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sábado, 8 de julio de 2017

Fin de curso

Ha llegado el fin de curso.
Ha sido un año duro, difícil, agotador,
con una mudanza de por medio
y muchas cosas personales que no vienen a cuento.
Pero como cada fin de año,
igual que como cada noche en el examen de conciencia,
quisiera decirle al Señor tres palabritas:
gracias, perdón, y ayúdame más.

Gracias por mi trabajo.
Porque tengo trabajo. Porque es un buen trabajo.
Porque me hace ser mejor persona y mejor cristiana.
Porque si meto la pata puedo perdir perdón y sacarla
y aprender, como poco humildad.
Gracias por las manos tendidas,
por las palabras de apoyo en los momentos más duros,
por la fe en mi valía personal 
por encima de mis muchos defectos.
Gracias por la amistad.
Gracias por la ocasión de poder ayudar a otros,
por el privilegio de ser instrumento tuyo
entre los más pequeños.
Gracias especiales este año por R, 
por su cariño, y sobre todo por su ejemplo.

Perdón por los tropiezos, por los enfados, 
por el cansancio, por la ingratitud.
Por las veces que he perdido la paciencia.
Por las que he hecho daño aun sin querer.
Por los días que no he tenido fuerzas para más.
Por mis pecados: los públicos
y los que sólo Tú conoces.

Ayúdame más, Señor.
A tratar a los demás con el amor con el que Tú me tratas a mí.
A ser más generosa, sin condiciones.
A seguir sonriendo pese a las dificultades.
A no desesperarme si las cosas no salen como quisiera.
A recomenzar de tu mano después de cada tropiezo.
A aceptar que no llego a donde quisiera,
y que si llego a donde llego es gracias a Ti.

En tus manos, Señor, dejo mi fin de curso.
Si he aprobado o suspendido, Tú dirás.

martes, 4 de abril de 2017

Recomenzar

Estaba equivocada.
No sé por qué tenía en la cabeza
la idea de que recomenzar era
retomar un camino perdido,
volver  a lo dejado y seguir caminando.
Pero no. Gracias a Dios no.
Ni tengo ni quiero tener
fuerzas para volver atrás.
Gracias a Dios, para recomenzar
no hay que retomar lo viejo.
Queda permitido tirar para siempre lo caducado.
Gracias a Dios se puede abandonar ese camino
y escoger otro diferente.
Y eso sí es recomenzar.
No es darle al play a un cronómetro
donde lo habíamos parado:
es poner el cronómetro a cero,
volver a contar: uno, dos, tres...
No vuelvo de una pausa:
vuelvo de un stop.
Y comienzo de nuevo.
Atrás queda el paisaje conocido,
con sus calles, sus gentes, sus costumbres.
Atrás también el dolor de dejarlo todo atrás.
Atrás los motivos por los que me planté.
Atrás las cosas como las hacía antes,
y por delante los nervios de la novedad.
Hoy coloco mis pies cansados 
sobre los pies llagados de Cristo
y le pido de todo corazón
que me bendiga, me consuele, me ayude. 
Que me proteja, que me cuide, que me sostenga.
Y que no se canse jamás de verme...

miércoles, 24 de agosto de 2016

Mi última certeza

Estoy pasando por una etapa difícil de explicar. Yo que siempre he sido bastante rígida en algunos planteamientos, afirmando que lo blanco era blanco y lo negro negro y punto, ahora me sorprendo interiormente desconcertada. Porque digo que algo es blanco y siento que no miento, y digo a la vez que es negro y tampoco. Miro a mi Tesa y la veo gris, pero si me fijo mejor y más de cerca, distingo en ella también pelitos blancos y negros perfectamente combinados. Empiezo a pensar que a veces las personas no me engañan; simplemente cambian de opinión, porque van aprendiendo cosas. Y si eso es así, no toda traición es traición y punto. Esto como ejemplo, pero me ocurre con más cosas. Me veo menos firme, menos rígida, y eso también me hace sentir a la vez bien y mal, inestable y avanzando. En fin, un lio de esos bien organizados que a veces nos monta el Señor. Pero como Él me conoce bien y sabe que estas cosas me ponen nerviosita, me ha regalado una certeza absoluta últimamente, que me ha venido en forma de la imagen  que os pongo a continuación, pero de la que además estoy teniendo una experiencia muy clara estos últimos días:

martes, 23 de agosto de 2016

Perdón por el taco pero...

