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martes, 24 de diciembre de 2019

Las cosas que pide Dios

Estos últimos días de Adviento
he estado pensando bastante en lo siguiente.
Hubo una vez un hombre llamado Abraham,
a quien Dios puso al frente de su pueblo.
Yahvé lo amó inmensamente, hizo con él una alianza,
y le prometió una descendencia
más grande que las estrellas del cielo.
A estas alturas de la historia, Abraham tenía 100 años,
y su mujer Sara 90.
Es cierto que Abraham tenía otro hijo, Ismael,
con Agar, la esclava egipcia de Sara.
Pero la promesa de Dios era
sobre la descendencia de un hijo del matrimonio.
Al buen hombre le dio la risa, y a su mujer también.
Pero al año Sara dio a luz a Isaac.
Y es que Dios cumple sus promesas.
Y todos fueron felices y comieron perd...
Bueno, no, todavía no.
Lo que ocurrió es que Dios quiso probar la fe de Abraham,
y le pidió que subiera al monte Moria y, allí,
le ofreciera a Isaac en sacrificio.
La cosa tiene pelendengues.
No era sólo el hecho de tener que dar muerte a su hijo,
a su primogénito,
al niño que milagrosamente se engendró entre dos ancianos.
Era además no entender cómo se podría cumplir, sin ese niño,
la promesa de una descendencia.
Dios pide. El hombre no entiende. Pero la fe obedece.
Y así Abraham se convierte en padre de los creyentes,
patriarca, roca firme de la fe de Israel.
Si alguien quiere leer la historia completa
que se pase por el Génesis: es una delicia.

Pasan los años. y encontramos en escena a otro hombre.
Esta vez un hombre joven. Carpintero. Un chico bueno,
enamorado hasta las trancas de la hija de Joaquín y Ana,
con la que estaba desposado.
María se llamaba la chica.
Una pareja preciosa,
descendientes de aquel Abraham del que hemos hablado antes.
Todo era promesa de amor y felicidad, cuando de repente...
nace Jesús.
Y Dios vuelve a pedir.
Y su petición suena tan extraña
como aquella del sacrificio de Isaac.
Dios pide a José que acoja a María.
Y que cuide de aquel Niño como de un hijo propio.
Iba a comenzar una historia de dificultades,
y persecuciones, de exilio, de incomprensiones.
Pero José, muerto de asombro,
acunó al Dios del Cielo entre sus brazos.

Las cosas que Dios pide muchas veces nos sorprenden.
Se salen de lo que teníamos planeado,
de nuestros propios planes vitales.
Otras veces, simplemente, nos dejan sin palabras.
Pero dos hombres de fe, Abrabam y José, nos enseñan a creer.
A confiar en que es el plan de Dios el que más mola de todos,
y con diferencia.

No hay que asustarse.
La mayoría de veces no nos pide nada extraordinario.
Igual es algo sencillito. Como quizás hacer silencio un par de minutos,
olvidar la cena, los regalos, las prisas, el ajetreo de la Nochebuena
y recordar por qué esta noche es tan importante.
Y darle gracias.
Y adorar...

viernes, 14 de abril de 2017

El lavatorio de... ¿los pies?

Jueves santo.
Muchas cosas que contemplar.
Quizás una que siempre me ha llamado la atención es ese lavatorio. Jesús arremangado, de rodillas frente al discípulo, con sus sucios pies entre sus benditas manos...
A veces, viendo al sacerdote en los Oficios hacer este gesto, me he preguntado si en algún momento podría sentir asco. Y si esto es posible en una celebración en la que, quienes van a lavarse, van ya bien limpitos y preparados, ¿fue posible también en aquella Última Cena en la que los Doce traían los pies como se los había dejado el duro camino?.
Mi respuesta es que no.
Y la justifico en lo siguiente:
nuestra soberbia, nuestro orgullo, nuestros odios, nuestras disputas, nuestros egoísmos, nuestros desprecios, nuestras mentiras, nuestras traiciones, nuestras desesperanzas, nuestras impurezas, nuestros abusos, nuestros silencios, nuestra falta de fe, nuestra comodidad, nuestra cobardía, nuestro desamor...
todas esas cosas ahí están, y Jesús las ve.
Nosotros, como aquellos leprosos, aquellos ciegos, aquellas prostitutas, aquellos publicanos, aquellos paganos, aquellos paralíticos, aquellos endemoniados, aquellas adúlteras, aquellos hombres y mujeres del Evangelio tan pecadores como tú y como yo, nos presentamos ante el Señor con... ¿los pies? ¡las almas! sucias, sucísimas.
Y Ėl no nos huye, no le repugnamos.
No, a Ėl no.
Y nos lava, los pies con agua,
las almas con Sangre.

"Haced esto en memoria mia".
Y el sacerdote hoy se ciñe la toalla,
se arremanga el alba y lava los pies.
Sí. El mismo sacerdote que se sienta día tras día en el confesionario donde nos espera otro lavatorio,
de amor y de perdón.
Gracias al Señor por este enorme regalo, y a los sacerdotes de mi vida por actualizarlo en mí.

miércoles, 12 de abril de 2017

La Verdad y sus consecuencias

Hay cosas que no conviene decir en voz alta.
Mejor que nadie lo escuche.
Es peligroso. Trae consecuencias.
A veces parece que te gusta provocar.
¿No te das cuenta que te estás pasando un poco?
No se puede ir de frente y soltar perlas como éstas:

- Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.
- Soy yo, el que habla contigo.

