Puede que lo más importante, junto con la intención.
La intención marca por qué hacemos las cosas.
La actitud el cómo.
El resultado ya no depende tanto de mí,
como de lo que Dios considere conveniente para mí.
Pero si la intención es hacer las cosas de la mejor manera posible
por Él, por amor a Él, ofreciéndolas además por quienes más lo necesitan,
la actitud no puede ser otra que la de superheroína.
Da igual la monotonía, el aburrimiento, el cansancio.
Y los madrugones, y el desánimo, y la incertidumbre, y el miedo.
Hay que darlo todo. Siempre.
Sin rendición. Las superheroínas nunca se rinden.
Esa constancia, ese esfuerzo, ese cariño con el que hacemos las cosas,
sin duda son virtudes heróicas.
Se puede estar asustada, se puede no tener ganas,
se puede incluso llorar muchas veces.
Pero enseguida hay que ponerse en pie,
recta, puños en las caderas, cabeza alta.
Respirar hondo, recordar la intención, orar y a trabajar.
Día tras día. Adviento tras Adviento.
Ésa es la actitud.
(Anatomía de Grey, temporada 11, capítulo 14)
















