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miércoles, 18 de diciembre de 2019

Valiente 2.0

Cantan mis chicos de Vetusta Morla que
"ser valiente no el sólo cuestión de suerte".
¡Y tanto que no!
¿Qué tendrán que ver los churros con las merinas?.
Ser valiente tiene que ver más con otras cosas:
Con una apuesta seria a favor de uno mismo o de otro.
Con superar los propios límites.
Con estar dispuesto a hacerse algún daño en el camino.
Con ir de frente hacia la dificultad para superarla. Con no huir.
Con el esfuerzo, una y otra vez, hasta lograrlo.

Me da igual si hablamos de la valentía necesaria para subir a un caballo, lanzarse en ala delta, declarar tu amor a una persona, aprender a conducir a los 40, intentar arreglar un conflicto familiar, confesar la propia fe, volar en avión o correr un maratón.
Pon aquí lo que quieras, que para todo sirve.
Por ejemplo, para aprobar una oposición.

Yo ayer me enteré que no había pasado el corte del primer examen.
Por 0,33 décimas. ¡Sólo por 0,33 décimas!
Exactamente por lo que me restó haber contestado UNA pregunta mal.
Después de un año entero de machacarme
preparando ese examen como una auténtica bestia.

No os diré que no me da rabia, o que no he llorado, porque mentiría.
Aquí una tiene su corazoncito.
¡Pero es que me he convertido en una tía muy valiente!
Porque hay que ser muy valiente para recomenzar,
para agarrar la agenda y volver a programar: tema 1...
Para no tirar la toalla y meterse de nuevo a fondo,
convencida de que la próxima sí que sí.
Porque estoy segura.
Porque las cosas que me pasan no son fruto de la suerte.
Porque a mí me cuida un Padre Bueno,
que me tiene preparado lo mejor en el 2020.
¡No lo dudo!.
No es un salto al vacío. Yo al otro lado tengo Quien me agarre.
Porque sí: ser valiente es cuestión de confianza.

Os dejo la descripción gráfica, para que lo veáis más claro,
deseándoos a todos mucho ánimo con vuestros retos,
y que seáis muy muy valientes.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Plot Twist

A los amantes del cine nos encantan.
Creo que muchas de las películas que han pasado a la historia
lo han hecho por contener un brillante plot twist.
En castellano, vuelta de tuerca o giro inesperado de los acontecimientos.
Veamos algunos ejemplos muy conocidos. Atención, spoiler.

Amenabar utilizó bastante el plot twist en sus primeras películas. En "Abre los ojos" se produce en el momento en el que el protagonista se da cuenta de que todo lo que le rodea es realidad virtual; en "Los Otros", cuando los vivos pasan a ser los muertos y viceversa (¡brillante!). Algo muy parecido ocurre en "El sexto sentido" de M. Night Shyamalan. Si nos vamos a los clásicos, Hitchcock nos dejó a todos helados en "Psicosis", revelándonos que la madre no era la madre sino el hijo. No sé a vosotros, pero a mí me pasa que, cuando el giro es muy bestial, en cuanto acaba la película siento la necesidad de volver a verla desde la nueva perspectiva, para darme cuenta de los pequeños avisos camuflados con los que el director ya venía anunciando que llegaba un


Es un clásico en el género de suspense, sin duda.
Si no, repasad cualquier novela de Agatha Christie, Arthur Conan Doyle o Stephen King.
Aunque, como dice el Eclesiastés, "nada hay nuevo bajo el sol" (Ecl 1, 9).
Todos los argumentos de todas las obras de todos los autores se basan en la vida.
Y de la vida, el gran autor por excelencia es Dios.
¡Que sí, que sí, que Dios inventó el plot twist!.

Primera parte:
Érase una vez el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, a quien se le cruza el cable y empieza a hacer tonterías: se planta contra su Creador (y Adán come del árbol), se planta contra su hermano (y Caín mata a Abel), se planta contra todo el mundo (y viene el diluvio universal). Y así sin parar. Años y años de vueltas, exilios, tropiezos, desiertos, pecados, infidelidades, guerras...
Y de repente Dios se marca un plot twist, y decide nacer Niño en un establo en Belén de Judá. Y todo cambia. La historia, que parecía una historia de perdición, era en realidad historia de salvación. Y nos quedamos tan en shock que tenemos que releerla para darnos cuenta de cómo Dios había ido preparándose un pueblo que vivía anhelando su venida. Y llegó. Llegó Aquél a quien esperaban, pero no como lo esperaban...