- ¿Crees tú en el Hijo del hombre?
- ¿Y quién es, Señor, para que crea en él?
- Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.

- Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.

- Desde ahora veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo.

¿No lo ves? ¿No te das cuenta?
Te la estás jugando.
¡Calla y agacha la cabeza, como hacemos todos!
No seas insensato, imprudente, impopular...
¿No oyes los gritos en las calles?
¿No te asusta el rugido en la noche?

- ¡Ha blasfemado!
- ¡Es reo de muerte!
- ¡Crucifícale!

¡Pero dinos algo!
¿No ves que estamos muertos de miedo?
¿Cómo hacemos ahora para salvarte... para salvarnos?
Nosotros te queríamos.
Pero tu Verdad es peligrosa.
¿Hoy no vas a animarnos, a consolarnos?
Queremos escuchar de Ti
una Palabra que tranquilice nuestro espíritu
en la Hora, en el culmen de la Historia.
Y Tú nos miras con amor.
Y nos dices tres verdades como puños,
que nos dejan sin aliento,
con un incómodo sudor frío,
con un nudo en la garganta.

- Ni siquiera una hora habéis podido velar conmigo...
- Con un beso me entregas...
- Antes que el gallo cante me negarás tres veces...

miércoles, 27 de julio de 2016

¿Pirata?

Si hay un tesoro escondido; si existe una "X" que marca el lugar; si la Palabra es cierta y la promesa se cumple... yo quiero ser ¡pirata!.

Si existen la Paz, el Consuelo, el Descanso, el Amor, la Felicidad, así, con mayúsculas; y si además son bienes al alcance de mi bolsillo, ¿no los comprarė?. ¿O lo que tengo ahora vale más?: un trabajo que detesto, pero que me da para comer; el cariño de cuatro o cinco personas que llevan nosecuantísimos días sin preguntarme cómo estoy; una casa que no es mia; una libertad que oculta la soledad que prefiere quien sabe lo que es estar mal acompañado; un perrita que me come a besos ocurra lo que ocurra; un montón de desengaños, de decepciones, junto a algún bonito recuerdo al que agarrarse para no llorar; círculos viciosos, pescadillas que se muerden la cola, defectos dominantes; un futuro incierto del que ya sólo deseo que traiga estabilidad y que ya no vaya a peor...

¿Es esto lo que tengo? ¿Y todavīa soy tan estúpida como para agarrarme a ello cual Gollum con su anillo, cuando el verdadero tesoro está justo ahí, a un "déjalo todo y sígueme"?.

La perla de gran valor está en el fondo de mi piscina; es tan grande que la veo desde aquí fuera. Y yo que quisiera ser pirata no me atrevo ni a meter los pies... ¿Mi morralla a cambio de un tesoro? ¿Me atreveré a pujar y que sea literalmente lo que Dios quiera?. "Desafiando el oleaje, sin timón ni timonel, por mis sueños va, ligero de equipaje, sobre un cascarón de nuez, mi corazón de viaje..."*.


Sabina, "Peces de ciudad".

domingo, 29 de mayo de 2016

Necesidad de ser curados

Dice el Evangelio de hoy (Lc 9, 11b) que Jesús "curaba a los que tenían necesidad de ser curados". Deduzco fácilmente que había otros, pues, que no necesitaban ser curados. Y que no necesariamente no lo necesitaran porque estuvieran sanos. Esto me ha dado mucho que pensar...

¿Habrá "enfermedades" que Dios quiera en nuestra vida? De ser así, el motivo no puede ser otro que un mayor bien que el de la propia curación, ¿cierto?. Pero vaya, eso no es nada fácil de aceptar. Al menos en principio.

Imagino que hay varios tipos de enfermedades, y que no todas traen como desenlace la muerte (otro día a ver si escribo sobre es asombro que me produce el miedo que la gente le tiene a la bendita Hermana Muerte, porque no consigo entenderlo como un mal). 

Hay enfermedades físicas: la lista de enfermos de cáncer por la que rezo cada día se lleva la palma, parece ser la que se impone imperiosamente a las demás. Pero la cantidad de dolencias físicas es tan larga que ni los médicos se acaban de aclarar, y a muchas de ellas las declaran "enfermedades raras", que no saben ni por dónde cogerlas. Si pasáis una noche en urgencias, en la sala de espera veréis una muestra muy variada: personas con mascarillas, goteros, tiritonas, contusiones, roturas, vómitos, mareos... Las causas, los médicos las sabrán; o no. Puede que Dios piense que no necesita curarnos de ellas, porque para eso inventó a los especialistas. O porque va a resultar que el dolor sí tiene un valor redentor, aunque nadie se atreva a hablar de ello...

