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martes, 24 de diciembre de 2019

Las cosas que pide Dios

Estos últimos días de Adviento
he estado pensando bastante en lo siguiente.
Hubo una vez un hombre llamado Abraham,
a quien Dios puso al frente de su pueblo.
Yahvé lo amó inmensamente, hizo con él una alianza,
y le prometió una descendencia
más grande que las estrellas del cielo.
A estas alturas de la historia, Abraham tenía 100 años,
y su mujer Sara 90.
Es cierto que Abraham tenía otro hijo, Ismael,
con Agar, la esclava egipcia de Sara.
Pero la promesa de Dios era
sobre la descendencia de un hijo del matrimonio.
Al buen hombre le dio la risa, y a su mujer también.
Pero al año Sara dio a luz a Isaac.
Y es que Dios cumple sus promesas.
Y todos fueron felices y comieron perd...
Bueno, no, todavía no.
Lo que ocurrió es que Dios quiso probar la fe de Abraham,
y le pidió que subiera al monte Moria y, allí,
le ofreciera a Isaac en sacrificio.
La cosa tiene pelendengues.
No era sólo el hecho de tener que dar muerte a su hijo,
a su primogénito,
al niño que milagrosamente se engendró entre dos ancianos.
Era además no entender cómo se podría cumplir, sin ese niño,
la promesa de una descendencia.
Dios pide. El hombre no entiende. Pero la fe obedece.
Y así Abraham se convierte en padre de los creyentes,
patriarca, roca firme de la fe de Israel.
Si alguien quiere leer la historia completa
que se pase por el Génesis: es una delicia.

Pasan los años. y encontramos en escena a otro hombre.
Esta vez un hombre joven. Carpintero. Un chico bueno,
enamorado hasta las trancas de la hija de Joaquín y Ana,
con la que estaba desposado.
María se llamaba la chica.
Una pareja preciosa,
descendientes de aquel Abraham del que hemos hablado antes.
Todo era promesa de amor y felicidad, cuando de repente...
nace Jesús.
Y Dios vuelve a pedir.
Y su petición suena tan extraña
como aquella del sacrificio de Isaac.
Dios pide a José que acoja a María.
Y que cuide de aquel Niño como de un hijo propio.
Iba a comenzar una historia de dificultades,
y persecuciones, de exilio, de incomprensiones.
Pero José, muerto de asombro,
acunó al Dios del Cielo entre sus brazos.

Las cosas que Dios pide muchas veces nos sorprenden.
Se salen de lo que teníamos planeado,
de nuestros propios planes vitales.
Otras veces, simplemente, nos dejan sin palabras.
Pero dos hombres de fe, Abrabam y José, nos enseñan a creer.
A confiar en que es el plan de Dios el que más mola de todos,
y con diferencia.

No hay que asustarse.
La mayoría de veces no nos pide nada extraordinario.
Igual es algo sencillito. Como quizás hacer silencio un par de minutos,
olvidar la cena, los regalos, las prisas, el ajetreo de la Nochebuena
y recordar por qué esta noche es tan importante.
Y darle gracias.
Y adorar...

viernes, 13 de diciembre de 2019

De lo que lleva el corazón...

Ayer me llegó por Whatsap un chiste. Dice así:
- Papá, ¿me compras una moto?
- No. Te compro un violín.
- Pero no papá,  ¡yo quiero una moto.!
- Ya te he dicho que no, que en todo caso te compro un violín.
- Bueno, pues cómprame un violín.
Después de tres meses de lecciones de violín,  el padre le pide al hijo que le toque algo....


De entrada me hizo bastante gracia.
Luego, además, me dio qué pensar.
Y es que hay pasiones que son dominantes; como los alelos, que hacen que el niño salga con rasgos asiáticos en los ojos si uno de sus padres es chino, por ejemplo.
Si el alelo es dominante, es dominante.
Si la pasión es dominante, también.

En teología siempre hemos asociado el término "pasión dominante" con el vicio y el pecado.
Y así hablamos del "defecto dominante" cuando nos referimos a la pereza, al orgullo, a la lujuria, a la envidia... Son impulsos contra los que hay que luchar, o acaban por someter a la persona.
Eso es verdad, demostrable e incuestionable.
Pero no es toda la verdad.