Segunda parte:
Érase una vez el hombre (y no cualquier hombre: el hombre israelita, judío religioso del siglo I, que rezaba pidiendo un Mesías), perdido en una trama brillante. El hombre que creía que el argumento exigía un libertador por todo lo alto, un rey poderoso que encabezara un ejército que consiguiera, para su pueblo, la libertad. Y Dios dio otra vuelta de tuerca. Nació pobre, vivió humilde, se relacionó con pecadores, se enterneció con los niños, habló del amor, del perdón, de ser hermanos, de la Voluntad del Padre, de las flores, los rebaños, los árboles y los pájaros, del Reino y de la Iglesia... Algo tan escandalosamente inaceptable que le llevó a la Cruz. Y va Dios y ¡plot twist!, Resurrección. Y lo que parecía que había sido un enorme fracaso se convierte en el acontecimiento más luminoso de la historia de la humanidad.

Llegados a este punto, toca hacerse la gran pregunta: ¿y qué pasa conmigo?.
No, no estoy preguntando de qué va el argumento de mi vida, con todas las tortas que me he pegado ya y las que vendrán. No hablo de las oscuridades, de las traiciones, de las injusticias, de los desprecios, de mis pecados, de las crisis, de las soledades, de los problemas. No, no cuestiono por qué parece que todos mis esfuerzos no dan ningún fruto. Porque ya he dicho que sé que las apariencias engañan, y que las cosas se entienden al final, repasando la peli.

La gran pregunta es: ¿de verdad creo? ¿Creo que Dios, mi Dios, el mismo de la primera y la segunda parte que he narrado antes, está preparando un pedazo de plot twist para la trama de mi vida? ¿Creo que estoy en sus manos, que es mi Padre, y que soy objeto de su amor misericordioso; que está conmigo cada día, que no depende todo sólo de lo que me hagan los demás o de mis propias fuerzas, y que no me va a dejar hasta me quede boquiabierta con la maravilla que ha soñado para mí?

Pues eso.
Adviento.
¡Ven, Señor, no tardes! ¡Lúcete!
Que te vea,
y que lo disfrute,
y que te aplauda por toda la eternidad.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Mi cosa más bonita

Cuando llega la noche, paso a arropar a las peques en la camita, y -después de hacer nuestras oraciones- les digo a cada una:
- Tesa, que duermas bien, que sueñes con cosas bonitas: que sueñes con pechuga, con los patos del río, con el valle en el pueblo, con cazar grillos, con tu mantita, con mandarinas, con mimitos...
Hadasita, que duermas bien, que sueñes cosas bonitas: que sueñes con tu osito, con las pinturas de colores, con chocolate, con vacaciones, con tu muy mejor amiga, con la Navidad, con Tesa...
- ¿Y tú? ¿con qué vas a soñar tú?
- Yo soñaré también con cosas bonitas, las más bonitas: soñaré con vosotras.
Y nos damos besitos.

Entonces yo me meto en la cama, y me tapo bien.
Y se apagan las luces.
Y a veces, estando ya medio dormida, me parece escuchar:
- Mi niña, que duermas bien, que sueñes cosas bonitas: que sueñes con tu plaza de funcionaria, con conciertos de Vetusta Morla, con yemitas de Santa Teresa, con la familia en torno a tu mesa, con inviernos de mantita y libro, con pizza de quesos fundidos, con tus amigos más fieles, con Hadasita, con Tesa...
- ¿Y Tú? ¿con qué vas a soñar Tú?
- Yo soñaré -despierto- también con cosas bonitas. Porque soñaré contigo. Y tú, mi niña, eres mi cosa más bonita...

sábado, 8 de julio de 2017

Fin de curso

Ha llegado el fin de curso.
Ha sido un año duro, difícil, agotador,
con una mudanza de por medio
y muchas cosas personales que no vienen a cuento.
Pero como cada fin de año,
igual que como cada noche en el examen de conciencia,
quisiera decirle al Señor tres palabritas:
gracias, perdón, y ayúdame más.

Gracias por mi trabajo.
Porque tengo trabajo. Porque es un buen trabajo.
Porque me hace ser mejor persona y mejor cristiana.
Porque si meto la pata puedo perdir perdón y sacarla
y aprender, como poco humildad.
Gracias por las manos tendidas,
por las palabras de apoyo en los momentos más duros,
por la fe en mi valía personal 
por encima de mis muchos defectos.
Gracias por la amistad.
Gracias por la ocasión de poder ayudar a otros,
por el privilegio de ser instrumento tuyo
entre los más pequeños.
Gracias especiales este año por R, 
por su cariño, y sobre todo por su ejemplo.

Perdón por los tropiezos, por los enfados, 
por el cansancio, por la ingratitud.
Por las veces que he perdido la paciencia.
Por las que he hecho daño aun sin querer.
Por los días que no he tenido fuerzas para más.
Por mis pecados: los públicos
y los que sólo Tú conoces.

Ayúdame más, Señor.
A tratar a los demás con el amor con el que Tú me tratas a mí.
A ser más generosa, sin condiciones.
A seguir sonriendo pese a las dificultades.
A no desesperarme si las cosas no salen como quisiera.
A recomenzar de tu mano después de cada tropiezo.
A aceptar que no llego a donde quisiera,
y que si llego a donde llego es gracias a Ti.