También hay enfermedades mentales. Esas parecen ser más vergonzantes. Pero el hecho es que tanto la ansiedad como la depresión son el pan nuestro de cada día. He leído en algún sitio que el Prozac es el medicamento más utilizado en el mundo después de la Aspirina. Por algo será. Sin quitarles ni un pelín de importancia, y teniendo muy en cuenta que muchas de ellas son endógenas e incluso hereditarias, no puedo evitar preguntarme: ¿cuántas veces la culpa de un mal psicológico no está en la actitud del propio paciente?. La ansiedad, por ejemplo: ¿no hay casos en los que la cura consiste sencillamente en aprender a decir "hasta aquí" o "no"?. Pero eso supone un enfrentamiento, o con quien trata de explotarnos, o contra nosotros mismos y nuestra escala de valores; y los enfrentamientos no son agradables. ¿Necesita una persona así que Dios la cure, o ponerse las pilas y tomar el toro por los cuernos?. Buena pregunta, ¿verdad?. Especialistas para ayudar a discernirlo también los hay, y gracias a Dios algunos muy buenos.

Existen otras enfermedades... esas me preocupan bastante más. Son las espirituales. Me preocupan porque son tan gordas que a veces incluso causan además enfermedades físicas y psicológicas. No en vano el alma es la que alienta al cuerpo. Un cuerpo sin alma es un cuerpo muerto. Hasta ese punto hay dependencia. ¿Qué pasa entonces cuando es el alma la que está enferma?. Si existiese una especie de sala de espera para personas con enfermedades espirituales, ¿qué síntomas podríamos encontrar?. Tal vez tristeza, o falta de esperanza, o cansancio y agobio, o miedo y vergüenza, odio, rencor, egoísmo, falta de dominio propio, de paz... No me cabe la menos duda de que Dios quiere curarnos de estas enfermedades, pues precisamente para ello murió en una Cruz. Pero aceptar su curación supone dejarse en sus manos, confiar en Él, escuchar sus Palabras y dejarle que tome el control. Y ahí está la gran enfermedad del hombre moderno: ¡que no queremos dejar a Dios ser Dios!; ¡que en el fondo no nos creemos que Él sabe más!; ¡que no nos da la gana aceptar que su Voluntad sea lo mejor para nosotros, y nos empeñamos en querer entender y entender y entender!... Y ya nos lo advierten los santos, que no está el asunto en entender sino en amar -sin más, y "por ser Vos quien sois"- su Santísima Voluntad. 


Así que Dios de mi alma: si crees que no tengo necesidad de ser curada, no me cures. No te pido la salud: ni la de mi cuerpo, ni la de mi mente, ni siquiera la de mi alma si mis pecados con tu perdón me van a acercar más a Ti. Sólo te pido que no me dejes sola nunca. Y que al final de mis días pueda cantar la mejor de las canciones; en heavy, pop, rock, indie... ¡me da igual!: pero cantar, sí, cantar a pleno pulmón y de todo corazón tu gran Misericordia.

domingo, 15 de mayo de 2016

El círculo

En clase de mates estamos dando la circunferencia y sus partes. Y me resulta imposible no acordarme de la explicación que, sobre la Trinidad, recibí en la Facultad de Teología, allá cuando los dinosaurios todavía paseaban por nuestras calles, las pizarras eran verdes y no existía la Wikipedia. Es de las pocas cosas que no se me han olvidado. 

Decía el profe que Dios es como el punto, que lo es todo, que está en todas las figuras. Es Padre y origen de todo lo creado. Cuando el punto se une con cualquier otro punto el resultado es la línea. Dentro de una circunferencia, la línea que une el punto del centro con cualquier punto de la circunferencia se llama el radio. Hay infinidad de radios, como hay infinidad de puntos en la circunferencia que pueden unirse a su centro. Ahí tenemos a Cristo, el radio, que es Dios puesto que está formado de puntos, y que a su vez une a Dios con el hombre, con cada hombre concreto o punto de la circunferencia. Puente (o Pontífice) que conecta en sí la Humanidad con la Divinidad. Pero Dios no se conforma con llegar a una persona, o a varias; en su ser Comunión, busca la unión con todos nosotros, hombres de todos los rincones del planeta y de todos los segundos de la historia. Después de la Encarnación, sigue buscando al hombre en cada punto, en cada línea: es el Espíritu Santo (que procede del Padre y del Hijo, del punto y la línea), que recorre cada punto de cada línea de la circunferencia, llenándola entera hasta formar el círculo. En cada punto del círculo estamos representados todos nosotros en unión con Dios. A mis niñas del cole, en mates, se lo dibujo así:


Es una forma de explicarlo. Hay muchas, tantas como intentos del hombre de acercarse con imágenes o palabras al Misterio. No importa si se entiende bien o no, puesto que Dios es mucho más que una circunferencia o un círculo. De todos modos yo, pequeño puntito de la enorme circunferencia del mundo, no salgo de mi asombro con el radio: que esté unida al centro me parece una prueba de Amor irrevocable. Pero que, además, junto a mi radio vea otros miles de millones de radios, y todos juntos vivamos en una comunión que nos hace uno en el círculo, mucho más allá de nuestras diferencias espacio-temporales o simplemente personales, lo encuentro la pasada de las pasadas.

Hoy me uno a la Iglesia Universal en su homenaje a este "círculo". Y grito en silencio desde lo más profundo de mi corazón: "¡Ven, Espíritu Santo!".

