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miércoles, 18 de diciembre de 2019

Valiente 2.0

Cantan mis chicos de Vetusta Morla que
"ser valiente no el sólo cuestión de suerte".
¡Y tanto que no!
¿Qué tendrán que ver los churros con las merinas?.
Ser valiente tiene que ver más con otras cosas:
Con una apuesta seria a favor de uno mismo o de otro.
Con superar los propios límites.
Con estar dispuesto a hacerse algún daño en el camino.
Con ir de frente hacia la dificultad para superarla. Con no huir.
Con el esfuerzo, una y otra vez, hasta lograrlo.

Me da igual si hablamos de la valentía necesaria para subir a un caballo, lanzarse en ala delta, declarar tu amor a una persona, aprender a conducir a los 40, intentar arreglar un conflicto familiar, confesar la propia fe, volar en avión o correr un maratón.
Pon aquí lo que quieras, que para todo sirve.
Por ejemplo, para aprobar una oposición.

Yo ayer me enteré que no había pasado el corte del primer examen.
Por 0,33 décimas. ¡Sólo por 0,33 décimas!
Exactamente por lo que me restó haber contestado UNA pregunta mal.
Después de un año entero de machacarme
preparando ese examen como una auténtica bestia.

No os diré que no me da rabia, o que no he llorado, porque mentiría.
Aquí una tiene su corazoncito.
¡Pero es que me he convertido en una tía muy valiente!
Porque hay que ser muy valiente para recomenzar,
para agarrar la agenda y volver a programar: tema 1...
Para no tirar la toalla y meterse de nuevo a fondo,
convencida de que la próxima sí que sí.
Porque estoy segura.
Porque las cosas que me pasan no son fruto de la suerte.
Porque a mí me cuida un Padre Bueno,
que me tiene preparado lo mejor en el 2020.
¡No lo dudo!.
No es un salto al vacío. Yo al otro lado tengo Quien me agarre.
Porque sí: ser valiente es cuestión de confianza.

Os dejo la descripción gráfica, para que lo veáis más claro,
deseándoos a todos mucho ánimo con vuestros retos,
y que seáis muy muy valientes.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Plot Twist

A los amantes del cine nos encantan.
Creo que muchas de las películas que han pasado a la historia
lo han hecho por contener un brillante plot twist.
En castellano, vuelta de tuerca o giro inesperado de los acontecimientos.
Veamos algunos ejemplos muy conocidos. Atención, spoiler.

Amenabar utilizó bastante el plot twist en sus primeras películas. En "Abre los ojos" se produce en el momento en el que el protagonista se da cuenta de que todo lo que le rodea es realidad virtual; en "Los Otros", cuando los vivos pasan a ser los muertos y viceversa (¡brillante!). Algo muy parecido ocurre en "El sexto sentido" de M. Night Shyamalan. Si nos vamos a los clásicos, Hitchcock nos dejó a todos helados en "Psicosis", revelándonos que la madre no era la madre sino el hijo. No sé a vosotros, pero a mí me pasa que, cuando el giro es muy bestial, en cuanto acaba la película siento la necesidad de volver a verla desde la nueva perspectiva, para darme cuenta de los pequeños avisos camuflados con los que el director ya venía anunciando que llegaba un


Es un clásico en el género de suspense, sin duda.
Si no, repasad cualquier novela de Agatha Christie, Arthur Conan Doyle o Stephen King.
Aunque, como dice el Eclesiastés, "nada hay nuevo bajo el sol" (Ecl 1, 9).
Todos los argumentos de todas las obras de todos los autores se basan en la vida.
Y de la vida, el gran autor por excelencia es Dios.
¡Que sí, que sí, que Dios inventó el plot twist!.

Primera parte:
Érase una vez el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, a quien se le cruza el cable y empieza a hacer tonterías: se planta contra su Creador (y Adán come del árbol), se planta contra su hermano (y Caín mata a Abel), se planta contra todo el mundo (y viene el diluvio universal). Y así sin parar. Años y años de vueltas, exilios, tropiezos, desiertos, pecados, infidelidades, guerras...
Y de repente Dios se marca un plot twist, y decide nacer Niño en un establo en Belén de Judá. Y todo cambia. La historia, que parecía una historia de perdición, era en realidad historia de salvación. Y nos quedamos tan en shock que tenemos que releerla para darnos cuenta de cómo Dios había ido preparándose un pueblo que vivía anhelando su venida. Y llegó. Llegó Aquél a quien esperaban, pero no como lo esperaban...