En tus manos, Señor, dejo mi fin de curso.
Si he aprobado o suspendido, Tú dirás.

domingo, 8 de mayo de 2016

Ascensión

Define la RAE, en primera instancia, la ascensión como 
"Acción y efecto de ascender (subir a un sitio más alto)".
Y pienso yo, con mi lógica simple de siempre,
que si los cristianos somos los seguidores de Cristo,
y por eso cargamos con cruces, 
y defendemos la verdad a gritos desde los tejados,
y nos esforzamos en amar con un estilo muy característico,
y aguantamos críticas y chaparrones y traiciones,
incluso la aparente monotonía absurda del taller de Nazareth,
¡cómo no vamos a seguirle en su Ascensión!.

Subir a un sitio más alto.
No parece complicado.
Recuerdo que, cuando hace años 
vi la película de Fray Escoba
se me quedó muy grabada una escena 
en la que un fraile le preguntaba
qué había que hacer para ser santo.
Él respondió que de eso de ser santo él no sabía
(¡pedazo humilde el mulato!),
pero que debía ser algo parecido a ser bueno.
El fraile volvió entonces a preguntarle, 
esta vez qué había que hacer para ser bueno;
a lo que fray Escoba respondió:
"ser un poquito mejor".
Y yo pensé: no parece tan difícil.
Si soy un poquito mejor cada día,
al final seré buena y... 
¡¿quién sabe?!, quizás santa.

Ser un poquito mejor. Subir a un sitio más alto.
Han pasado los años y según mi experiencia, 
de fácil no tiene nada.
Ese poquito diario es HEROICO.
Hay veces que estoy tan agotada de esforzarme tanto
que pienso que dar un poquito más es imposible.
Que me voy a romper de tanto estirar.
¡Y así es!, así es si lo hago sola.
Lo que pasa es que se me olvida,
como pisar a fondo el embrague.
Lo sé, pero a la hora de hacerlo no me acuerdo.
Cuando mi Señor me dice que sin Él no puedo,
¿en qué idioma me lo tiene que repetir 
para que se me quede? ¿en klingon*?.

Estoy en mi ratito de oración de la mañana,
y el Buen Dios me habla con esta frase,
para que no me queden dudas de por dónde va el tema:
"Nunca te desalientes,
porque el Señor está siempre dispuesto a darte
la gracia necesaria
para esa nueva conversión que necesitas,
para esa ascensión en el terreno sobrenatural" (S.J.E: Forja, 237).
Un pasito más, Hadasita, aunque sea a gatas,
con el impulso que da el saber que no eres lo que logras,
Tras las huellas de Jesús hacia los brazos del Padre.
¡ARRIBA!
¡Feliz fiesta de la Ascensión a todos!


* Aclaración para los lectores menos flikis: idioma construido por Marc Okrand como lengua vernácula de la raza klingon en el universo de Star Trek.

domingo, 3 de abril de 2016

Dios es Misericordia

Cuando era niña aprendí aquella canción que decía: "Dios es Amor, la Biblia lo dice. Dios es Amor, San Pablo lo repite...". Bonita, y útil. Gracias a ella recuerdo perfectamente que la definición de Dios como Amor está en el capítulo 4, versículo 8, primera de Juan. 

Pasan los años, y las experiencias hacen que a la palabra "amor" le añadamos connotaciones diversas, y que al final nos cueste reconocer a Dios en esa definición; porque en el fondo sabemos que Él es mucho más que lo que hasta ahora hemos experimentado en los amores humanos, tan efímeros e insustanciales a veces.

Y llega un momento en la vida de la Iglesia que el Espíritu sopla y remueve las cosas. Y sin cambiar en absoluto la verdad de la esencia de Dios como Amor, le añade un adjetivo calificativo muy revelador: "Misericordioso". Ya no es cualquier tipo de amor: Dios es Amor Misericordioso. Nuestro Dios es el Dios de la Misericordia. No es una novedad, sino un recuerdo. Si leyésemos más los Evangelios recordaríamos que Lucas tiene su capítulo 15 dedicado a las parábolas de la Misericordia. Pero los católicos, bien cabezotas e inconscientes, tenemos la Biblia de adorno cogiendo polvo en nuestras estanterías. Algo sí deberíamos aprender de nuestros hermanos protestantes...