Pasión dominante para muchos es el fútbol. No cabe duda. No hablan ni piensan en otra cosa, y parece que sobreviven a la semana como pueden con la única motivación de llegar vivos al partido del domingo y ganar.
Pasión dominante es el culto al cuerpo. Incluye la adicción al gimnasio, la necesidad imperiosa del subidón de endorfinas que provoca por ejemplo correr, la esclavitud de la moda, la obsesión por la juventud y la cirugía estética, la ortorexia y el pánico a las calorías...
Pasión dominante puede ser el trabajo, si el trabajo lo abarca todo. Cuando no hay nada que sea tan importante como trabajar lo máximo, con la mayor perfección, el mayor tiempo posible. Cuando ser el mejor en lo laboral arrasa con la vida personal y familiar.

Pero pasión dominante es también lo que empuja  a la investigación médica, buscando una cura para el cáncer o el alzheimer sin apenas recursos. O lo que lleva a un voluntariado a Cáritas, atendiendo a las necesidades de tanta gente, día tras día y cada día más. Es lo que motiva al escalador a llegar a una cima más alta; al pescador a salir de noche a la mar con su red; al maestro a creer sin límites en las posibilidades de su alumno. Es lo que lleva a las mamás a arropar a sus niños en la cama, y al abogado a estar al día de todas las leyes y sentencias. Es lo que impulsa a unos payasos a un hospital infantil, o al apicultor a recolectar la miel entre mil abejas. Es lo que hace que una chica joven profese sus votos en un convento de clausura, y lo que lleva a un amante de las motos a simular una carrera a dos ruedas con un violín.

Y la lucha, en estos casos, no es por superar esa pasión,
sino por impedir que se apague.
De lo que lleva el corazón habla la boca; 
y las manos; y la vida entera.
Y un corazón cristiano lleva a Dios y a los hermanos.

Sobre lo que ama el corazón, toca el violín.
Quizás por eso, en medio de tanto ruido mundano
y del frío de un invierno tardío,
en un rinconcito de un blog insignificante, a mitad del Adviento, 
han empezado a sonar acordes de villancico...

sábado, 7 de diciembre de 2019

La actitud

Es muy importante.
Puede que lo más importante, junto con la intención.
La intención marca por qué hacemos las cosas.
La actitud el cómo.
El resultado ya no depende tanto de mí,
como de lo que Dios considere conveniente para mí.
Pero si la intención es hacer las cosas de la mejor manera posible
por Él, por amor a Él, ofreciéndolas además por quienes más lo necesitan,
la actitud no puede ser otra que la de superheroína.
Da igual la monotonía, el aburrimiento, el cansancio.
Y los madrugones, y el desánimo, y la incertidumbre, y el miedo.
Hay que darlo todo. Siempre.
Sin rendición.  Las superheroínas nunca se rinden.
Esa constancia, ese esfuerzo, ese cariño con el que hacemos las cosas,
sin duda son virtudes heróicas.
Se puede estar asustada, se puede no tener ganas,
se puede incluso llorar muchas veces.
Pero enseguida hay que ponerse en pie,
recta, puños en las caderas, cabeza alta.
Respirar hondo, recordar la intención, orar y a trabajar.
Día tras día. Adviento tras Adviento.
Ésa es la actitud.

(Anatomía de Grey,  temporada 11, capítulo 14)

jueves, 5 de diciembre de 2019

Plot Twist

A los amantes del cine nos encantan.
Creo que muchas de las películas que han pasado a la historia
lo han hecho por contener un brillante plot twist.
En castellano, vuelta de tuerca o giro inesperado de los acontecimientos.
Veamos algunos ejemplos muy conocidos. Atención, spoiler.

