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viernes, 10 de abril de 2009

Viernes

Sube fácil el pájaro. Su vuelo,
como flecha de amor en primavera,
va siguiendo en el alto azul del cielo
la senda de su amante compañera.

Sube por verdes ríos verticales
la mágia vegetal de los colores,
para ofrecer al aire las nupciales
vestiduras abiertas de las flores.

Sube la espuma del mar. Y sube
su voz el sol para que el día cante.
Y desde el horizonte hasta la nube
sube la luna su fulgor amante.

Si todo lo que es luz y es hermosura
sube sin dilación para encenderse
con una luz mayor a más altura...
no entiendo cómo Dios pudo caerse.

(Jose Javier Aleixandre)

jueves, 9 de abril de 2009

Noche de jueves

Crisis. Sí, crisis. Y paro. Hambre. Enfermedades.
Injusticia. Mentira. Decepción. Depresión.
"No perdáis la calma".
Y guerras. Enemistades. Explotación. Esclavitudes.
Desesperanza. Pecado. Egoísmo. Muerte.
"No perdáis la calma"
Desilución. Ruina. Cegueras. Fracaso. Frustraciones.
Complejos. Falta de fe. Desconfianza. Corazas.
"No perdáis la calma".

Miedo. Cansancio. Tentación. Incomprensión.
Traición. Desamor. Sufrimiento. Soledad.
Y se ocultó el sol. Y la luna.
Noche oscura, sin paleativos.
El Hijo del Hombre suda sangre.
Y nosotros, escondiendo nuestra cobardía en Getsemaní 2009, callamos,
y temblamos, y lloramos.
"No perdáis la calma... ¡creed!" (Jn 14,1).



miércoles, 8 de abril de 2009

Una de besos

En plena primavera, ¿quién no se pide una ración, o dos, o tres?
Claro está que hay besos y besos. Por sus frutos los conoceréis.

Está el beso cortés de caballero andante: se deposita en la mano de la dama sin apenas rozarla. No tengo ni idea de a qué sabrá un beso así, y tampoco me pica la curiosidad, la verdad.

Está el beso familiar, el que se da a padres, hermanos, sobrinitos, etc. Es tan diverso y divertido como lo sea la familia en concreto. A veces deriva en petorretes en la tripita, y suele hacer cosquillas. Su significado es diverso: puede querer decir "buenas noches", "te quiero", "no sé qué decirte pero estoy contigo", y otras mil cosas diferentes.

Está el beso que da vida. El ejemplo más claro os lo podría contar la Bella Durmiente. Ese beso de amor verdadero que resucita cuerpo y alma y abre la puerta a una vida nueva en la mejor de las compañías.

El beso de la paz es un poquito más caro. Cuesta tanto darlo como recibirlo. Duele, y a veces hace llorar. Pero su poder terapéutico es digno de una tesis doctoral. Altamente recomendado para las úlceras, de estómago y de corazón, causadas por discusiones y malos entendidos del tipo que sean. Favorece el sueño, relaja los músculos, y conviene tomarlo seguido de una buena cena amistosa.

De ciertos gestos canívales a lo Alien que algunos se atreven a llamar besos no voy a hablar en este blog, porque siempre he presumido de escribir con claridad pero con la decencia suficiente como para poder ser leída por todos los públicos.

Hoy he recordado un beso diferente. Contradictorio. Desconcertante como hablar de ir a la guerra en misión de paz. Como querer alimentar a un hijo con piedras. Como creer en Dios y no rezar. Un beso que, pese a ser beso, no sabe a amor ni a nada parecido. Que mata al que lo recibe, y sobre todo al que lo da. Que esconde infidelidad. Que pudre los labios. Que miente: pura farsa de gesto e intención. El beso de Judas. Y me he puesto a llorar... El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

domingo, 5 de abril de 2009

Domingo de ramos





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