... así es:

Y además soy una gran guerrera: lucho a saco. Y una princesa, hija del Rey. Y mis amigos son los mejores del mundo entero y parte del extranjeto. Y mi Tesa la más buena, y mi Hadasita la más dulce y lista. Y la voz de Dios me habla hasta por pen drive o enlaces via whatsapp. Y tantísimas cosas de las que no me entero o que doy por supuestas, inconsciente de mí igual que soy inconsciente de la mayoría de mis pecados ("absuėlveme, Señor, de lo que se me oculta"*). Vivo, entre el silencio y mil palabras, y -lo confieso- cierto dolor de tripilla ya por la vuelta al cole. Pero hoy, con taco y todo, me miro desde cierta distancia y creo que en verdad es justo dar gracias al Buen Dios siempre y en todo lugar. AMĖN.

*Sal 19,12.

miércoles, 27 de julio de 2016

¿Pirata?

Si hay un tesoro escondido; si existe una "X" que marca el lugar; si la Palabra es cierta y la promesa se cumple... yo quiero ser ¡pirata!.

Si existen la Paz, el Consuelo, el Descanso, el Amor, la Felicidad, así, con mayúsculas; y si además son bienes al alcance de mi bolsillo, ¿no los comprarė?. ¿O lo que tengo ahora vale más?: un trabajo que detesto, pero que me da para comer; el cariño de cuatro o cinco personas que llevan nosecuantísimos días sin preguntarme cómo estoy; una casa que no es mia; una libertad que oculta la soledad que prefiere quien sabe lo que es estar mal acompañado; un perrita que me come a besos ocurra lo que ocurra; un montón de desengaños, de decepciones, junto a algún bonito recuerdo al que agarrarse para no llorar; círculos viciosos, pescadillas que se muerden la cola, defectos dominantes; un futuro incierto del que ya sólo deseo que traiga estabilidad y que ya no vaya a peor...

¿Es esto lo que tengo? ¿Y todavīa soy tan estúpida como para agarrarme a ello cual Gollum con su anillo, cuando el verdadero tesoro está justo ahí, a un "déjalo todo y sígueme"?.

La perla de gran valor está en el fondo de mi piscina; es tan grande que la veo desde aquí fuera. Y yo que quisiera ser pirata no me atrevo ni a meter los pies... ¿Mi morralla a cambio de un tesoro? ¿Me atreveré a pujar y que sea literalmente lo que Dios quiera?. "Desafiando el oleaje, sin timón ni timonel, por mis sueños va, ligero de equipaje, sobre un cascarón de nuez, mi corazón de viaje..."*.


Sabina, "Peces de ciudad".

miércoles, 13 de julio de 2016

Despertando

Aun estando dentro de la burbuja espacio-temporal en la que la música en directo suele sumergirme de forma automática y con duración indefinida, y pese a que me da la sensación de estar moviéndome en un plano diferente al de la gente que re rodea, sin conseguir pisar la acera, sin gravedad, sin que puedan llegarme las interferencias que rebotan contra la impermeabilidad de mi burbuja mágica, aquí dentro el silencio se alterna con el sonido; y hoy reconozco los acordes de una canción con un mensaje muy claro: "Despierta". Confieso varias cosas: que cuando la escuché por primera vez no me dijo nada. Que cuando puse el disco de "Palosanto" en mi casa no lo entendí ni a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera; me costó bastante más. Los discos de Enrique son mundos a veces demasiado intensos para escuchas rápidas o superficiales. Pero cuando pude oírlo en directo, me pareció una caña el toque roquero que le había metido al espectáculo y le puse un 10. Aunque he tenido que esperar hasta HOY para que la canción me hablara. Son los kairós, los tiempos de gracia que no tienen demasiado que ver con los de los calendarios y los relojes. Fueron sus ojos mirando a los míos fijamente los que me hicieron darme cuenta de hasta qué punto estoy despertando estos meses. Despertando de cuentos de hadas que jamás se harán realidad y ni falta que hace, y de pesadillas que -si fueron reales en algún momento- ahora ya no importan. Me siento distinta porque soy distinta; quizás las cosas no hayan cambiado demasiado, al menos no para bien. Pero yo sí. Mi actitud sí. No sé si desde ahí fuera podréis escuchar lo que yo oigo aquí dentro: por si acaso, y como secundo al 100% la canción, os la cuelgo para deleite y disfrute de los que saben escuchar entendiendo que el buen rock es mucho más que música...

viernes, 1 de julio de 2016

En proceso

Que no esté publicando no significa que no esté escribiendo. A mi libro le han crecido casi 90 páginas... Roza ya las 300. Que salga es uno de mis grandes sueños, y me estoy tomando bastante en serio hacer lo que esté en mis manos para que se cumpla.