Amenabar utilizó bastante el plot twist en sus primeras películas. En "Abre los ojos" se produce en el momento en el que el protagonista se da cuenta de que todo lo que le rodea es realidad virtual; en "Los Otros", cuando los vivos pasan a ser los muertos y viceversa (¡brillante!). Algo muy parecido ocurre en "El sexto sentido" de M. Night Shyamalan. Si nos vamos a los clásicos, Hitchcock nos dejó a todos helados en "Psicosis", revelándonos que la madre no era la madre sino el hijo. No sé a vosotros, pero a mí me pasa que, cuando el giro es muy bestial, en cuanto acaba la película siento la necesidad de volver a verla desde la nueva perspectiva, para darme cuenta de los pequeños avisos camuflados con los que el director ya venía anunciando que llegaba un


Es un clásico en el género de suspense, sin duda.
Si no, repasad cualquier novela de Agatha Christie, Arthur Conan Doyle o Stephen King.
Aunque, como dice el Eclesiastés, "nada hay nuevo bajo el sol" (Ecl 1, 9).
Todos los argumentos de todas las obras de todos los autores se basan en la vida.
Y de la vida, el gran autor por excelencia es Dios.
¡Que sí, que sí, que Dios inventó el plot twist!.

Primera parte:
Érase una vez el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, a quien se le cruza el cable y empieza a hacer tonterías: se planta contra su Creador (y Adán come del árbol), se planta contra su hermano (y Caín mata a Abel), se planta contra todo el mundo (y viene el diluvio universal). Y así sin parar. Años y años de vueltas, exilios, tropiezos, desiertos, pecados, infidelidades, guerras...
Y de repente Dios se marca un plot twist, y decide nacer Niño en un establo en Belén de Judá. Y todo cambia. La historia, que parecía una historia de perdición, era en realidad historia de salvación. Y nos quedamos tan en shock que tenemos que releerla para darnos cuenta de cómo Dios había ido preparándose un pueblo que vivía anhelando su venida. Y llegó. Llegó Aquél a quien esperaban, pero no como lo esperaban...

Segunda parte:
Érase una vez el hombre (y no cualquier hombre: el hombre israelita, judío religioso del siglo I, que rezaba pidiendo un Mesías), perdido en una trama brillante. El hombre que creía que el argumento exigía un libertador por todo lo alto, un rey poderoso que encabezara un ejército que consiguiera, para su pueblo, la libertad. Y Dios dio otra vuelta de tuerca. Nació pobre, vivió humilde, se relacionó con pecadores, se enterneció con los niños, habló del amor, del perdón, de ser hermanos, de la Voluntad del Padre, de las flores, los rebaños, los árboles y los pájaros, del Reino y de la Iglesia... Algo tan escandalosamente inaceptable que le llevó a la Cruz. Y va Dios y ¡plot twist!, Resurrección. Y lo que parecía que había sido un enorme fracaso se convierte en el acontecimiento más luminoso de la historia de la humanidad.

Llegados a este punto, toca hacerse la gran pregunta: ¿y qué pasa conmigo?.
No, no estoy preguntando de qué va el argumento de mi vida, con todas las tortas que me he pegado ya y las que vendrán. No hablo de las oscuridades, de las traiciones, de las injusticias, de los desprecios, de mis pecados, de las crisis, de las soledades, de los problemas. No, no cuestiono por qué parece que todos mis esfuerzos no dan ningún fruto. Porque ya he dicho que sé que las apariencias engañan, y que las cosas se entienden al final, repasando la peli.

La gran pregunta es: ¿de verdad creo? ¿Creo que Dios, mi Dios, el mismo de la primera y la segunda parte que he narrado antes, está preparando un pedazo de plot twist para la trama de mi vida? ¿Creo que estoy en sus manos, que es mi Padre, y que soy objeto de su amor misericordioso; que está conmigo cada día, que no depende todo sólo de lo que me hagan los demás o de mis propias fuerzas, y que no me va a dejar hasta me quede boquiabierta con la maravilla que ha soñado para mí?

Pues eso.
Adviento.
¡Ven, Señor, no tardes! ¡Lúcete!
Que te vea,
y que lo disfrute,
y que te aplauda por toda la eternidad.

martes, 3 de diciembre de 2019

Hoy no

Estos años de silencio han impedido que se comentara aquí una serie que, con alguna puntualización, considero que merece la pena ver: Juego de Tronos.
Atención, spoiler.