Segunda parte:
Érase una vez el hombre (y no cualquier hombre: el hombre israelita, judío religioso del siglo I, que rezaba pidiendo un Mesías), perdido en una trama brillante. El hombre que creía que el argumento exigía un libertador por todo lo alto, un rey poderoso que encabezara un ejército que consiguiera, para su pueblo, la libertad. Y Dios dio otra vuelta de tuerca. Nació pobre, vivió humilde, se relacionó con pecadores, se enterneció con los niños, habló del amor, del perdón, de ser hermanos, de la Voluntad del Padre, de las flores, los rebaños, los árboles y los pájaros, del Reino y de la Iglesia... Algo tan escandalosamente inaceptable que le llevó a la Cruz. Y va Dios y ¡plot twist!, Resurrección. Y lo que parecía que había sido un enorme fracaso se convierte en el acontecimiento más luminoso de la historia de la humanidad.

Llegados a este punto, toca hacerse la gran pregunta: ¿y qué pasa conmigo?.
No, no estoy preguntando de qué va el argumento de mi vida, con todas las tortas que me he pegado ya y las que vendrán. No hablo de las oscuridades, de las traiciones, de las injusticias, de los desprecios, de mis pecados, de las crisis, de las soledades, de los problemas. No, no cuestiono por qué parece que todos mis esfuerzos no dan ningún fruto. Porque ya he dicho que sé que las apariencias engañan, y que las cosas se entienden al final, repasando la peli.

La gran pregunta es: ¿de verdad creo? ¿Creo que Dios, mi Dios, el mismo de la primera y la segunda parte que he narrado antes, está preparando un pedazo de plot twist para la trama de mi vida? ¿Creo que estoy en sus manos, que es mi Padre, y que soy objeto de su amor misericordioso; que está conmigo cada día, que no depende todo sólo de lo que me hagan los demás o de mis propias fuerzas, y que no me va a dejar hasta me quede boquiabierta con la maravilla que ha soñado para mí?

Pues eso.
Adviento.
¡Ven, Señor, no tardes! ¡Lúcete!
Que te vea,
y que lo disfrute,
y que te aplauda por toda la eternidad.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Achicar distancias

No sé si a vosotros os pasa. Yo, últimamente, miro las noticias con muchísima preocupación. Más que nunca. Y pienso que no se puede hablar de coincidencia.

No es una coincidencia lo que está pasando, no. La gente se está enfrentando a la gente en la calle. Y no ocurre sólo en Barcelona. Está pasando en Bolivia, en Chile, en Venezuela, en Nicaragua, en Francia, en Hong Kong, en Irak, en Siria, en Yemen, en Nigeria...

Tanto conflicto a la vez no es casualidad. Y oigo a los expertos tratar de dar explicaciones políticas a algo que, para mí, tiene una única raíz, y es espiritual. ¡Lo veo tan claro!.

Mi generación ha crecido siendo testigo de una campaña mundial bestial contra Dios y todo lo que tiene relación con él, en especial contra la Iglesia católica. Eso es incuestionable. No hay nada a los ojos de la sociedad que me rodea, que esté peor visto que ser católico. Y claro, los valores cristianos ya ni se conocen: amar al prójimo, ser uno, perdonar al que nos ofende, orar por el enemigo... No, lo que vemos es justo lo contrario: una exaltación del egoísmo, de la individualidad y la división, una agresión  continua al que me molesta, gritos buscando la razón, rechazo a la opinión diferente, desprecio por los tribunales de justicia y sus sentencias, burla y mentira en los gobernantes, corrupción, crisis... Una bomba.

Y en medio de todo este desastre, empieza el Adviento. Una pequeña resistencia se empeña en parar, hacer silencio, y preparar una Navidad lejos del consumismo y los convencionalismos; y en volver la mirada a la gruta de Belén. Y Dios, cuya fe en el hombre es inquebrantable, sigue empeñado en achicar distancias con nosotros. ¿Quién puede temer la cercanía de un bebé recién nacido?


Buscamos en encuentro con el mismo Dios del pesebre hoy en nuestra vida: su calor, su ternura, su amor (¿hay algo más revolucionario que hablar de amor en pleno 2019?). Y se enciende una pequeña luz en la noche de nuestro tiempo. Y rogamos al Cielo:

Ven, Señor, necesitamos que vuelvas, queremos hacerte un hueco en este mundo de locos, anhelamos la paz que sólo Tú puedes darnos. Te pedimos, te suplicamos, en nombre de nuestros hermanos que tanto se empeñan en negarte, que no te canses nunca de achicar distancias, de ofrecer oportunidades, de iluminar oscuridades, de buscar encuentros. Por el amor que te llevó a hacerte Niño en Belén, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén.

domingo, 2 de abril de 2017

Cuaresma

Esta cuaresma está siendo buena. Se van abriendo puertas nuevas. La bondad de Dios se impone, incluso sin esperarla. Y la confianza se renueva. Y el corazón se prepara para una Pascua personal, autėntica.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Adviento