Ven, Espíritu que moviste a Zaqueo a subir al sicomoro, 
y ayúdame a desprenderme de todo lo que me aparta de Dios.
Ven, Espíritu que tocaste el corazón de la adúltera, 
y haz que mis lágrimas limpien la impureza de mi pobre corazón.
Ven, Espíritu que inspiraste a Pablo, 
y enséñame a rectificar posturas
y acercarme sin temores a tu Verdad.
Ven, Espíritu que sacaste a Bartimeo de la orilla del camino,
y ayúdame a pedir humildemente "Señor, que vea".
Ven, Espíritu que moviste a Pedro al arrepentimiento,
y hazme confesar: "Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo".
Ven, Espíritu de desprendimiento de la pobre viuda,
y ayúdame a ofrecer a Dios las pequeñas dos monedas 
que enriquecen mi simple personalidad.
Ven, Espíritu que sacaste a Nicodemo en plena noche,
y hazme nacer de nuevo a una vida según tu Voluntad.
Ven, Espíritu que abriste los oídos 
de los discípulos de Emaús al entendimiento,
y enciende mi interior hasta que arda a la voz de la Palabra.
Ven, Espíritu que provocaste el hambre del niño pródigo,
y llévame de regreso para siempre
al Hogar de los brazos del Padre.
Ven, Espíritu que moviste a María a darte su "sí",
y enséñame a decirte cada mañana un "serviam*" sincero.
Ven, Luz, Sol, Noche, Calma, Inquietud, Silencio,
Calor, Frío, Templanza, Descanso, Actividad, Motor, Pausa,
Fortaleza, Esperanza, Fe, Dirección, Sentido, Metanoia*.
Ven, Espíritu de Dios. Llena los corazones de tus fieles.
Y enciéndenos con el fuego de tu Amor.


*Serviam: te serviré.
*Metanoia: cambio de dirección, enfoque, conversión.

domingo, 8 de mayo de 2016

Ascensión

Define la RAE, en primera instancia, la ascensión como 
"Acción y efecto de ascender (subir a un sitio más alto)".
Y pienso yo, con mi lógica simple de siempre,
que si los cristianos somos los seguidores de Cristo,
y por eso cargamos con cruces, 
y defendemos la verdad a gritos desde los tejados,
y nos esforzamos en amar con un estilo muy característico,
y aguantamos críticas y chaparrones y traiciones,
incluso la aparente monotonía absurda del taller de Nazareth,
¡cómo no vamos a seguirle en su Ascensión!.

Subir a un sitio más alto.
No parece complicado.
Recuerdo que, cuando hace años 
vi la película de Fray Escoba
se me quedó muy grabada una escena 
en la que un fraile le preguntaba
qué había que hacer para ser santo.
Él respondió que de eso de ser santo él no sabía
(¡pedazo humilde el mulato!),
pero que debía ser algo parecido a ser bueno.
El fraile volvió entonces a preguntarle, 
esta vez qué había que hacer para ser bueno;
a lo que fray Escoba respondió:
"ser un poquito mejor".
Y yo pensé: no parece tan difícil.
Si soy un poquito mejor cada día,
al final seré buena y... 
¡¿quién sabe?!, quizás santa.

Ser un poquito mejor. Subir a un sitio más alto.
Han pasado los años y según mi experiencia, 
de fácil no tiene nada.
Ese poquito diario es HEROICO.
Hay veces que estoy tan agotada de esforzarme tanto
que pienso que dar un poquito más es imposible.
Que me voy a romper de tanto estirar.
¡Y así es!, así es si lo hago sola.
Lo que pasa es que se me olvida,
como pisar a fondo el embrague.
Lo sé, pero a la hora de hacerlo no me acuerdo.
Cuando mi Señor me dice que sin Él no puedo,
¿en qué idioma me lo tiene que repetir 
para que se me quede? ¿en klingon*?.

Estoy en mi ratito de oración de la mañana,
y el Buen Dios me habla con esta frase,
para que no me queden dudas de por dónde va el tema:
"Nunca te desalientes,
porque el Señor está siempre dispuesto a darte
la gracia necesaria
para esa nueva conversión que necesitas,
para esa ascensión en el terreno sobrenatural" (S.J.E: Forja, 237).
Un pasito más, Hadasita, aunque sea a gatas,
con el impulso que da el saber que no eres lo que logras,
Tras las huellas de Jesús hacia los brazos del Padre.
¡ARRIBA!
¡Feliz fiesta de la Ascensión a todos!


* Aclaración para los lectores menos flikis: idioma construido por Marc Okrand como lengua vernácula de la raza klingon en el universo de Star Trek.

domingo, 3 de abril de 2016

Dios es Misericordia

Cuando era niña aprendí aquella canción que decía: "Dios es Amor, la Biblia lo dice. Dios es Amor, San Pablo lo repite...". Bonita, y útil. Gracias a ella recuerdo perfectamente que la definición de Dios como Amor está en el capítulo 4, versículo 8, primera de Juan. 

Pasan los años, y las experiencias hacen que a la palabra "amor" le añadamos connotaciones diversas, y que al final nos cueste reconocer a Dios en esa definición; porque en el fondo sabemos que Él es mucho más que lo que hasta ahora hemos experimentado en los amores humanos, tan efímeros e insustanciales a veces.