Traigo hoy a la memoria a Arya Stark y a su profesor de baile, Syrio Forel.
Muchas cosas aprende la pequeña de este hábil maestro de la espada, pero una será la que le servirá para convertirse en la heroína  indiscutible de la Gran Guerra: "Sólo hay una cosa que decirle a la muerte: HOY NO". 

Me gusta. Porque me sirve.
Sólo hay una cosa que decirle al miedo: hoy no.
Sólo hay una cosa que decirle a la pereza: hoy no.
Sólo hay una cosa que decirle a la tentación: hoy no.
Sólo hay una cosa que decirle a la rendición: hoy no.

Hoy no. No es un buen momento para dar un paso atrás.
No es un buen momento para el desánimo, para bajar la guardia, para dejar las cosas importantes para más tarde. No es un buen momento para descansar, para aparcar la espada, para dejarse llevar.

Es el tiempo perfecto para trabajar con esfuerzo constante.
Los opositores sabemos muy bien lo que es vivir corriendo una carrera de fondo.
¿Cuántas veces al mes, a la semana, al día, me ha tocado sobreponerme a las ganas de tirar la toalla con un tajante, firme "HOY NO"?

Es el momento de hacerse fuerza y no dejarse llevar por la corriente.
Párate y mira a dónde llevan las aguas del ruido, de las prisas, del consumismo, del aparentar...
A vivir estresados, asfixiados, preocupados, amargados; a comer hasta explotar, a reunirse por puro compromiso, a empujarse en las tiendas gastando hasta lo que no se tiene, a blasfemar llamando a todo eso Navidad.

No. Hoy no. Y espero que mañana tampoco.
Eso nos convertiría en una especie de zoombie,
en alguien más muerto que vivo,
en un caminante blanco.

El Adviento nos pone en alerta, nos agudiza los sentidos,
nos enseña lo verdaderamente importante.
Es un kairós, un tiempo de gracia.
No es un a espera estática, sino activa. Un "Ven" que, a la vez, sale al encuentro.
Es un duro ir contracorriente; una batalla en serio por lo auténtico,
luchando en el ejército de un Niño-Rey que nada tiene que ver con ese gélido Señor de la Noche a quien sabemos que se le pueden parar los pies, como hizo Arya Stark, con un:

lunes, 2 de diciembre de 2019

Achicar distancias

No sé si a vosotros os pasa. Yo, últimamente, miro las noticias con muchísima preocupación. Más que nunca. Y pienso que no se puede hablar de coincidencia.

No es una coincidencia lo que está pasando, no. La gente se está enfrentando a la gente en la calle. Y no ocurre sólo en Barcelona. Está pasando en Bolivia, en Chile, en Venezuela, en Nicaragua, en Francia, en Hong Kong, en Irak, en Siria, en Yemen, en Nigeria...

Tanto conflicto a la vez no es casualidad. Y oigo a los expertos tratar de dar explicaciones políticas a algo que, para mí, tiene una única raíz, y es espiritual. ¡Lo veo tan claro!.

Mi generación ha crecido siendo testigo de una campaña mundial bestial contra Dios y todo lo que tiene relación con él, en especial contra la Iglesia católica. Eso es incuestionable. No hay nada a los ojos de la sociedad que me rodea, que esté peor visto que ser católico. Y claro, los valores cristianos ya ni se conocen: amar al prójimo, ser uno, perdonar al que nos ofende, orar por el enemigo... No, lo que vemos es justo lo contrario: una exaltación del egoísmo, de la individualidad y la división, una agresión  continua al que me molesta, gritos buscando la razón, rechazo a la opinión diferente, desprecio por los tribunales de justicia y sus sentencias, burla y mentira en los gobernantes, corrupción, crisis... Una bomba.

Y en medio de todo este desastre, empieza el Adviento. Una pequeña resistencia se empeña en parar, hacer silencio, y preparar una Navidad lejos del consumismo y los convencionalismos; y en volver la mirada a la gruta de Belén. Y Dios, cuya fe en el hombre es inquebrantable, sigue empeñado en achicar distancias con nosotros. ¿Quién puede temer la cercanía de un bebé recién nacido?