En casa ya se han encendido las 4 velas. Los restos del naufragio van encontrando su sitio, y el orden empieza a rodearnos. Fuera llueve. Dentro, Tesa sigue malita. Todavía más adentro, el pábilo vacilante no se ha apagado (Dios cumple sus promesas, siempre). El cansancio físico ya es menor. La música ha vuelto a sonar a ratos. Al final todo llega... también la cuarta semana de un Adviento que pensé que este año no encontraría su hueco entre tanta caja...

lunes, 29 de agosto de 2016

Un poco más

Aunque ya tengo varios libros a la venta, siento que el deseo de ser escritora que hay en mí desde que me recuerdo es un sueño todavía no cumplido que me resisto a abandonar.

Hace más de 5 años, cuando empecé a escribir "Un Dios que no duerme", me lo tomé como un mero pasatiempo, una recopilación de buenas entradas de este blog con algo más de forma literaria. No imaginé que me iría enamorando de sus páginas hasta poder afirmar -con cierto orgullo, lo confieso- que este libro es lo mejor que he hecho en mi vida hasta ahora.

En estos momentos en los que distintas empresas de autoedición andan haciendo presupuestos y planteándome sus ofertas, siento que lo imposible está mucho más cerca, casi casi a la vuelta de la esquina. Y tengo una emoción desbordante, como si estuviese a puntito de ofreceros lo mejor de mí, para Gloria de Dios; y como si eso diese sentido a muchas cosas que en su momento parecían no tenerlo.

Quizás este septiembre sea especial, y pueda poneros aquí el libro a la venta. O tal vez en octubre, ¿quién sabe?. Sólo sé que lo que parecía imposible sólo va a tardar un poco más. Y espero que el Señor mire mi trabajo, que es mucho más nuestro que mío sin duda, y sienta también cierto orgullo de esta niña tonta suya que anda buscando, en la noche y perdida entre palabras y borradores, a ese Dios que no duerme...

lunes, 22 de agosto de 2016

De vuelta

Voy a intentar superar la pereza que me da escribir últimamente (aunque no he parado con la corrección de mi libro, que espero terminar en breve). También trataré de buscar qué decir, aunque de entrada me dé la sensación que no tengo nada que contar. Voy a ponerme y retomar esta página, porque me hace bien y punto; aunque me cueste, aunque no tenga más motivación que ejercitarme en buenos hábitos.


Puedo decir que este verano ha sido largo y corto, aburrido e interesante, duro y motivador. Por un lado, me alegro que acabe; por otro, necesito quizás otras vacaciones para descansar de verdad, incluso de éstas que finalizan. De fuerzas voy regular, de ánimo progreso adecuadamente. Me he movido bastante poco físicamente, pero un montón espiritualmente. Ha habido tanto lágrimas de ahogo como de consuelo, y momentos de Gracia muy evidentes. Y todavía me queda algo más de una semanita para cargar batería. Así que lo dicho en la imagen: a respirar hondo y seguir. Besitos a todos y feliz lunes.

lunes, 1 de agosto de 2016

Derivas

En estos días "raros" en los que las palabras, entre otras cosas, no me salen, entre escribir y no escribir he optado por la música. Porque...


Y haciendo memoria de lo que pasó hace menos de un mes en Barcelona, he echado un vistazo a lo que se ha subido a la red sobre el concierto de Vetusta Morla. Y me quedo perpleja viendo cómo Pucho, pese a los evidentes problemas de sonido (no se oía él mismo, se escuchaba más al público que su voz, tuvieron que cambiarle 3 veces de micrófono, no le iba la petaca, en algunas canciones no se le escuchaba absolutamente nada de nada...) decidió seguir dándolo todo, cantando, bailando, metiendo pasión que es lo que le sobra. Su enfado era más que palpable, pero no nos dejó tirados ni un momento... y por supuesto nosotros a él tampoco. Donde no llegaba su voz gritaba la nuestra.

Deriva... La RAE la define como "Abatimiento o desvío de la nave respecto del rumbo establecido, por efecto del viento, del mar o de la corriente". Y ellos le ponen letra y música y cantan "Habrá que inventarse una salida. Que el destino no nos tome las medidas. Hay esperanza en la deriva". Y como ejemplo, el vídeo que os pongo de aquella noche. Y al Buen Dios le pido que me enseñe a mi también, en mis derivas, a seguir en pié, cantando, bailando y ofreciendo al mundo lo mejor que Él ha puesto en mí. 

lunes, 18 de julio de 2016

La paz

Ese bien que tanto anhelamos. "Busca la paz y corre tras ella" (Sal 34,15).