Y llega un momento en la vida de la Iglesia que el Espíritu sopla y remueve las cosas. Y sin cambiar en absoluto la verdad de la esencia de Dios como Amor, le añade un adjetivo calificativo muy revelador: "Misericordioso". Ya no es cualquier tipo de amor: Dios es Amor Misericordioso. Nuestro Dios es el Dios de la Misericordia. No es una novedad, sino un recuerdo. Si leyésemos más los Evangelios recordaríamos que Lucas tiene su capítulo 15 dedicado a las parábolas de la Misericordia. Pero los católicos, bien cabezotas e inconscientes, tenemos la Biblia de adorno cogiendo polvo en nuestras estanterías. Algo sí deberíamos aprender de nuestros hermanos protestantes...

Como Dios es Amor y conoce nuestra masa, inspiró a Faustina Kowalska todo un tratado sobre su Misericordia. Y parece que sí, que el Diario de Faustina sí lo hemos leído más últimamente. Sobre todo desde que San Juan Pablo II declaró el segundo domingo de Pascua como fiesta de la Divina Misericordia. Sin dejar de recomendar fervorosamente la lectura de este diario, vuelvo al principio, a la Palabra y a la infancia. Y por expresa petición de Hadasita, para felicitaros la fiesta de hoy, os cuelgo esta parábola en lugar de algunos preciosos textos conmovedores que tienen Teresa de Jesús, Fray Luis de Granada, o la propia Faustina sobre la Misericordia de Dios, que podréis encontrar fácilmente en internet. Queridos niños que me leéis, también los niños adultos: el Amor Misericordioso de Dios es así:

sábado, 12 de marzo de 2016

Adúltera

Escucho el Evangelio. Y algo se estremece en lo más profundo de mí. Tengo sentimientos encontrados, porque entiendo el adulterio como una infidelidad, y yo detesto la infidelidad, sobre todo cuando quien la sufre soy yo. Pero, en nombre de la verdad, a la que amo tanto como aborrezco la mentira, hoy tengo que arrojar mi piedra al suelo, como aquellos hombres de hace más de 2000 años. Porque tampoco yo estoy libre de ese pecado...

Culpable de decir que quiero a Dios con toda el alma, 
y luego no confiar en su Providencia.
Culpable de vivir nuestros encuentros
con frialdad y por compromiso.
Culpable de falta de comunicación sincera con Él, 
un día, y otro, y otro.
Culpable porque todo me parece más urgente que Él, 
que es el verdaderamente importante.
Culpable de vivir con más pasión 
mis propias pasiones que su Voluntad.
Culpable de traicionarle siempre en los mismos pecados, 
de no enfrentarlos con seriedad.
Culpable de haberme acostumbrado a su perdón 
y no conmoverme ni agradecerlo como se merece.
Culpable de seguir mendigando amores, 
siendo objeto del Amor del mismo Dios.
Culpable de estremecerme más
con mi música que con sus Palabras.
Culpable de quejarme de estar sola,
 teniendo a Dios habitando el mi casa, en mí misma.
Culpable, en fin, de infidelidad, de flagrante adulterio.
De forma alegórica y literal. 
Sin el típico "cariño, esto no es lo que parece".
Sorprendida en pleno acto por mí misma; 
acusada y juzgada y apedreada por mí misma.
Y mientras Él, en silencio, ni juzga, ni acusa, ni apedrea, ni condena.
Calla. Como mucho escribe algo que no consigo ver en el suelo.
Y esta noche dormiremos juntos, como si no pasara nada.
Y sentiré la ternura de su abrazo sincero.
¿En qué momento se descongelará este corazón mío?
¿Cuántas lágrimas más hacen falta para ablandarlo lo suficiente
como para caer de rodillas y besar los pies del amor de mi vida?
Jesús mío, ten misericordia de mí...

martes, 16 de febrero de 2016

Problemas de comunicación

Me he dado cuenta, por algunos comentarios vuestros, que tengo un problema de comunicación. Si escribo una entrada bonita me decís que es muy dura. Si la escribo esperanzada, que es triste. Si la escribo llorando, que es muy chula. Por lo visto no atino a transmitir lo que quiero. Sin embargo, veo también que no os dejo indiferentes; por lo que no desisto. Es más: continúo con mi tarea de corregir "Un Dios que no duerme", el libro que salió de las mejores entradas antiguas, y que sigue esperando a ver la luz. Sin duda, ese libro es lo mejor que he hecho en toda mi vida. Puede que nunca se publique porque nadie lo entienda, o quizás porque se esté entendiendo al revés. En todo caso, si algún patrocinador valiente quiere echarle un vistazo y subvencionarle un ISBN, quizás alguien lo lea y encuentre en él algo que le ayude, Dios sabrá cómo, por encima de mis problemas de comunicación.

lunes, 25 de enero de 2016

Señor de los Ejércitos

El Dios de los Ejércitos no ha caducado.
Después de ser nombrado así
más de 200 veces en el Antiguo Testamento
no se dio de baja con el Nuevo.
Él sigue encabezando nuestras batallas,
y su Justicia no se hará esperar mucho más.

Jesús decía, en el Evangelio de ayer,
que la Palabra que proclamaba se cumplía hoy.
Y la Palabra en concreto era ésta:

(Isaías 61, 1-3).