Buscamos en encuentro con el mismo Dios del pesebre hoy en nuestra vida: su calor, su ternura, su amor (¿hay algo más revolucionario que hablar de amor en pleno 2019?). Y se enciende una pequeña luz en la noche de nuestro tiempo. Y rogamos al Cielo:

Ven, Señor, necesitamos que vuelvas, queremos hacerte un hueco en este mundo de locos, anhelamos la paz que sólo Tú puedes darnos. Te pedimos, te suplicamos, en nombre de nuestros hermanos que tanto se empeñan en negarte, que no te canses nunca de achicar distancias, de ofrecer oportunidades, de iluminar oscuridades, de buscar encuentros. Por el amor que te llevó a hacerte Niño en Belén, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Adviento

En casa ya se han encendido las 4 velas. Los restos del naufragio van encontrando su sitio, y el orden empieza a rodearnos. Fuera llueve. Dentro, Tesa sigue malita. Todavía más adentro, el pábilo vacilante no se ha apagado (Dios cumple sus promesas, siempre). El cansancio físico ya es menor. La música ha vuelto a sonar a ratos. Al final todo llega... también la cuarta semana de un Adviento que pensé que este año no encontraría su hueco entre tanta caja...

jueves, 15 de diciembre de 2016

Malita

Hola, soy Tesa y estoy malita. Tengo algo que me hace pupa en el culete, y van y me ponen una mampara en la cabeza, como si fuese una lámpara. Mi mamuchi me hace mimitos y me llama su bombillita de adviento, pero yo tropiezo por todos los rincones y no me hace ninguna gracia nada de todo esto. En fin... dicen que el martes, si todo va bien, ya me la quitarán. Entre que mi ma ha puesto el ordenador un poco alto, y que paso el día casi entero en casa de mi tita, ya no puedo escribir tanto como antes. Pero quiero que sepáis que, sin contar con lo de mi culete, por lo demás estamos bien. Os dejo una foto y un tierno lametón.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Lo prometido...

... es deuda.
A falta de la caja de adornos navideños, que no aparece por ninguna parte, ésta es la "corona" que hemos improvisado para lo que queda de Adviento. Y que en nuestro hogar jamás falte la Luz.

Cositas bonitas

Tesa está un poco enfurruñada porque quería escribir ella; pero como es tan buena, al final se ha conformado con paz.

Quería contaros algunas cositas bonitas que pasan en nuestro nuevo hogar. Y la que se lleva el primer puesto es que desde aquí escuchamos campanas. No sé qué iglesia será, lo investigaré (estas cosas sólo ocurren conforme te acercas al centro, ¿cierto?). El caso es que... ¡nos encantan las campanas!. También ocurre que, cuando empieza a anochecer, desde la ventana de mi salón se ve la luna: ¡una pasada!. Y que la casa es mucho más grande pero parece mucho más pequeña; probablemente porque todos los días viene la familia a vernos. Tesa ya no se queda sola casi nunca, cuando voy a Misa mi nuevo párroco al verme se acerca a saludarme sonriendo, en la calle hay silencio, y en el orden que vamos creando paz. Es cierto que todavía siento pena: es lo que pasa cuando acabas un libro con un final triste. Pero igual que se pasa de página se cambia de libro, y en eso estamos. ¡Y más de adviento que nunca! No ha aparecido la corona, pero presiento que hoy, al fin, encenderemos las velas. Prometo foto si sucede el esperado acontecimiento. ¡Feliz domingo a todos!.

PD: hogar es donde te entienden. Aquí una imagen perfecta del nuestro...

sábado, 10 de diciembre de 2016

¡Buenos días!

Hace ya mucha luz, pero mi mamuchi tiene un ataque de sueño que le está durando días. Se levanta, deshace y ordena dos cajas, y se vuelve a acostar. En fin. Si duerme es que está cansada, pero tambié tranquila. Le he pedido que haga la misma foto que el otro día pero con esa luz tan chuli que entra, y ha sacado ésta sin levantarse del sofá; así os hacėis una pequeña idea de lo bonita que está quedando nuestra casita. Espero que os guste. 

lunes, 5 de diciembre de 2016

Quien quiera encontrarnos...