Como Dios es Amor y conoce nuestra masa, inspiró a Faustina Kowalska todo un tratado sobre su Misericordia. Y parece que sí, que el Diario de Faustina sí lo hemos leído más últimamente. Sobre todo desde que San Juan Pablo II declaró el segundo domingo de Pascua como fiesta de la Divina Misericordia. Sin dejar de recomendar fervorosamente la lectura de este diario, vuelvo al principio, a la Palabra y a la infancia. Y por expresa petición de Hadasita, para felicitaros la fiesta de hoy, os cuelgo esta parábola en lugar de algunos preciosos textos conmovedores que tienen Teresa de Jesús, Fray Luis de Granada, o la propia Faustina sobre la Misericordia de Dios, que podréis encontrar fácilmente en internet. Queridos niños que me leéis, también los niños adultos: el Amor Misericordioso de Dios es así:

jueves, 4 de febrero de 2016

Él sanará

Como amar
si te han 
herido?
Y tu herida
aun de ti
no se ha ido?
Entrégala,
dásela,
a Cristo.
En sus
llagas
vives metido.
Él sanará 
en ti,
lo que tú
no has podido.
En sus heridas
curados
hemos sido.
(J. Zubiaurre)

domingo, 31 de enero de 2016

¡Hasta luego!


Mi mamá se fue ayer por la tarde.
Se marchó sin prisas, tranquila,dejándonos acompañarla.
¡Lo que daría por haber visto su reencuentro con mi papá!
Él la estaba esperando, igual que mi otro Papá.
El mío. El suyo. El nuestro.
Desde el Hogar nos seguirá cuidando,
como Dios a Efraím, como lo hacen las madres (Os 11, 1-5).
Hasta luego, mamá. Volveremos a vernos,
Y todo será alegría y paz. Como tú nos lo enseñaste.

domingo, 8 de marzo de 2009

Uno de cuatro

Uno de los cuatro lugares más especiales que he tenido el privilegio de ver en persona es éste: el Monte Tabor. Los otros tres son, sin duda, el Lago Tiberiades, el Santo Sepulclo, y la Cárcel de Caifás. Son sitios donde la voz de Dios suena con tanta claridad que asusta. Cuando saqué la foto era consciente que no expresaría lo que allí se siente, pero sabía que al verla yo se me pondría de nuevo la carne de gallina: y así ha sido. Fue pisar tierra en la cima del Monte, y el grupo entero quedamos en silencio. Ante el Misterio lo mejor que se puede hacer es callar. Creo que hay lugares que el Señor quiso dejar especialmente impregnados de su Presencia, y es así de una forma tan real que o te agarras a la barandilla o te caes de culo. Y reto al que no me crea a que lo pruebe por sí mismo. No sé cuántos ateos habrán acabado de rodillas en un sitio así. Imagino que muchos.
.
Hice aquel viaje antes que llegara Hadasita. Hoy, buscando la foto para colgarla en el blog, le he contado lo que ocurrió allá hace 2000 años.
- Papá Dios le recordó a Jesús que era su Hijo amado.
- ¿Jesús?
- Sí, Hadasita: Jesús.
- ¿Y yo?
- ¡Pues claro! Papá Dios es tu Papá de verdad, no lo dudes.
- ¿Y tú? ¿Tú también eres su hija amada?
- Eso espero...
- ¿Y Tesa?
- Jajaja, Tesa viene en el pack, ya sabes que no se puede quedar solita; donde estemos tú y yo estará siempre ella.
- ¿Y esa nena?
Ha abierto mi cuaderno de notas y ha señalado la foto de una de mis alumnas al azar. Y se me ha hecho un nudo en las tripas.
- Sí, cariño, esa nena también.
- ¿Papá Dios quiere a esa nena tanto como a Jesús?
- No me cabe duda.
- ¿Aunque saque malas notas y se porte mal?
- Sí, Hadasita.
- ¿Y si sacara buenas notas y se portara bien la querría más?
- La querría exactamente igual. Porque Papá Dios quiere a sus peques sin condiciones.
- ¿Y tú? ¿Tú la querrías exactamente igual?
.
Mi niña siempre hace lo mismo. Cuando me ve llorar deja de preguntar y se abraza fuerte a mi cuello. Sabe que algo gordo pasa por dentro. Y ante el misterio lo mejor que se puede hacer es callar. Mis lágrimas contestan solas, con la misma precisión con la que se sigue escuchando la Palabra de Dios en el silencio del Tabor...

sábado, 31 de enero de 2009

Una nubecilla gris

Me hacen gracia estos bichines. Carry, como la canela, rubia, potente, fuerte, puro carácter. Tesa, mi nubecita gris, juguetona, cariñosa, hogareña, silenciosa pero super atenta. Cada una un mundo distinto, igual que las personas. Yo no me atrevo a juzgar cuál de las dos es mejor: me parecería un juicio injusto. Por lo que imagino que a Dios ni se le ocurrirá pensar que tal hija suya es mejor que la otra... Qué bonito, ¿verdad?.