Ese día de venganza para nuestro Dios,
en el que serán consolados todos los que están de duelo,
es un día de Misericordia que anhelo con toda el alma.

Mi Dios no se quedará callado indefinidamente.
Abatirá a mis enemigos, los que luchan contra mí, 
fuera o dentro de mí misma.
Y cambiará mi abatimiento por un canto de alabanza.
¡Que tiemble quien me hace temblar!
¡Que llore quien me arranca estas lágrimas!
Hoy resuena con fuerza en lo más hondo de mi corazón:


El Señor de los Ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar -sigue siendo hoy- el Dios de Jacob.
(Salmo 46,7)

lunes, 24 de marzo de 2014

Oscar Romero

En el 23 aniversario del martirio de monseñor Oscar Romero,
en memoria suya,
en agradecimiento por su ejemplo de vida cristiana,
por su valentía, por su anuncio del Evangelio y denuncia de la injusticia,
os cuelgo este vídeo.
Y doy gracias a Dios por sus santos;
y porque hombres como Romero, dispuestos a dar la vida,
comprometidos hasta los tuétanos,
son la semilla de esperanza de la Iglesia de nuestro tiempo.
Todavía hay Iglesia viva en ellos.


domingo, 1 de abril de 2012

Cae Jesús

Cae Jesús cuando yo me levanto por encima de los demás, hablando mal de los demás.
Cae Jesús cuando yo me levanto a base de mentiras o de verdades hinchadas.
Cae Jesús cuando yo me levanto pensando sólo en mí mismo, y me acuesto de nuevo pensando sólo en mí mismo.
Cae Jesús cuando yo me siento caer porque los demás no me hacen el caso que creo que merezco.
Cae Jesús cuando yo me niego a ver más allá de mi nariz o de la imagen de mi espejo.
Cae Jesús cuando yo me levanto en alto, creyéndome con más razón que nadie.
Cae Jesús cuando yo me siento con los brazos cruzados por no comprometerme, por no identificarme con el pobre y necesitado.
Cae Jesús cuando yo sentencio en vez de hablar. Cuando sólo me escucho a mí como en un monólogo.
Cae Jesús cuando yo me hago llamar cristiano sin querer caer jamás.
Cae Jesús cuando yo no acepto mis fracasos, cuando tengo justificación para todos mis errores.
Cae Jesús cuando yo culpo de todo a los demás.
Cae Jesús cuando yo planeo mi vida sin contar con Él.
Cae Jesús cuando yo lo aplasto, lo acallo, lo escondo, lo ignoro.
Cae Jesús. Y yo miro hacia otro lado.

sábado, 31 de marzo de 2012

Jesús carga con la cruz

Me duele el alma. No sé qué puedo tener. Es como si estuviese hueco, como si me hubiese convertido de cartón-piedra, como cuando se te duerme un pié pero por dentro. No sé explicarme. Es un dolor que casi ni duele de tan poco yo que soy ya. Me empezó doliendo la crisis, y por aquel entonces tuve síntomas de enfado, y se empezaron a manchar mis palabras. Con la crisis, al poco tiempo, me vino un dolor de familia. Creo que comenzó con el verano, cuando no pudimos irnos de vacaciones. Entonces las palabras disminuyeron bastante, y tenía mucha somnolencia que calmaba en el sofá, viendo la tele. Oía gritos fuera, pero los reproches me resbalaban sin calarme, como si llevase un impermeable. Cuando salía con gente, la gente me dolía: me dolían sus historias, sus sufrimientos, sus despidos, sus preocupaciones. Me dolían tanto que se me hicieron insoportables y dejé de salir. Sólo voy al trabajo: un trabajo que me duele profundamente, que hago con la mayor de las desganas y con una pesadísima carga de desilusión. Aunque del trabajo nunca me he quejado en voz alta, porque siento que me dolería todavía más. Tampoco recuerdo ya la última vez que me reí sin ironía. Me río cuando oigo palabras como esperanza, amor, fe, Dios… Me da la risa nerviosa esa, la risa tonta que digo yo. No es que ya no crea: es que me duele tanto el alma que no siento ni que tengo alma. Ni siquiera sé si este dolor es síntoma de algo concreto, ni si tiene cura o no. Sólo sé que sigo vivo porque me encuentro realmente mal. Y vengo a que me mires, porque ya no sé qué hacer conmigo, que no me aguanto ni yo…
Jesús carga con mi cruz. Mi cruz de hoy. Mi cruz cotidiana. La cruz que me duele, y que está hecha de mis pecados y de los pecados de muchos otros. Una cruz que me pesa, que no me deja avanzar, que no sé cómo llevar, que me llena de dolor. Jesús carga con mi cruz. Él se va a hacer cargo. Él me va a sanar.

domingo, 24 de julio de 2011

Carmen, no peques más

El griterío de la gente, la desaprobación, el juicio humano…
La hipocresía en forma de piedras, de insultos, de escupitajos.
Los “justos” contra los injustos se ceban con el Justo.
Camino de la Cruz, Carmen y Jesús…

Y cae Jesús por vez primera.
Adulterio. Del tipo que sea. Carmen dijo “sí” e hizo no.
Fue pillada, juzgada y sentenciada.
Y la condena la cumple el Señor, sin haber delito en Él.
Castigado sin juicio justo.
Carga Dios con el pecado ajeno…
el de Carmen, el tuyo, el mío.
“Carmen: no peques más…” (Jn 8, 11).