... sabe cómo buscarnos.
Yo estoy en la gloria en mi casita nueva. Mamuchi ha dejado de llorar, y las cajas van desapareciendo poco a poco. Le he pedido que me haga una foto, enfocando la misma pared donde el otro día sólo estaba mi cunita. Mirad:


Pues aquí estamos. Familia y amigos, nos tenéis localizadas, ¿verdad?. Feliz lunes a todos. Tesa.

viernes, 7 de diciembre de 2012

ADVIENTO


lunes, 12 de diciembre de 2011

Mi Niña

Mi Niña tiene los ojos abiertos. No quiere perderse nada.
En ellos queda grabado todo lo que mira, y de ahí pasa a su corazón.
Mi Niña viste de Cielo. Lleva el Cielo por fuera y por dentro.
Y en el Cielo me espera. Y hacia el Cielo me lleva.
Mi Niña es morena, latina, como yo, de mi raza, de mi misma carne.
Junto a mi Niña siempre brilla el sol. No existe la Noche.
La Luz la rodea. Ella misma es Faro.
Mi Niña se recoge y espera.
Espera a Dios, igual que yo.
Espera a Dios, junto a mí.
Espera en silencio, y casi sonriendo, porque sabe que la espera será ya breve.
Ni Niña Lupita vela mis sueños, cuida mis horas, guarda mis secretos, conoce mis intentos.
Mi Niña Lupita me repite hoy, como siempre, al oído, susurrando a mis miedos:

"¿No estoy aquí Yo que soy tu Madre?
¿No estás bajo mi sombra y resguardo?
¿No soy la fuente de tu alegría?
¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis manos?
¿Tienes necesidad de alguna otra cosa más?"

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Es hora de hablar

Cuando yo tenía más o menos la edad de algunos de mis alumnos, Enrique cantaba "No hay oración".
Pero pasa el tiempo, y con él llega la experiencia.

Sí: es hora de hablar. Es hora de sentarse en silencio y descubrir que sí hay oración.
Que además la necesito.
Que otra vida puede ser algo más que una quimera.
Hora de hablar de conversión, de mis desastres.
Del pasado, del futuro, del presente. De las buenas intenciones.
De todo, porque a Dios todo le interesa.
Le intereso yo hasta el punto de buscarme donde sabe que me va a encontrar: en un cd de Búnbury.
En una letra, que ya no es de Héroes; es de gente como Enrique, como tú, como yo, como cualquier otro.

Es Adviento.
Es tiempo de oración.
"Es hora de hablar".
Y yo comienzo con estas palabras...

martes, 6 de diciembre de 2011

Binta y la gran idea

Un regalito de Adviento:



sábado, 26 de noviembre de 2011

¿Adviento?

Empieza este Adviento, que es continuación del mío personal, que a su vez enlaza con el grito del Pueblo de Israel de hace milenios.
¿Vendrá el Señor a salvarnos? ¿Llegará el momento del encuentro? ¿Es la esperanza cierta?
El camino se ha hecho demasiado duro. La noche indefinidamente oscura. El tiempo monotonía insípida. El corazón late cansado.
Enciendo una vela: la primera. No sé si la corona presagia navidad o muerte, principio o fin.
Hace tiempo que no sé qué es la alegría. Mi memoria no alcanza tan lejos. Suponiendo que alguna vez la sinitiera, que no fuera un mero juego de niña, una ilusión.
El Príncipe Azul, la Sirenita, los Reyes Magos, el Coco, el Ratoncito Perez, Santa Claus, Dios...
¿Cómo diferenciar ficción de realidad? ¿Dónde asentar la fe y descansar?  Si obras son amores, ¿qué amores entre tanto desamor son prueba de un Amor que no se siente?
Miro mi vela encendida y rezo, o leo, o lloro... viene a ser lo mismo...