He estado dando vueltas a cosas que pensaba que me producían paz: como acariciar a mi Tesa, escuchar buena música, poder dormir 7 horas seguidas... Pero en realidad no es paz lo que consigo con esto, sino tranquilidad. Y la tranquilidad es muchísimo más efímera que la paz. Así que he seguido investigando el tema, y me ha saltado en la oración la Palabra con este versículo de Isaías: "Señor, Tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas Tú" (Is 26,12). Y ahí sí, ahí creo haber encontrado la clave...

Pase lo que pase, ocurra lo que ocurra, más allá de nuestros proyectos personales y nuestras expectativas sobre ellos, al final -por caminos más rectos o más torcidos- la Providencia hace de las suyas, y nos ayuda a sacar adelante aquello que más nos conviene. Si creemos de verdad que solos no podemos nada, que toda nuestra fortaleza es prestada, que Dios es especialista en sacar de los males bienes, y que nuestras empresas están en manos de su Santísima Voluntad, ¿no acaba ahí la búsqueda de la paz? ¿no es eso todo lo que necesito saber para estar segura de que todo va bien?. 

Por encima de mis buenas intenciones, más o menos acertadas; más allá de los movimientos en el tablero de mi vida de quienes sé que no están interesados en mi bien personal; si sé que la norma de lo que va siendo no es una norma fija, puesto que no hay leyes ni pasados ni experiencias que Dios no pueda cambiar a su antojo como le dé la realísima gana y en cualquier momento... ¿de qué temeré? ¿por qué me impaciento? ¿qué puede quitarme el sueño? ¿qué puede darme más paz?. 

Hace dos días agarré la tijera y me hice un desastre en el pelo, motivada por el exceso de calor, de esos que hacen historia. Me miro al espejo y me muero de risa (hace pocos años me habría puesto a llorar, y habría salido corriendo a comprarme un sombrero que cubriera el destrozo catastrófico que me he hecho yo solita, jajaja). Y hoy pienso: quiera yo o no, no hay nada que pueda hacer para evitar que mi pelo vuelva a crecer, incluso mientras duermo, sin prisas pero sin pausa. Dios me va a arreglar los trasquilones en cuestión de días. Y si algo tan intrascendente como unos pelos cuenta con Él detrás, ¿quién (aquí va un taco) va a poder convencerme de que las cosas realmente importantes de la vida no tienen al Señor de su parte para salir adelante?. 

Tú nos darás la paz, sí, porque todas nuestras empresas nos las realizas Tú; las que no salen, o no merecían tanto la pena o no eran para bien; las que tienen que salir, lo hacen aunque Tú tengas que meter mano y enderezar lo que nosotros andamos torciendo con nuestra torpeza pese a las buenas intenciones; y lo que ni imaginamos, que es lo mejor de todo por ser Plan Tuyo sin más, no sólo nos dará la paz, sino una alegría que nada podrá superar. Así que amén, amén y amén. Y en paz.

miércoles, 6 de julio de 2016

¿Zona de confort?

Yo debo ser cortita o algo. Porque no tengo ni idea de qué es en realidad una zona de confort. Sí sé que es una expresión que debe estar de moda, porque la escucho en todas partes. Es una continua llamada a salir de esa zona para ponerse como a tiro para que te ocurran otras cosas diferentes, nuevas. Imagino entonces que hace referencia a un lugar o estado donde la persona se siente segura. Si se trata de eso, mi pregunta es: ¿existe realmente la zona de confort?; porque yo desde luego no la tengo. En cualquier momento, sin saber de dónde, me puede venir un hachazo. Hasta sentadita en el sofá de mi casa tranquilamente, en cuestión de minutos puedo llenarme de urticaria entera. La gente entra y sale de mi vida sin importarle un pimiento el destrozo que su presencia o su ausencia me pueda ocasionar. A nivel laboral, la incertidumbre y la inestabilidad es el pan nuestro de cada día. Dios hoy habla y mañana calla, y no sabes nunca por qué hace ninguna de las dos cosas. Planifico el mes en una pizarra para poder ir borrando y cambiando todo de forma continua, a veces de hoy para hoy mismo. Me da miedo ilusionarme con algo, porque es todo tan probable como improbable.  En fin: si es cierto que


mi vida es magia pura. Y me temo que así va a seguir siendo, hasta llegar a la única Zona de Confort que creo que existe realmente, y que desde luego no está en esta vida. Y aun así, dando por supuesto que sólo los brazos del Buen Dios son una auténtica zona de confort, allí la magia tampoco dejará de suceder. Quizás esta vida incierta sea eso: un entrenamiento para la sorpresa, para el regalo, para la gran aventura de la gratuidad inesperada e inmerecida del Amor. Visto así, voy a cerrar el ordenador; igual resulta que funciona el ascensor y llega puntual el autobús, y a ver qué como hoy: nunca se sabe, así que ¿por qué no divertirme descubriéndolo?