Ayer mi nubecilla gris se puso malita. No sabemos si es de la tripa o de la garganta, pero no asimila los alimentos. Era de noche, no había ni un alma en la calle: sólo yo, con Tesa envuelta en una toalla, en un veterinario de urgencias. A la porra con el sueño, con la casa y la colcha para lavar o tirar directamente, con el dinero invertido, con lo que sea. Y si por un animalito soy capaz de volcarme así, ¿qué no hará Dios por cuidar de mí? Gracias, Tesita, tesorito, por recordarme la importancia de la confianza.

domingo, 25 de enero de 2009

Y me reincorporo

Es lo que toca. Así lo hacía el mismo Jesús: se retiraba, para luego volver a la acción. La lavadora ya está en marcha... ¡y mañana al cole! Viendo el contador de visitas, imagino que más de uno se habrá acordado de pedir por mí... Gracias a todos, de corazón.

Para quien pueda entenderme, que más que cargar pilas, lo que he hecho es descargar exceso de equipaje. Romper cadenas, digerir malos tragos, desenredar ideas, cerrar carpetas, engrasar el corazón y hacer sitio a la Vida Nueva. Y no penséis que es poco trabajo para 4 días. Me ha cundido, gracias a Dios. Os dejo la imagen de María que nos saludaba cada mañana al bajar las escaleras del cuarto. Bonita, ¿eh?.

Tesa ha venido a recogerme: parece que se le ha hecho demasiado larga mi ausencia, porque se me ha comido a besos en cuanto me ha visto. Mi bichito es mudita, pero se expresa con una claridad abismal.

Desde aquí un saludo a todas las que habéis compartido conmigo estos días. Especialmente a Marta y al "Caballero Negro", por su paciencia y cariño.

De todas las canciones que nos han recomendado para la oración, me quedo esta noche con ésta: ya conocéis mi debilidad por Eva Amaral... Que la disfrutéis.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Tesa II

No puedo evitar subir otra foto, para que veáis la mirada de mi Tesa. Es la cosita más dulce que he visto desde que volví de Nicaragua. Puro cariño, pura gratitud, pura fidelidad, pura docilidad, una perrita en estado puro (aunque no tenga pedigree). Y pese a su pequeño tamaño, nos ha llenado la casa. No ha dicho ni mú, pero nosotras hemos vuelto a reir, y a jugar, y tenemos unas ganas locas de volver del cole para tirarnos por el suelo con ella. No puedo decir que la quiero más que a Carry, porque no es cierto. Mi Carry siempre será mi Carry. Tesa jamás será Carry. ¡Pero Carry tampoco Tesa! TLo mismo que no hay nadie que pueda ocupar mi lugar en el corazón de Dios. Y yo tampoco tengo pedigree. ¡Qué maravilla saberse único, y qué descanso saberse incondicionalmente amado! Tesa, bolita de pelos al viento: ¡gracias por querer venirte a vivir con nosotras! ¡Y gracias por esta primera gran lección!

lunes, 1 de diciembre de 2008

Detrás de cada lucecita

La otra noche estuve en una exposición de cuadros de un amigo. Era en la planta 14 de uno de los mega-hoteles de top-luxe que hay a la entrada de Valencia. Como soy curiosona, metí la naríz hasta donde pude, incluído el balcón. La vista desde allí era todavía más impresionante que el frío que hacía. Y eché esta foto.

En realidad no se ve nada. Sólo lucecitas. Pero me dió por pensar... Detrás de cada lucecita hay un hogar; y dentro una familia; y dentro personas; y dentro cantidad de histórias. La grandeza y el valor de esas lucecitas es, pues, infinitamente mayor que la de todas las estrellas juntas. La que hay encendida ahora mismo en este cuarto mientras escribo, o la que hay en el vuestro mientras me leéis, también.

Ha empezado el Adviento. Y ha empezado el mes. Y la semana. Y ha pasado otro lunes. Y la historia continúa. Y los que conocemos que somos hijos de Dios sabemos que habrá un final con beso.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

De nuevo en red

No voy a hablar de lágrimas hoy. Ahí quedan, todas bien guardadas por el Buen Dios. Las que ya se han secado y las que todavía correrán. Ninguna se perderá si la causó el amor.

Hoy vuelvo de nuevo a la red. Ya tengo internet en casa. Y decido retomar la normalidad, porque los días son oro, y no puedo seguir desperdiciándolos con la mirada puesta atrás. Una vez, alguien muy sensato me dijo que, cuando se cierra una puerta, hay que apartar la mano para no pillarse los dedos...

Hoy es un hoy único. Los juegos del ayer en el césped entre lametones y mordiscos no volverán; pero la ocasión que tengo hoy de levantarme y lavarme la cara y sacarme la sonrisa y confiar en que todo es para bien, tampoco. Así que salgo de la cama. Oficialmente vuelvo a la vida pública. Abro la ventana, y que sea lo que Dios quiera. Si Carry y Hadasita pueden vivir tranquilas, sabiendo que lo que yo les doy es lo mejor para ellas, ¿a qué temeré yo? Quien se cuida de mí sabe más; y puede más; y hace más. Y si a mí se me partiría el alma si viese a mi chuchi llorando en su nuevo hogar, ¿¡cómo puedo permitir yo que mi Padre del Cielo me vea gastando kleenex a mogollón, cuando me ha regalado la oportunidad de recomenzar!? Todavía tengo muchos sueños por los que luchar.