Y Carmen se levanta. Y con ella Jesús.
La gente sigue gritando, cada vez más fuerte.
Sus palabras son claramente groseras.
Sus burlas, casi diabólicas.
El peso de la cruz crece.

Y cae Jesús por vez segunda.
Egoísmo. Del tipo que sea. Carmen dijo “tú” pero hizo yo.
Y nadie quiere perdonarla.
Nadie, salvo el Señor.
A derecha e izquierda, gente cargando piedras.
Sus gritos, aullidos de lobo hambriento.
Y en medio del Vía Crucis, ella, su pecado y Dios.
“Carmen: no peques más…”

Y Carmen se levanta. Y con ella Jesús.
Ambos agotados. Ambos destrozados.
Desollados por el pecado: el propio y el ajeno.
Mira el Señor compasivo a la gente del camino.
Y la cruz le va hundiendo de tanto peso asumido.

Cae Jesús por vez tercera.
Idolatría. Del tipo que sea. Dijo “Dios” y fue herejía.
Quiso vivir a lo grande - ¡como Dios!- pero sin Dios.
Oropel en vez de oro. Copo de nieve, no perla.
Saco roto, cisterna agrietada.
Carmen, ardor febril: pecado, caída, miseria.
Cristo, Amor sin fin: los clavos, la sangre, madera.


Muere Cristo en el Calvario.
Calla la Tierra dolida.
Lloran ángeles y santos.
Ya ha acabado la agonía.

El griterío ha cesado.
El juicio es piedra caída.
La muchedumbre ha marchado.
La luna gime a escondidas.

Y Carmen viste de fiesta.
¡Volvió la oveja perdida!
Su cuenta ya está saldada,
y la tuya, y la mía.

A precio de Sangre ajena
llega el perdón y la Vida.
Jesús, los brazos abiertos.
Mentira y muerte vencidas.

Con la sangre del Costado
Carmen limpia sus heridas.
“Yo tampoco te condeno:
no peques más, niña mía”.

Y en el banquete de bodas
la Mesa ya está servida.
La cuenta la pagó el Novio:
la novia está redimida.

lunes, 11 de julio de 2011

Adulterados

"Sí señor. Yo soy cristiano. De los de toda la vida. Bautizado y comulgado. A Misa no voy mucho, porque no la entiendo y con el cura este nuevo, tan joven, como que no me motiva. Pero si usted viera las cosas que hacen los que los domingos llenan las Iglesia… Lo importante es ser buena persona y ayudar a los demás. ¡Eso es lo que dijo Jesús, nuestro Señor!. Lo otro… bueno, todos sabemos que la Iglesia con el tiempo ha ido inventando mucho. Que no es por criticarla, que yo soy cristiano, de verdad. ¡Mire usted la de obras de caridad que hacen las monjitas! Cuando internamos a mi suegro en un asilo, oiga, la verdad es que el de las hermanas tenía algo especial. Al final entró en otro privado: sí, es más caro, y no tiene capellán, ¡pero tiene gimnasio!. De todas maneras hay que reconocerles el mérito, que hacen mucho bien. Y con los pobres y los niños… Yo tengo un nene apadrinado en una ONG. Bueno, yo no: mi señora. Pero es lo mismo.

En mi familia siempre se ha creído en Dios. A mi José lo bautizamos al mes de nacer, y a la nena igual. Y los dos estudiaron en colegios de pago. Claro que los tiempos cambian, y ninguno de los niños se ha casado ni han bautizado a mis nietos. Pero porque ahora se lleva menos, y con la crisis uno se tiene que pensar dos veces el gasto que supone una boda o un bautizo, ya me entiende usted. Ellos son buenas personas, gente honrada, ¿y qué otra cosa es ser cristiano?. ¡Estoy seguro que hasta rezan de vez en cuando! ¡Como yo! ¡Como todo el mundo!.

Que no hay que ser extremistas, que luego se acaba como los musulmanes esos que ponen bombas. La fe es para ayudarte a ser buena gente. Y ya le digo que yo soy cristiano. Sí. Y lo digo con la cabeza muy alta, que no me da vergüenza ninguna. Aunque tampoco hay que ir contando a cualquiera las intimidades de uno. Que a nadie le interesa si yo creo o no, si soy de derechas o izquierdas.

En el fondo yo pienso que todo el mundo es cristiano de alguna manera. Hasta los que dicen que no. Por ahí dentro tienen la cosa de la fe. Mire si no cuando pasa una desgracia, ¿qué decimos todos?. Pues eso: “Dios mío, ayúdame”. ¿Me dirá usted que eso no es ser cristiano?.