sábado, 2 de julio de 2016

"Un año más...

o un año menos que dolerse
de esta herida y de esta luz",
que dicen mis amigos de Vetusta Morla.
Me he despertado llorando;
no sé si por el horror de año que dejo atrás
o por el miedo a que el que empieza 
tampoco esta vez sea mejor.
Ya no me atrevo a soplar las velas y pedir deseos:
nunca se cumplen. La experiencia se impone.
Aun así, al levantarme de mi cama
lo primero que he visto entre mis lágrimas
ha sido esto:


Y al final no he podido evitar sonreír.
¡Mil gracias, Tesita!
Sé que este año también ha sido especialmente duro para ti,
porque tu vida está inseparablemente unida a la mía.
Pero mira, ¿sabes?, todavía seguimos en pie.
Y aunque no vayamos a tener fiesta,
ni tarta, ni abrazos, ni regalos, ni nada de lo convencional
(nosotras nunca hemos sido convencionales, pequeñaja)
acabo de decidir una cosa:


¿Te parece buen plan?
Visto lo vivido hasta ahora, no puede ser demasiado difícil...

viernes, 1 de julio de 2016

En proceso

Que no esté publicando no significa que no esté escribiendo. A mi libro le han crecido casi 90 páginas... Roza ya las 300. Que salga es uno de mis grandes sueños, y me estoy tomando bastante en serio hacer lo que esté en mis manos para que se cumpla.

Cuando corriges cosas que escribiste hace unos 5 años y añades otras que salieron de ti en los últimos meses, darse cuenta de que ya no estás donde estabas es relativamente sencillo. Es cierto que haber vivido lo que he vivido (escribir es también vivir) me ha enseñado cosas gracias a las cuales ahora estoy en situación de escribir lo que escribo. La evolución es un proceso. Yo, hoy...

lunes, 27 de junio de 2016

Empezar de nuevo


Así que, después de la resaca de las elecciones de ayer
y de la incertidumbre sobre a dónde nos llevarán;
mirando el plan de trabajo para esta semana
que es un batiburrillo de acciones que no me competen;
con mi cuerpo haciendo de las suyas,
que a estas alturas ya parece haber perdido toda lógica
y merecer ser un capítulo nuevo de House;
a menos de una semana de mi cumple,
y sin querer todavía hacer balance de los daños
que ha ocasionado mi último año de vida;
con una perspectiva de vacaciones reales de unas 16 horas,
y sin tener ni idea de qué hacer con el resto del tiempo;
estando en éstas, va y de golpe me cae un lunes.
Pero mira: resulta que me importa todo un pimiento.
Sorpresa, para mí la primera.
Después del rojo el semáforo pasa a verde;
y quizás me pierda, porque no sé muy bien adónde voy.
Pero meto primera y suelto el embrague,
y el coche vuelve a rodar, en principio adelante.
Empiezo de nuevo a circular
con la única certeza de que, si lo hago,
es porque Dios es gasolina. O diésel, depende.
Y me voy a la ducha sonriendo,
pensando que tal vez le haga gracia
que una licenciada en Teología lo defina así.
¡Hala, a ver si hay suerte y esta vez
no empezamos en Malilla y acabamos en Pinedo!
Y si al final parece no haber salido bien,
todavía mañana podremos empezar de nuevo.

jueves, 23 de junio de 2016

Azul

Pase lo que pase,
sienta lo que sienta,
piense lo que piense,
ocurra lo que ocurra,
al final, arriba
el cielo sigue siendo azul.

miércoles, 15 de junio de 2016

Escribiendo

Aquí estoy yo, dando una tercera o cuarta vuelta a mi libro... A mi libro por excelencia, a mi pequeña obra maestra, a "Un Dios que no duerme". Es uno de los tres que esperan editor valiente que quiera sacarlos a la luz. Los otros dos son un pequeño librito explicando la Navidad a los niños, y un Viacrucis según Santa Teresa. Pero éste es mi joyita. Cada capítulo es, por una parte, un cacho de mi vida que ni debo ni quiero olvidar; y por otro, un mensaje que Dios quiso mandarme a través de las teclas de mi ordenador, que ni debo ni puedo guardar sin más en un archivo. Lo repaso, lo corrijo, lo matizo, lo vuelvo a rezar, a veces lloro de nuevo porque me toca el alma... Pasa el tiempo y lo amplío, y lo vuelvo a actualizar, y lo mimo como lo que creo que es: lo mejor que he hecho en toda mi vida. Este libro que algunos ya han leído en un boceto que va quedando en mero esquema conforme pasan los meses y yo sigo escribiendo. Parece que, mientras espera salida, sigue vivo: cambiando, creciendo, como yo. Añado capítulos, imagino nuevas ilustraciones, sueño con que algún día alguien leyendo algún fragmento se encuentre con el Dios que late dentro...