Hoy es el principio del principio. Hoy al fin me rindo, me abandono, cedo. Y ahí soy más fuerte. Hoy digo lo que debí haber dicho hace una semana:

sábado, 27 de septiembre de 2008

Sentimientos (I)

Ordenando libros en casa, he dado con un curioso "Diccionario de sentimientos". El índice es extenso: deseo, calma, desasosiego, amor, ira, aburrimiento, miedo, valor, trsiteza, alegría, culpa, vergüenza...

Es complejo este mundo de los sentimientos en las personas humanas.
Yo estudio mucho a Carry, me llama cantidad la atención. Sé que ella tiene sentimientos. La veo contenta, triste, contrariada, pletórica, juguetona. A mí me quiere con locura, y cuando llego del trabajo y entro en casa se hace pis de la emoción. Cuando me ve llorar se acerca por delante y me lame las orejas, o se me sube por la espalda y me mordisquea el pelo. Cuando quiere jugar me coge del pantalón y tira de él para llevarme hacia el jardín. Cuando la riño pone cara de compungida, y esconde el morrito entre las patas. A veces tenemos broncas de las buenas, y le caliento el culete con la zapatilla a base de bien. Y entonces se aleja de mí, a una distancia prudencial, medio con miedo, medio enfurruñada. Pero en menos de 10 minutos ya se le ha pasado el enfado, y viene a buscarme, poniéndose panza arriba para que le acaricie la tripita: porque sabe que me encanta, ¡es tan suavita!. Al principio pensaba que ya no se acordaba del enfado, que su memoria era limitada. Pero luego la veo cómo recuerda a la perfección otras cosas. No se le olvida que "seu" es que quiero que se siente, o que "al meu costat" es que no corra, o que "beset" es lametón en la mejilla, o que "anem al carrer" es que coja su correa, que toca paseo. O sea, que memoria sí tiene. Al menos para las órdenes básicas. Pero para los sentimientos... parece que los sentimientos en ella sí tienen fecha de caducidad. Los enfados, la tristeza, esas cosas apenas le duran. En cambio, a las personas humanas nos cuesta un montón pasar página. Es curioso, ¿verdad?. Si nosotros estamos mejor hechos que los perros, en ese dolor prolongado debe haber algo bueno, algo provechoso; aunque todavía no he pillado qué puede ser.

También me he dado cuenta que en Carry y en Hadasita, los sentimientos tienen un fundamento objetivo. Hay causa-efecto. Se disgustan cuando las riño, están contentas cuando jugamos, tranquilas cuando todo está en orden -incluído el horario, por supuesto-, alteradas cuando llueve, melancólicas los lunes...
En cambio las personas mayores hacemos cosas raras.
Nos sentimos mal si pensamos que alguien no nos ha saludado con amabilidad, y sospechamos si nos saludan con "demasiada" amabilidad.
Sentimos inseguridad si nadie comenta el valor de nuestro trabajo, aunque esté bien hecho.
Nos agobiamos y asustamos por cosas que probablemente ocurran, o probablemente no.
Cuando alguien nos hace un favor sentimos que le debemos algo a cambio. No es agradecimiento: es falta de fe en la gratuidad.
No nos ajustamos a lo objetivo. Y tampoco en esto he pillado todavía por qué puede ser.

Carry, Hadasita y yo. Cuando antes he afirmado la superioridad humana sobre los perros, ¿a quién me refería? ¿a mi peque o a mí?. ¿Quién se asemeja más a Dios: el niño o el adulto?.

Me paro a hacer mi oración de la mañana y leo: "Siendo niños no tendréis penas: los niños olvidan en seguida los disgustos para volver a sus juegos ordinarios. -Por eso, con el abandono, no habréis de preocuparos, ya que descansaréis en el Padre" (C.864).

viernes, 19 de septiembre de 2008

Hogar

No hay nada como el hogar.
Hoy no hemos ido al cole. Los viernes libramos. Es genial.
Tampoco hacemos nada especial: ponemos lavadoras, limpiamos la casa, leemos cuentos, vemos alguna peli, dormimos la siesta, pinto palotes con Hadasita y juego a la pelota con Carry. Pasamos el día descalzas y en pijama: ¡ni siquiera nos duchamos los viernes!. Son... algo muy parecido a un domingo. Estamos tranquilas y contentas, porque estamos en casa.

No hay nada como el hogar.
Para la noche, Carry tiene su caseta, Hadasita su cunita, y yo mi cuarto. Por mi ventana se cuela una rama de parra verde. Y en la pared he pintado una ovejita cubierta por un cielo de estrellas.