¿Quién se cree a estas alturas que Dios, que tanto nos quiere, nos vaya a condenar por no ir a Misa un domingo?. Esas cosas son de la Edad Media. Ahora las personas tenemos más cultura. Ya no se convence a nadie con amenazas de infiernos. Mi señora, que sí va a la parroquia, a veces llora pensando en los niños. Y a mí me toca calmarla, que ya son mayores y bien educados y buenas personas, y que Dios seguro que ve esas cosas. Yo la dejo que se desahogue, y al final siempre nos dormimos con bastante paz, gracias a Dios…"


Manolo se despierta, como cada día, con un vaso de leche desnatada, café descafeinado y edulcorante: desayuno light del cristiano light del siglo XXI.

viernes, 8 de julio de 2011

Un Dios que se duerme

Se me ha dormido Dios.
Creo que hace ya mucho tiempo.
Para mí que ha sido de puro aburrimiento.
Estaría agotado de tanto no poder hacer nada en mí.
Esperando que yo le diera paso, le abriera puerta,
le cediera turno. Sin poder mover ficha sin mí…

Pero es que he estado bastante ocupado últimamente.
Al menos los últimos 25 años.
Entre los estudios, los amigos, los amores, el trabajo, el matrimonio, el piso, el coche, más trabajo, los niños, los préstamos, las crisis, las discusiones, más trabajo, la muerte de mi padre, la enfermedad de la suegra, mi separación, mi divorcio, la casa nueva, más trabajo, mi novia con mis hijos, los amigos, la bebida, y alguna que otra cosa más, apenas he tenido un segundo para acordarme que tenía a Dios en “llamada en espera”. Y claro, se me ha dormido.

¡En el fondo es culpa suya!.
¡Podría haberme insistido un poco más!
¡Qué manía con la dichosa libertad!
¡Y anda que no me ha hecho falta!
Mi vida ha sido bastante tormentosa.
Aun ahora me siento bien ahogado.
Pero ha pasado tanto tiempo que me da miedo hablarle;
no se vaya a molestar si le despierto…
Tampoco recuerdo bien ya su nombre. ¿Cómo le llamo?:
¿”Tú, al que el viento y el mar obedecen”?

¡Hasta el viento y el mar…
y a mí se me ha dormido!

jueves, 7 de julio de 2011

Amor de los amores

Sé que este amor es Amor porque me sacia.
Porque me levantaré mañana como hoy,
sin desear encontrar otro mejor.
Porque éste, cada día es nuevo.
Porque en éste, ahora vivo en paz.

Sé que este amor es Amor porque, siendo exclusivo,
no resulta posesivo. Porque me abre a otros amores,
se traduce en ellos, y me llega por ellos.
Todo amor bueno queda asumido en mi Amor.
Y eso me llena, me colma.

Me rebosa este Amor,
regando y fecundando la vida que me rodea.
Mi cotidianidad es color “gris-primavera”.
No me adorna más maquillaje
que la cara lavada y la mirada limpia.

Sé que este amor es Amor porque es como el Agua.
La que apaga mi sed para siempre.
La que sacia mis anhelos, refresca mis descansos,
relaja mis nervios, templa mis sofocos, limpia mis heridas.
La que me mantiene viva.
La que es don de Dios…

Sí. Este Amor es como el Agua.
Como el Agua de las aguas,
así el Amor de los amores.
Y –junto al brocal de un pozo-
esta samaritana hoy le canta.

jueves, 23 de junio de 2011

Un Dios que no duerme

Mi Dios no duerme. Esta noche no.
Le ha desvelado una pena.
Y no hay brisa que le meza, ni Padre que le consuele.
Mi Jesús, soñando cielos, ha despertado en un huerto (Mt 26,36).
Y no hay luz que le sosiegue.
Hoy no hay nanas para el Hijo. Esta noche no.
Le ha desvelado una historia. Parecida a la mía, y a la tuya.

En la barca esta noche nos dormimos tú y yo.
Mi Dios no puede. El miedo le desveló.
La tempestad no se calma. Empapa la tierra el sudor.
Sólo un ángel le acompaña…

Mi Dios no duerme. ¿Quién le acunará?
No hay descanso en su pesadilla.
No hay alivio en la amistad.
Llueven lágrimas desde este Cielo encarnado,
hecho Hombre, hecho pecado.

En esta barca inundada,
entre estas olas que ahogan,
en un navío que va a pique,
esta noche, la noche de las noches,
mi Dios no duerme.

domingo, 10 de abril de 2011

Vida del hombre, gloria de Dios

Esta es la vida del hombre.
La vida nueva.
Cuando te hayas sentido morir, recuérdalo.

Puede que tengas. Puede que no tengas. De todas maneras, da.
Puede que te sientas solo, o que te aburra tanta gente.
No importa. La vida del hombre es ésta:
“Parte tu pan con el hambriento,
hospeda a los pobres sin techo,
viste al desnudo, y no te cierres a tu propia carne”.

Ésta es la gloria de Dios: la vida del hombre.
La vida de la buena, la auténtica, la enriquecedora,
la que da satisfacción, la que exige esfuerzo,
la que no entiende de clases, ni de protocolos,
ni de jerarquías, ni de exclusiones.

La gloria de Dios es la vida del hombre.
Y cuando el hombre viva,
cuando decida vivir como Dios,
vivir como lo hizo Dios en Cristo,
"entonces romperá tu luz como la aurora,
en seguida te brotará la carne sana” (Is 58, 7-8).
¿Y qué otra cosa es la resurrección?
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