Y mientras trabajo y disfruto y aprendo con esta nueva revisión, imagino a otro Escritor dando una vuelta más a otra historia: la mía. Y me da como una especie de entusiasmo que no sé explicar imaginarnos a los dos en la misma tarea, jugando con palabras, con historias, con Evangelio hecho presente, con sinónimos y antónimos, con forma y fondo, con un estilo propio y característico... Yo creo en "Un Dios que no duerme", que sigue trabajando, creando, hablando, llegando, saliendo al encuentro de cada uno de la manera más adecuada y personal posible. Y ¿quién sabe?: tal vez este nuevo capítulo que está escribiendo en mi vida últimamente se traduzca pronto también de un nuevo capítulo de mi libro... de NUESTRO libro...

martes, 14 de junio de 2016

La hora del corazón

Llego a la oración de la mañana tan cansada como si no hubiese dormido. No sé si es la medicación, la primavera, o simplemente yo; pero me cuesta. El ánimo tampoco me acompaña. Siento que no haberme dado cuenta de algunas cosas a tiempo me ha hecho retroceder; y no sé dónde colocar ni cómo encajar la rabia que esto me genera. Porque es tan brutal el esfuerzo que hago por dar un paso adelante cada día, que no consigo soportar que nada ni nadie me hagan dar medio hacia atrás. Y tampoco quiero bajo ningún concepto que las personas que se están dejando la vida en ayudarme a vivir la mía me vean triste, Intento poner todo en manos de Dios, que sabe mejor que nadie qué hacer con nuestros errores y cómo darles utilidad; pero hasta eso me cuesta. No encuentro las palabras para definir qué quiero que Él me cure: ¿es decepción, frustración, turbación, desánimo?. ¿Dónde coloco el pasado para que no afecte a mi presente?. ¿Necesito más humildad para aceptar que sigo cometiendo errores parecidos a los de siempre; fe para que las malas experiencias no me hundan; caridad para no sentir rencor hacia quienes de alguna manera me han dañado; esperanza en que todo entraba dentro de un Plan perfecto para enseñarme algo importante?...

Sigo intentando ordenar ideas y palabras en la oración; pero no hay manera. Me queda la certeza de que Dios sabe lo que hay en el fondo de mi corazón, que ve con claridad mis esfuerzos y mis intenciones, aunque yo no sepa expresar nada. Me callo, hago silencio, respiro hondo... y Él sí me hace llegar su mensajito esta mañana, para calmarme. 
Y tomo nota para rumiarlo bien durante el día:

"Tu inteligencia está torpe, inactiva: haces esfuerzos inútiles para coordinar las ideas en la presencia del Señor: ¡un verdadero atontamiento!. No te esfuerces, ni te preocupes. -Óyeme bien: es la hora del corazón" (Camino 102).

viernes, 10 de junio de 2016

Con buen ánimo


Ésta es mi decisión para HOY, para AHORA.
Y doy gracias al Buen Dios, por sus ayudas...
¡Por fin Tesa ha vuelto a casa conmigo!
¡Por fin puedo salir a la calle!
¡Por fin puedo asistir a Misa en directo!
¡Por fin me miro en el espejo y no me asusto!
Parece que las cosas vuelven a la normalidad
que me da estabilidad y serenidad.
Y espero que, en cuestión de días,
pueda estar de nuevo en el cole dando guerra.
Quiero acabar el curso en activo,
currándomelo hasta el final.
No es lo más fácil, pero sí lo más gratificante.

He descubierto algunas cosas importantes últimamente.
Por ejemplo, que la ansiedad sigue siendo mi enemiga,
aunque pase temporadas callada y escondida.
Que me falta humildad para reconocer
que no soy buena para determinadas personas.
Que me duele mucho más lo interior que lo exterior.
Que no es malo pedir ayuda.
Que es bueno poner límites.
Que la soledad puede ser una bendición.
Que el pasado se debe remover sólo
lo justo e imprescindible; y enterrarlo de nuevo.
Que el futuro no importa,
está a buen recaudo en manos de la Providencia.
Que ser fiel a las propias decisiones cuesta,
pero es un esfuerzo super enriquecedor y positivo.
Que es importante escuchar a Dios a tiempo.
Que mis sentimientos suelen traicionarme,
pero su Palabra no.
Que ni soy perfecta, ni lo seré jamás;
y que el Señor cuenta con ello.
Que se puede y se debe recomenzar cada mañana
con la decisión de vivir lo que venga
con un ánimo bueno:
porque motivos para dar gracias tengo de sobra.
Que me encanta robar sonrisas a la gente que quiero.
¡Y que soy mucho más valiente de lo que imaginaba!.