Cuando corriges cosas que escribiste hace unos 5 años y añades otras que salieron de ti en los últimos meses, darse cuenta de que ya no estás donde estabas es relativamente sencillo. Es cierto que haber vivido lo que he vivido (escribir es también vivir) me ha enseñado cosas gracias a las cuales ahora estoy en situación de escribir lo que escribo. La evolución es un proceso. Yo, hoy...

viernes, 3 de junio de 2016

Corazón de mi Jesús

Haciendo un ratito de oración he dado con este texto: "Si una Herida de Cristo limpia, sana, aquieta, fortalece y enciende y enamora, ¿qué no harán las cinco, abiertas en el madero?" *. Una de esas cinco llagas es la del costado, que nos dejó a la vista el Corazón infinitamente misericordioso de Dios. Juan, aquel discípulo niño, debió sospecharlo horas antes, cuando se arrimó al pecho palpitante de Cristo en la Sagrada Cena. No hay mejor lugar que el Corazón de mi Jesús para descansar el alma. Sólo en su Amor tiene sentido todo. 

Pido hoy al Señor lo que decía la cita: que limpie, sane, aquiete, fortalezca, encienda y enamore mi corazón con el suyo. Que no me permita que le ofenda más. Que pueda darle alguna alegría. Y que jamás desconfíe de Él; que pueda proclamar a los cuatro vientos que soy el objeto de sus cuidados y de sus mimos, y que he encontrado en esta Santísima Humanidad al amor de mi vida.

* SJE, Camino 555.

viernes, 27 de mayo de 2016

Aquí ahora, de cero

He encontrado esta imagen:


Y me ha encantado.

Gracias, Buen Dios, por el aquí y el ahora.
Porque el agobio de ayer ya no existe.
Porque el mañana está en tus manos.
Pero aquí y ahora estás conmigo.
Tú sostienes mis momentos,
los buenos, los malos, los regulares.
No te cansas de acompañarme,
de frenarme, de serenarme,
de darme la fuerza que necesito en este instante concreto.
El aire que me mantiene viva lo pones Tú.
Este amanecer es cosa tuya.
Las cosas no son ni un castigo ni un premio tuyo:
son tu Voluntad y punto.
Y eso me basta.
Tú eres mi fortaleza.
Tú, aquí y ahora.
A cada día le basta su afán (Mt 6,34);
a cada instante también.
Tus Palabras iluminan mi camino:
tu silencio me llena de paz.
Tú pones a cero mi reloj,
y en el cronómetro de mi vida estoy ahora.
Empezando de cero.
Como decía el poeta...

"Tú puedes empezar de cero,
en cualquier momento,
¡de cero!
Puedes dejar atrás el pasado,
todo el pasado. Y nacer de nuevo.
Te lo dice Jesús.
Te lo manda.
¡Hay que nacer de nuevo!
Murió lo viejo.
Quedó atrás para siempre.
Todo es nuevo.
Todo es gracia.

Tú puedes empezar de cero.
El Espíritu sopla donde quiere.
Y cuando quiere.
Está soplando ya.
Sal del escondite.
Ponte en pié en la llanura.
Y déjate derribar.
¡Déjate!

Tú puedes empezar de cero.
Dios es esto:
El que pone el reloj en nuestras vidas
en la hora cero.
En cualquier momento,
¡cuando tú lo quieras!

Tú puedes empezar de cero
ahora mismo
¿No lloras de alegría?"

(P. Loidi: "Mar Rojo")

lunes, 23 de mayo de 2016

Confirmado

Como decíamos Mick Jagger y yo ayer... más o menos..., "los viejos hábitos tardan en morir". Y este fin de semana, de alguna manera, lo he comprobado. Lo más sorprendente es que ha sido en personas que apenas me pasan de la cintura. Así que esos "viejos hábitos" parecen estar arraigados en nosotros desde bien pequeños.

Fui a tocar la guitarra a dos Primeras Comuniones, una el sábado y otra el domingo. El sábado me encontraba tan mal que no recuerdo ni qué toqué: era como una especie de máquina desplomada contra mi instrumento, raspando las cuerdas automáticamente. Pero cuando llegó el momento se me abrieron los ojos como platos. Me llamó mucho la atención. A las preguntas del sacerdote: "¿renunciáis a Satanás, a sus obras, al mal, al pecado.. etc?", los niños tardaron en contestar lo suyo. Al final, muy poco convencidos y con un hilito de voz, después de haber escuchado la pregunta al menos tres veces, casi por no quedar mal con toda la gente que les estaba mirando, dijeron un "sí, renuncio" bien poco enérgico. En cambio, cuando se les preguntó si creían en Dios, en su Trinidad, en el Espíritu Santo actuando en la Iglesia, en todas esas cosas tan misteriosas y complicadas de entender, su respuesta fue firme y contundente: "¡sí, creo!". Y pensé: anda, es más fácil creer lo imposible que renunciar a lo tangible. Aun así, concedí cabida a la posibilidad de que esos niños no hubiesen ensayado bien la respuesta, o que no supiesen en realidad qué estaban haciendo. Pero cuando el domingo, con otros peques diferentes, volvió a ocurrir exactamente lo mismo, no pude evitar escuchar en mi interior los acordes del comienzo de guitarra de la canción que os puse el otro día... 

