,
para ir de compras, para quejarse
y para hablar, para hablar mucho de todo y de nada.
Pero no encuentran tiempo para adorar a Dios,
ni para llorar sus pecados, ni para denunciar la muerte del no nacido,
no encuentran tiempo para dejarse ver, para ser testimonio visible de su fe.
Es la iglesia de los peros.
La que los que no están donde deben pero son buena gente.
La de los que callan la Palabra pero ni roban ni matan.
La de los que temen la crítica y la burla pero tienen sus valores.
La de los que se justifican con todas las cien mil excusas posibles.
Una iglesia que me causa pena, vergüenza, dolor.
Una iglesia que, en su silencio,
se hace cómplice de esta sociedad injusta en que vivimos.
La iglesia de la mayoría, hecha vida por una minoría.
Una iglesia que siente a Dios lejos, porque está lejos de Dios.
Una iglesia tan vacía que tiene las iglesias cada vez más vacías.
Una iglesia que, de hecho, se ha rendido.
Una iglesia que no vive la comunión, que es mera agrupación eventual de soledades.
Una iglesia que, por no servir, no sirve para nada.
Una iglesia que no merece la mayúscula de la Iglesia de Cristo.
Una iglesia en la que yo cada día me siento más extraña.
Una iglesia que hoy quiero poner ante Dios, rogándole misericordia.
Un país con una iglesia vieja,
llena de cristianos de nombre, sin ilusión, ni fuerzas, ni ganas.
Ni sienten ni padecen, y tampoco les importa.
Su pose son los brazos cruzados.
Sus pecados, los de omisión.
Las palabras bonitas, de tan vacías de obras se les hielan en los labios.
Una iglesia de peros, de excusas.
Una iglesia cobarde, que no se moja, que es infiel.
En mi iglesia los cristianos no oran.
Los agobios de la vida no les dejan tiempo para vivir.
Lo importante es desatendido en nombre de lo urgente.
El Evangelio coge polvo en las estanterías.
La misión le preocupa a cuatro gatos.
El derecho a la vida a cuatro gatos.
Las almas que mueren sin la gracia a tres.
En mi iglesia los criatianos no confiesan sus pecados.
Ni cielo ni infierno mueven a nada.
Y la caridad se reduce a ONGs.
En mi iglesia los cristianos encuentran tiempo para ver la tele,
para leer, para ir al gimnasio o salir a correr por la calle,
para defender los derechos de los animales,
para ir de compras, para quejarse
y para hablar, para hablar mucho de todo y de nada.
Pero no encuentran tiempo para adorar a Dios,
ni para llorar sus pecados, ni para denunciar la muerte del no nacido,
no encuentran tiempo para dejarse ver, para ser testimonio visible de su fe.
Es la iglesia de los peros.
La que los que no están donde deben pero son buena gente.
La de los que callan la Palabra pero ni roban ni matan.
La de los que temen la crítica y la burla pero tienen sus valores.
La de los que se justifican con todas las cien mil excusas posibles.
Una iglesia que me causa pena, vergüenza, dolor.
Una iglesia que, en su silencio,
se hace cómplice de esta sociedad injusta en que vivimos.
La iglesia de la mayoría, hecha vida por una minoría.
Una iglesia que siente a Dios lejos, porque está lejos de Dios.
Una iglesia tan vacía que tiene las iglesias cada vez más vacías.
Una iglesia que, de hecho, se ha rendido.
Una iglesia que no vive la comunión, que es mera agrupación eventual de soledades.
Una iglesia que, por no servir, no sirve para nada.
Una iglesia que no merece la mayúscula de la Iglesia de Cristo.
Una iglesia en la que yo cada día me siento más extraña.
Una iglesia que hoy quiero poner ante Dios, rogándole misericordia.
lunes, 24 de marzo de 2014
Oscar Romero
En el 23 aniversario del martirio de monseñor Oscar Romero,
en memoria suya,
en agradecimiento por su ejemplo de vida cristiana,
por su valentía, por su anuncio del Evangelio y denuncia de la injusticia,
os cuelgo este vídeo.