Así que me pongo los cascos con mi música
y me bajo YA mismo con Tesa a la calle
(¡Dios, cómo la echaba de menos!)
a celebrar que HOY es viernes;
y que si no todo va bien,
sí todo va mejorando.
Sea mi Señor por ello bendito y alabado.

domingo, 29 de mayo de 2016

Necesidad de ser curados

Dice el Evangelio de hoy (Lc 9, 11b) que Jesús "curaba a los que tenían necesidad de ser curados". Deduzco fácilmente que había otros, pues, que no necesitaban ser curados. Y que no necesariamente no lo necesitaran porque estuvieran sanos. Esto me ha dado mucho que pensar...

¿Habrá "enfermedades" que Dios quiera en nuestra vida? De ser así, el motivo no puede ser otro que un mayor bien que el de la propia curación, ¿cierto?. Pero vaya, eso no es nada fácil de aceptar. Al menos en principio.

Imagino que hay varios tipos de enfermedades, y que no todas traen como desenlace la muerte (otro día a ver si escribo sobre es asombro que me produce el miedo que la gente le tiene a la bendita Hermana Muerte, porque no consigo entenderlo como un mal). 

Hay enfermedades físicas: la lista de enfermos de cáncer por la que rezo cada día se lleva la palma, parece ser la que se impone imperiosamente a las demás. Pero la cantidad de dolencias físicas es tan larga que ni los médicos se acaban de aclarar, y a muchas de ellas las declaran "enfermedades raras", que no saben ni por dónde cogerlas. Si pasáis una noche en urgencias, en la sala de espera veréis una muestra muy variada: personas con mascarillas, goteros, tiritonas, contusiones, roturas, vómitos, mareos... Las causas, los médicos las sabrán; o no. Puede que Dios piense que no necesita curarnos de ellas, porque para eso inventó a los especialistas. O porque va a resultar que el dolor sí tiene un valor redentor, aunque nadie se atreva a hablar de ello...

También hay enfermedades mentales. Esas parecen ser más vergonzantes. Pero el hecho es que tanto la ansiedad como la depresión son el pan nuestro de cada día. He leído en algún sitio que el Prozac es el medicamento más utilizado en el mundo después de la Aspirina. Por algo será. Sin quitarles ni un pelín de importancia, y teniendo muy en cuenta que muchas de ellas son endógenas e incluso hereditarias, no puedo evitar preguntarme: ¿cuántas veces la culpa de un mal psicológico no está en la actitud del propio paciente?. La ansiedad, por ejemplo: ¿no hay casos en los que la cura consiste sencillamente en aprender a decir "hasta aquí" o "no"?. Pero eso supone un enfrentamiento, o con quien trata de explotarnos, o contra nosotros mismos y nuestra escala de valores; y los enfrentamientos no son agradables. ¿Necesita una persona así que Dios la cure, o ponerse las pilas y tomar el toro por los cuernos?. Buena pregunta, ¿verdad?. Especialistas para ayudar a discernirlo también los hay, y gracias a Dios algunos muy buenos.

Existen otras enfermedades... esas me preocupan bastante más. Son las espirituales. Me preocupan porque son tan gordas que a veces incluso causan además enfermedades físicas y psicológicas. No en vano el alma es la que alienta al cuerpo. Un cuerpo sin alma es un cuerpo muerto. Hasta ese punto hay dependencia. ¿Qué pasa entonces cuando es el alma la que está enferma?. Si existiese una especie de sala de espera para personas con enfermedades espirituales, ¿qué síntomas podríamos encontrar?. Tal vez tristeza, o falta de esperanza, o cansancio y agobio, o miedo y vergüenza, odio, rencor, egoísmo, falta de dominio propio, de paz... No me cabe la menos duda de que Dios quiere curarnos de estas enfermedades, pues precisamente para ello murió en una Cruz. Pero aceptar su curación supone dejarse en sus manos, confiar en Él, escuchar sus Palabras y dejarle que tome el control. Y ahí está la gran enfermedad del hombre moderno: ¡que no queremos dejar a Dios ser Dios!; ¡que en el fondo no nos creemos que Él sabe más!; ¡que no nos da la gana aceptar que su Voluntad sea lo mejor para nosotros, y nos empeñamos en querer entender y entender y entender!... Y ya nos lo advierten los santos, que no está el asunto en entender sino en amar -sin más, y "por ser Vos quien sois"- su Santísima Voluntad. 


