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martes, 10 de diciembre de 2019

Juicio por combate

Los que hemos seguido Juego de Tronos hemos disfrutado viendo varios juicios por combate. Pero en realidad no es un invento de la serie: existieron de verdad, sobre todo entre los pueblos germánicos, y se mantuvieron en uso durante toda la Edad Media, desapareciendo a lo largo del siglo XVI.

Estas luchas a muerte tenían lugar para solucionar aquellos conflictos en los que la acusación no contaba con testigos y no había logrado que el acusado confesase. En estos casos, si se solicitaba juicio por combate, ambas partes luchaban a espada y el ganador era proclamado poseedor de la verdad.

Pero la mayoría de las veces, el combate no lo realizaban ellos mismos, sino alguien nombrado para representarles. Así, el acusado podía solicitar que otra persona más fuerte que él luchara en su nombre . Podía ser un amigo, un familiar, o alguien a quien pudiera pagar para ello. Por su parte, las casas nobles solían tener contratados los servicios de algún guerrero a quien se encomendaba estos asuntos; en ocasiones incluso utilizaban a presos, a quienes se les prometía la libertad en caso de ganar un determinado número de juicios por combate.

En realidad eran luchas bastante injustas, pues el acusado normalmente no tenía medios para buscar a alguien que luchara por él y que estuviera a la misma altura de su contrincante. Quien tenía más dinero podía elegir al mejor luchador. Y así, el pobre, el humilde, perdía inevitablemente.

Está claro que para entender este tipo de costumbres hay que situarse en la mentalidad de la época. Pero hay una idea de fondo que me parece útil para explicar algo que es a la vez más antiguo y más nuevo todavía: la Redención del hombre. Con las siguientes salvedades, por supuesto.

- Que en nuestro caso, sí hay testigos, sí hay confesión, y sí somos culpables.
- Que quien luchó por nosotros, no lo hizo por honores ni por dinero, sino por amor.
- Que nuestro Guerrero ganó muriendo.
- Que es tanta su fuerza, por ser Dios, que con su lucha dio muerte a la muerte misma.
- Que tras aquella victoria, ya no existe nada en el mundo capaz de vencernos, si permanecemos unidos a Él.

Dice Rom 8, 31-37: "Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?. El que no perdonó a su propio Hijo, antes lo entregó para todos nosotros, ¿cómo no nos ha de dar con Él todas las cosas? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Siendo Dios quien justifica, ¿quién condenará? Cristo Jesús, el que murió, aún más, el que resucitó, el que está a la diestra de Dios, es quien intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Según está escrito: `Por tu causa somos entregados a la muerte todo el día, somos mirados como ovejas destinadas al matadero´. Mas en todas estas cosas vencemos fácilmente por Aquél que nos amó".

Es cierto que la vida nos sigue trayendo cada día muchos problemas y dificultades.
Y que nosotros seguimos pecando, que parece que no aprendemos nunca.
Pero yo, para mí, hoy vuelvo a solicitar juicio por combate.
Me agarro a Aquél que es mi Escudo, mi Fuerza, mi Baluarte.
Y me quedo en paz, porque sé en manos de Quién he puesto mi vida.

martes, 3 de diciembre de 2019

Hoy no

Estos años de silencio han impedido que se comentara aquí una serie que, con alguna puntualización, considero que merece la pena ver: Juego de Tronos.
Atención, spoiler.

Traigo hoy a la memoria a Arya Stark y a su profesor de baile, Syrio Forel.
Muchas cosas aprende la pequeña de este hábil maestro de la espada, pero una será la que le servirá para convertirse en la heroína  indiscutible de la Gran Guerra: "Sólo hay una cosa que decirle a la muerte: HOY NO". 

Me gusta. Porque me sirve.
Sólo hay una cosa que decirle al miedo: hoy no.
Sólo hay una cosa que decirle a la pereza: hoy no.
Sólo hay una cosa que decirle a la tentación: hoy no.
Sólo hay una cosa que decirle a la rendición: hoy no.

Hoy no. No es un buen momento para dar un paso atrás.
No es un buen momento para el desánimo, para bajar la guardia, para dejar las cosas importantes para más tarde. No es un buen momento para descansar, para aparcar la espada, para dejarse llevar.

Es el tiempo perfecto para trabajar con esfuerzo constante.
Los opositores sabemos muy bien lo que es vivir corriendo una carrera de fondo.
¿Cuántas veces al mes, a la semana, al día, me ha tocado sobreponerme a las ganas de tirar la toalla con un tajante, firme "HOY NO"?

Es el momento de hacerse fuerza y no dejarse llevar por la corriente.
Párate y mira a dónde llevan las aguas del ruido, de las prisas, del consumismo, del aparentar...
A vivir estresados, asfixiados, preocupados, amargados; a comer hasta explotar, a reunirse por puro compromiso, a empujarse en las tiendas gastando hasta lo que no se tiene, a blasfemar llamando a todo eso Navidad.

No. Hoy no. Y espero que mañana tampoco.
Eso nos convertiría en una especie de zoombie,
en alguien más muerto que vivo,
en un caminante blanco.

El Adviento nos pone en alerta, nos agudiza los sentidos,
nos enseña lo verdaderamente importante.
Es un kairós, un tiempo de gracia.
No es un a espera estática, sino activa. Un "Ven" que, a la vez, sale al encuentro.
Es un duro ir contracorriente; una batalla en serio por lo auténtico,
luchando en el ejército de un Niño-Rey que nada tiene que ver con ese gélido Señor de la Noche a quien sabemos que se le pueden parar los pies, como hizo Arya Stark, con un:

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