Hace mucho tiempo os recomendé la lectura de un libro, "El Padre del hijo pródigo", de Cabodevilla. Recuerdo que cuando lo leí, imaginé la escena mil veces. Imaginé a aquel joven que regresaba de una batalla perdida, herido y agotado. Y se encontraba con un banquete y una fiesta por todo lo alto. Imaginé al chaval, delante de su plato de ternero cebado, sin apenas probar bocado, con el estómago hecho un nudo, conteniendo cuanto apenas las lágrimas. Imaginé que las dejaría salir a borbotones al llegar a su cuarto. ¡Su cuarto! Una mirada detenida alrededor: todo seguía en su sitio, donde lo dejó. Como si jamás hubiese marchado de casa. Como si el Padre hubiese estado convencido desde el primer día de su regreso inminente. Sus sábanas favoritas, su ropa limpia en el armario, el libro que dejó a medio leer, la lámpara llenita de aceite... Seguro que fue en ese momento, justo en ese preciso momento -y no antes- cuando el hijo se sintió de nuevo en casa. Y cuando estuviese durmiendo a pierna suelta, ¿qué otra cosa podría haber pasado?: entra el Padre de puntillas, lo arropa, le besa la frente, y deja la puerta un pelín abierta... por si el niño se despierta, que la luz del pasillo que entre por esa rendija le haga recordar que ya no está solo. ¿No hacían lo mismo nuestras madres cuando éramos pequeños?

No hay nada como el hogar.
Casita buena.
El escritor sagrado (Ap.21,3) define el Cielo como la residencia común de Dios con los hombres. Lo que nos espera al final del camino es... una casa paterna. La ovejita que pinté en la pared me recuerda esta historia a diario. Lo bonito es que conozco el final, y es un final feliz: leer cuentos, dormir siesta, pintar palotes, jugar a la pelota, ver la luz del pasillo encendida desde la cama... ¡Ser familia de Dios! (Ef, 2,19). Quizá por eso los viernes me gusten tanto. Quizá por eso me recuerden tanto a un domingo...

viernes, 29 de agosto de 2008

Tranquilidad (II)

Ayer os dejé caer una pequeña lista de cosas que ocurren de vez en cuando, y que parece que vienen rodadas para quitarnos la tranquilidad. No sé vosotros, pero yo me pongo nerviosísima, y acabo echando la ropa sucia a la basura en vez de a la lavadora, y la cáscara del huevo en la sartén. Y cuando llego a este punto, toca parar. Hoy lo he hecho. Me he sentado ahí mismo, en el suelo de la cocina, y me he puesto a jugar con Carry y con Hadasita, mordiéndonos y haciéndonos cosquillas las unas a las otras. Luego ducha general y todo arreglado. La cáscara del huevo a la basura, y la ropa sucia a la lavadora. Como debe ser.

Ya las tengo a las dos cenadas y tranquilitas. Carry con un peluche de un perrito en la boca, y Hadasita con su osito. Tal para cual. Pienso que la tranquilidad tiene bastante que ver con todo esto. Con jugar, con reir, con parar, con quererse, con estar acompañada, con darse cuenta que no pasa nada, con levantarse y volver a poner un poco de orden... En resumen: con orar. Salgo al jardín, huele a jazmín, las estrellas brillan allá en lo alto, todo calla. Me tumbo en el balancín, con las rodillas del Buen Dios como almohada, y cierro los ojos. Me ha parecido sentir un beso en la frente... Ya todo es tranquilidad.

domingo, 6 de julio de 2008

Cuenta atrás ("Tres...")

Las cuentas atrás suelen empezar así: "Tres, dos, uno... ¡¡cerooooo!!". Pues aquí empieza la mía: "Tres...". Tres días para volar hacia Nicaragua. Y un nudo en la tripa más grande que el charco que tendré que cruzar. Es el dichoso miedo. A lo desconocido, supongo. Desconozco lo que me espera allí, y desconozco el cambio que este viaje pueda producir en mí.

Todo esto me parece una tremenda locura. No sé cómo se las ha apañado Dios para mandarme allá sin darme tiempo a pensarlo siquiera un par de días. Él no tiene miedo, porque no desconoce nada. Cuenta con todo, porque todo lo sabe, y por eso juega sus cartas a la perfección. Y sabía que llegaría mi cuenta atrás y me moriría de miedo. Quizás por eso no me dejó pensármelo. Quizás -por fin- me espere algo bueno. Quizás sólo tenga que confiar. Como hace Hadasita. Ella prepara su maletita en un plis-plas, mete su osito, su libro de cuentos, y su vestido favorito; y ya está lista para lo que venga. Si la llevo yo, siempre viene contenta: jamás duda que iremos a algún sitio bueno. Los niños son así. Mi peque es así. Y así quiero ser yo.