Así que Dios de mi alma: si crees que no tengo necesidad de ser curada, no me cures. No te pido la salud: ni la de mi cuerpo, ni la de mi mente, ni siquiera la de mi alma si mis pecados con tu perdón me van a acercar más a Ti. Sólo te pido que no me dejes sola nunca. Y que al final de mis días pueda cantar la mejor de las canciones; en heavy, pop, rock, indie... ¡me da igual!: pero cantar, sí, cantar a pleno pulmón y de todo corazón tu gran Misericordia.

martes, 24 de mayo de 2016

¡Felicidades, Hadasita!

Felicidades, mi niña.
Hoy es un día bonito.
Hoy, el Pueblo de Dios, celebra a tu santa:
Hadassah de Susa, reina de Persia.
Una mujer valiente, como serás tú algún día.
Tómala de modelo, de patrona.
Por su fe inquebrantable.
Por su amor a su gente.
Por su paso adelante en el momento más crítico.
Por su apuesta por la verdad.
Por su penitencia y su oración.
Por su generosidad acogiendo la llamada de Dios.
Por decir que sí en ella a Su Voluntad.
Por creer en la Misericordia del Rey por encima de todo.
Cógete fuerte de su mano, Hadasita.
Ester te enseñará el camino de tu vida.
Sólo el Buen Dios sabe para qué te está preparando, mi niña.
Ojalá algún día te mire al corazón
y te encuentre, de entre todas, la más bonita.

lunes, 23 de mayo de 2016

Confirmado

Como decíamos Mick Jagger y yo ayer... más o menos..., "los viejos hábitos tardan en morir". Y este fin de semana, de alguna manera, lo he comprobado. Lo más sorprendente es que ha sido en personas que apenas me pasan de la cintura. Así que esos "viejos hábitos" parecen estar arraigados en nosotros desde bien pequeños.

Fui a tocar la guitarra a dos Primeras Comuniones, una el sábado y otra el domingo. El sábado me encontraba tan mal que no recuerdo ni qué toqué: era como una especie de máquina desplomada contra mi instrumento, raspando las cuerdas automáticamente. Pero cuando llegó el momento se me abrieron los ojos como platos. Me llamó mucho la atención. A las preguntas del sacerdote: "¿renunciáis a Satanás, a sus obras, al mal, al pecado.. etc?", los niños tardaron en contestar lo suyo. Al final, muy poco convencidos y con un hilito de voz, después de haber escuchado la pregunta al menos tres veces, casi por no quedar mal con toda la gente que les estaba mirando, dijeron un "sí, renuncio" bien poco enérgico. En cambio, cuando se les preguntó si creían en Dios, en su Trinidad, en el Espíritu Santo actuando en la Iglesia, en todas esas cosas tan misteriosas y complicadas de entender, su respuesta fue firme y contundente: "¡sí, creo!". Y pensé: anda, es más fácil creer lo imposible que renunciar a lo tangible. Aun así, concedí cabida a la posibilidad de que esos niños no hubiesen ensayado bien la respuesta, o que no supiesen en realidad qué estaban haciendo. Pero cuando el domingo, con otros peques diferentes, volvió a ocurrir exactamente lo mismo, no pude evitar escuchar en mi interior los acordes del comienzo de guitarra de la canción que os puse el otro día... 

Creo en un Dios Creador; creo que ese Dios, uno y único, es a la vez tres Personas distintas; creo que en el pan y el vino, tras la transustanciación, están el Cuerpo y la Sangre de Cristo; creo en el Espíritu Santo aunque no entiendo bien ni qué es; creo en la Iglesia y su santidad pese a ser objeto de las más duras críticas sociales... ¡Si, creo!. Pero... ¿renunciar a la mentira, al egoísmo, a la falta de amor, a la tentación fácil, al insulto y las palabras hirientes, a la comodidad, a la pereza, al aparentar, a la búsqueda del placer en sí mismo, a querer ser y tener más que los demás?... Uy, eso ya es otro cantar. ¡Hasta los niños lo saben!.  Confirmado: "los viejos hábitos tardan en morir"...

Salí de allí pensando en lo difícil que es ser cristiano hoy en día. Un poco desanimada, la verdad. Pero luego, de repente, unos metros más adelante de la Iglesia, volví a ver esas flores rosa fucsia, como las de la semana pasada. Y pensé en todos regalos pequeños pero continuos que el Buen Dios en quien decimos creer nos hace a diario. Y que en esta tarea de ser seguidores de Cristo no andamos solos: contamos con la mayor de las Gracias. Ésa que hace que en un fin de semana mortífero en el que cuesta hasta tenerse en pié, una se reponga del hábito de la desesperanza, y saque fuerzas de donde no las hay para seguir adelante -contra los viejos hábitos- con una sonrisa como ésta:


Confirmado, sí: con Él...¡se puede!.
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