Y doy gracias a Dios por sus santos;
y porque hombres como Romero, dispuestos a dar la vida,
comprometidos hasta los tuétanos,
son la semilla de esperanza de la Iglesia de nuestro tiempo.
Todavía hay Iglesia viva en ellos.
en memoria suya,
en agradecimiento por su ejemplo de vida cristiana,
por su valentía, por su anuncio del Evangelio y denuncia de la injusticia,
os cuelgo este vídeo.
Y doy gracias a Dios por sus santos;
y porque hombres como Romero, dispuestos a dar la vida,
comprometidos hasta los tuétanos,
son la semilla de esperanza de la Iglesia de nuestro tiempo.
Todavía hay Iglesia viva en ellos.
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Denuncia social,
Evangelio,
Santos,
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miércoles, 19 de marzo de 2014
SAN JOSÉ
San José no puede ser el patrono de los falleros. Por pura coherencia.
San José es el humilde, que sirve a todos en el silencio, buscando pasar desapercibido.
Los falleros son orgullosos, y molestan a todo el mundo con el mayor ruido posible.
San José es el orante, el que guardaba todas las cosas en su interior.
Los falleros son los que nos parten por la mitad la cuaresma, invadiendo nuestro silencio orante
con sus discotecas, petardos y orquestas a todas horas.
San José era el justo.
Los falleros son esa minoría que impone injustamente su dictadura a los demás, queramos o no.
San José era el hombre de los sueños.
Los falleros no duermen -ni dejan dormir- aunque tengan que meterse de todo para aguantar tantos días.
San José es el hombre que cuida de Dios, ante todo y sobre todo.
Los falleros son los que sólo pisan la Iglesia de año en año,
y se atreven encima a comulgar, cometiendo sacrilegio con lo más sagrado.
No, de ninguna manera San José puede serl el patrono de los falleros. Por pura coherencia.
Los cristianos reclamamos a San José para nosotros. Es nuestro. ¡Devolvédnoslo, falleros!
No queremos que se tome más el nombre de San José en vano.
No queremos que se blasfeme más tomando a San José por bandera.
No queremos que se trate a San José como algo decorativo, folclórico,
como si fuese de cartón piedra como una falla más a la que al final se acaba quemando.
Nosotros, los hijos de San José, los hermanos de Jesús,
amamos y honramos a San José, y lo tenemos como modelo al que imitar de verdad.
¡Eso es un patrón!.
San José es el humilde, que sirve a todos en el silencio, buscando pasar desapercibido.
Los falleros son orgullosos, y molestan a todo el mundo con el mayor ruido posible.
San José es el orante, el que guardaba todas las cosas en su interior.
Los falleros son los que nos parten por la mitad la cuaresma, invadiendo nuestro silencio orante
con sus discotecas, petardos y orquestas a todas horas.
San José era el justo.
Los falleros son esa minoría que impone injustamente su dictadura a los demás, queramos o no.
San José era el hombre de los sueños.
Los falleros no duermen -ni dejan dormir- aunque tengan que meterse de todo para aguantar tantos días.
San José es el hombre que cuida de Dios, ante todo y sobre todo.
Los falleros son los que sólo pisan la Iglesia de año en año,
y se atreven encima a comulgar, cometiendo sacrilegio con lo más sagrado.
No, de ninguna manera San José puede serl el patrono de los falleros. Por pura coherencia.
Los cristianos reclamamos a San José para nosotros. Es nuestro. ¡Devolvédnoslo, falleros!
No queremos que se tome más el nombre de San José en vano.
No queremos que se blasfeme más tomando a San José por bandera.
No queremos que se trate a San José como algo decorativo, folclórico,
como si fuese de cartón piedra como una falla más a la que al final se acaba quemando.
Nosotros, los hijos de San José, los hermanos de Jesús,
amamos y honramos a San José, y lo tenemos como modelo al que imitar de verdad.
¡Eso es un patrón!.
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