"Tres...". Yo sigo como loca buscando mi pasaporte entre las cajas del traslado; y mi niña ya está lista, preguntando sin parar: "¿Nos vamos ya? ¿Falta mucho? ¿Cuándo nos vamos?". Carry corretea moviendo el rabo con la lengua fuera, dando vueltas a nuestras piernas, sin entender nada: ni la alegría de Hadasita ni mi miedo. Imagino que Dios andará mirándonos a las tres con infinita ternura...

domingo, 30 de marzo de 2008

Un domingo especial

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Había una vez un pastor que tenía 100 ovejas, y se le perdió una.
Había una vez un padre, al que se le marchó de casa un hijo.
Había una vez una ovejita y un chaval joven, que salieron a buscar lo que encontraron de nuevo en su hogar.

Hace un par de años estuve en Roma sola. Ví mil cosas, disfruté como una loca, tengo el atardecer en el Tiber grabado en la retina y en el corazón a fuego, como nunca después volví a verlo. Y tuve tiempo para pensar. Es lo bueno de viajar sola. A veces hace falta (como le pasó a la ovejita o al pródigo). Andaba dándole vueltas a lo de la justificación. Imaginaba a Lutero pisando aquel mismo suelo que yo pisaba entonces, y qué es lo que le andaría rondando en la cabeza. Releí el pasaje sentadita en San Juan de Letrán. Y no lo entendí. ¿Nos justifica la fe, nos justifican las obras, la fe aunque las obras no salgan, las obras aunque la fe no acompañe?

Salí de allí y me encontré de morros con la Santa Escala. Me acerqué a ella por primera vez. No sabía bien qué era, pero como soy una persona educada, y "allá donde fueres haz lo que vieres" (¡otro refrán popular chuli!), me arrodillé y empecé a subirla. Veía que la gente rezaba algo, pero no sabía el qué. Miré el reloj: eran las 3 de la tarde. Así que saqué mi rosario del bolsillo y empecé: "Coronilla a la Divina Misercordia. Por la señal...". Y fui subiendo, escalón tras escalón. A poco más de la mitad ví la imagen del fondo completa: Cristo Crucificado, y arriba Dios Padre bendiciendo (¿bendiciéndole, o bendiciéndonos?). "Padre Eterno, te ofrezco el cuerpo y la sangre, el alma y la divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación por nuestros pecados y los del mundo entero". Y entonces lo entendí. «Somos justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús» (Rom.3,24).
Y lloré...

Hoy es un domingo especial. Celebramos la fiesta de la Divina Misericordia. Y he decidido poneros la imagen de la ovejita en vez de la del Cristo, porque a mí me ayuda a recordar mejor el sentido de este día y de la Pascua en general.

Había una vez un Pastor que salió en busca de su oveja perdida, ¡y la encontró!. Había una vez un Padre que estrechó entre sus brazos al hijo roto y hambriento, y lo vistió de gala y montó una fiesta por todo lo alto para celebrar que lo había recuperado con vida. Había una vez un Dios, que amaba tanto al hombre, que quiso pagar por él. Esa era la esperanza de Pablo («la vida, que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí». Gal.2,20), y esa quiero que sea la mía.

"Jesús, que en el Evangelio te comparas a la más tierna de las madres, confío en Tus palabras, porque Tú eres la Verdad y la Vida. Jesús confío en Ti contra toda esperanza, contra todo sentimiento que está dentro de mí y es contrario a la esperanza. Haz conmigo lo que quieras, no me alejaré de Ti, porque Tú eres la fuente de mi vida" (del diario de Faustina Kowalska).

domingo, 10 de febrero de 2008

Boo & Hadasita

Los que me conocéis personalmente sabéis la de años que llevo buscándola. Hemos recorrido todas las tiendas, preguntado en toda España por email, incluso en Disney París, o por ebay hasta Estados Unidos, en pujas perdidas. Y cuando ya me había rendido, cae en mis manos; justo cuando no la buscaba, llega a mí, y gratis.
Se llama Boo, pero bien podría llamarse Hadasita: parecen gemelas. Mi peque se ha vuelto loca al verla, ha llorado a moco tendido de pura emoción, y no hay quien las separe: seguro que hoy duermen juntas. Cuando me ha preguntado de quién era el regalo, iba a decirle que de Alberto... pero he dudado un poco. Estas cosas son de Dios. Lo de Alberto ha sido atinar por casualidad; lo de Dios, pura providencia. "Nos la ha regalado Dios, por medio de Alberto".
Hadasita lo ha entendido enseguida. Quizás antes, cuando la buscábamos angustiadas por todas partes, no estábamos preparadas para recibirla como regalo. Quizás ocurra así con todas las cosas que nos da Dios, con sus mimos,... incluso con Dios mismo.
Éste es el primer mandamiento: te dejarás amar por Dios con locura... y todo lo demás se te dará por añadidura cuando toque; los Padres saben bien cuándo convienen las cosas...
PD: Alberto, ¡mil gracias!.
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