Yo contigo, Señor, herido y ciego;
tú conmigo, Señor, enfebrecido,
el aire quieto, el corazón en fuego.
Y en diálogo sediento y torturado
se encontrarán en un solo latido,
cara a cara, tu amor y mi pecado.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Llueve

Llueve casi todas las semanas.
Llueve hoy, y llovió la semana pasada, y si no recuerdo mal también la anterior.
A Tesa no le gusta nada la lluvia, porque no puede jugar en el parque con los charcos. Bueno... podría, pero luego a casa no sube, y menos al sofá o a la cama. O sea, que no, que no "puede".
A Hadasita sí le gustan los días de lluvia. Le gusta echarse con nosotras en el sofá con la mantita, a ver "Matilda", mientras con su oreja en mi pecho escucha los latidos de mi corazón y con sus manitas diminutas acaricia el pelito suave de Tesita.
A las plantas de mi balcón les gusta la lluvia. El jazmín promete nuevas flores en breve. Estamos esperando ansiosas las tres. ¡Tenemos tantas ganas de primavera este otoño!.

A mí la lluvia me acompaña. Llueve fuera, y a ratos también llueve en mí.
El ruido de la lluvia, como una nana, me acuna y me ayuda a dormir.
Y pienso en la promesa de Dios, en la Palabra cumplida, en la Esperanza cierta y firme...
«Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo» (Is 55, 10-11).


jueves, 23 de diciembre de 2010

ya, pero todavía no...

- ¿Y cuándo lo veremos?
- No estoy segura. No creo que tengamos que esperar ya mucho.
- ¿Tú lo sientes?
- ¡Cada día más!
- ¿Se mueve mucho?
- ¡Mucho!
- ¿Y no te pesa?
- Algún ratito. Pero estoy tan contenta que en seguida se me pasa y vuelvo a sentirme ligera. Aunque claro: con Él tengo que cuidarme más. No puedo hacer cosas peligrosas.
- ¡Pero si tú nunca has hecho nada peligroso!
- ¡¿Cómo que no?! ¡Me casé contigo!...

Se escuchan risas...
José abraza a María.
Y en el invierno de los siglos estalla una intensa primavera.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Detrás de la montaña

El profeta abre el balcón, se asoma a la calle y grita con todas sus fuerzas: "¡¡¡Preparad el camino al Señor!!!" (Lc 3,4). Y por más altos que pongamos los villancicos, siempre habrá alguien que escuche, como en un sueño, su eco. Alguien que mire hacia arriba, buscando de dónde viene esa voz. Es un ejercicio peligroso: si buscas puedes encontrar cosas. Cuentan por ahí las abuelas que unos Magos, de tanto mirar, dieron con una estrella, y tuvieron que emprender un viaje inesperado que les cambió la vida para siempre.

Yo me asomo a mi ventana y veo... la ventana del edificio de enfrente. Detrás de ese edificio sé que hay otro, y detrás otro, y otro más... lo que no sé es hasta cuántos. Pero sí sé que en algún momento las luces cesan, los ruidos también, la gente desaparece, y los edificios, y queda la montaña. Una austera, alta y poco prometedora montaña que no me deja ver lo que hay detrás. Y que, con el frío y la noche, no me apetece nada subir.

Sé que esa montaña existe. Aunque no tenga nombre propio. Aunque no aparezca en los mapas. Es mía, en exclusividad. Tengo experiencia bien concreta de ella. El eco del profeta muere a sus pies. Miro hacia arriba y no veo más que metros de tierra, mi tierra. Debe haber treinta y tantos, al menos uno por cada año vivido hasta aquí. Y están compuestos por un sinfín de "me acuerdo de", "cómo me duele que", "yo ya no merezco que", "no puedo olvidar que", "siento que a mí no", "y por qué a mí", "es que yo sola no", "a estas alturas ya no", "la realidad es la que es"... y por un "que sea lo que Dios quiera" que suena más a rendición que a abandono confiado.

Mi Dios quiere vivir mi vida conmigo. Y una enorme montaña de sentimientos oscuros almacenados adviento tras adviento se ha levantado en medio, demasiado indiscreta como para ignorarla más. Abro los ojos, y desde algún balcón no muy lejano el profeta grita: "Que se abajen los montes... Y todos verán la salvación de Dios" (Lc 3, 5-6). ¿Cuántas veces detrás de la montaña está la aurora?...

"Si tuvieras fe como un granito de mostaza le dirías a esa montaña: quítate de aquí... Y lo haría" (Mt 17,20). Y sería Navidad.
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