Creo en un Dios Creador; creo que ese Dios, uno y único, es a la vez tres Personas distintas; creo que en el pan y el vino, tras la transustanciación, están el Cuerpo y la Sangre de Cristo; creo en el Espíritu Santo aunque no entiendo bien ni qué es; creo en la Iglesia y su santidad pese a ser objeto de las más duras críticas sociales... ¡Si, creo!. Pero... ¿renunciar a la mentira, al egoísmo, a la falta de amor, a la tentación fácil, al insulto y las palabras hirientes, a la comodidad, a la pereza, al aparentar, a la búsqueda del placer en sí mismo, a querer ser y tener más que los demás?... Uy, eso ya es otro cantar. ¡Hasta los niños lo saben!.  Confirmado: "los viejos hábitos tardan en morir"...

Salí de allí pensando en lo difícil que es ser cristiano hoy en día. Un poco desanimada, la verdad. Pero luego, de repente, unos metros más adelante de la Iglesia, volví a ver esas flores rosa fucsia, como las de la semana pasada. Y pensé en todos regalos pequeños pero continuos que el Buen Dios en quien decimos creer nos hace a diario. Y que en esta tarea de ser seguidores de Cristo no andamos solos: contamos con la mayor de las Gracias. Ésa que hace que en un fin de semana mortífero en el que cuesta hasta tenerse en pié, una se reponga del hábito de la desesperanza, y saque fuerzas de donde no las hay para seguir adelante -contra los viejos hábitos- con una sonrisa como ésta:


Confirmado, sí: con Él...¡se puede!.

sábado, 21 de mayo de 2016

Los viejos hábitos tardan en morir

Es el título de una canción 10 que compuso Mick Jagger para la banda sonora de Alfie. Magistral la música y la película. Pero hoy me quedo dándole vueltas sólo a la frase...

Los viejos hábitos tardan en morir. La conversión no es sencilla.
Aniquilar al hombre viejo, resabiado, quemado a veces,
y atreverse a dejar salir al niño que todavía llevamos dentro.
Superar de una vez por todas pecados que tenemos enquistados,
como si formasen ya parte de nuestra propia piel.
Enterrar para siempre esos recuerdos
que ocupan gran parte de nuestra memoria,
sólo para hacernos daño.
Abandonar el ejercicio de una vida acostumbrada
y retomar el "espíritu de la aventura"*con el que soñamos
cuando empezamos a recordar nuestros sueños.
Pasar de las prisas, los agobios, el qué dirán, la costumbre,
comerse el orgullo que nos pide buscar la autoimagen ideal
que tenemos de cómo debemos ser
y vivir, ¡vivir!, que -como me dijo ayer un hombre sabio-
es algo en lo que nunca podemos equivocarnos.
No se vive bien o mal: se vive y punto. Sin juicios. Sin machaques.
Es la voz del hombre viejo la que nos juzga en nuestro interior.
Pero una costumbre vence a otra costumbre.
Poco a poco, paso a paso, aunque cueste tiempo y esfuerzo.
El hombre nuevo quiere salir a la luz,
dejar que el sol le ilumine la cara,
probar a amar sin comisiones, a ver qué pasa.
Ser fiel, comprometerse, darse a fondo perdido.
Quiere dormir con la conciencia tranquila,
intentar la novedad de sonreír aunque no encuentre motivos,
cambiar viejos hábitos
por otros más saludables, divertidos, espontáneos.
Y que esos nuevos, si resultan merecer la pena, no mueran nunca.


PD: os dejo el vídeo por la canción, 
sin menospreciar la reflexión final que hace el pobre Alfie de su vida.
* Up.

domingo, 15 de mayo de 2016

El círculo

En clase de mates estamos dando la circunferencia y sus partes. Y me resulta imposible no acordarme de la explicación que, sobre la Trinidad, recibí en la Facultad de Teología, allá cuando los dinosaurios todavía paseaban por nuestras calles, las pizarras eran verdes y no existía la Wikipedia. Es de las pocas cosas que no se me han olvidado. 

Decía el profe que Dios es como el punto, que lo es todo, que está en todas las figuras. Es Padre y origen de todo lo creado. Cuando el punto se une con cualquier otro punto el resultado es la línea. Dentro de una circunferencia, la línea que une el punto del centro con cualquier punto de la circunferencia se llama el radio. Hay infinidad de radios, como hay infinidad de puntos en la circunferencia que pueden unirse a su centro. Ahí tenemos a Cristo, el radio, que es Dios puesto que está formado de puntos, y que a su vez une a Dios con el hombre, con cada hombre concreto o punto de la circunferencia. Puente (o Pontífice) que conecta en sí la Humanidad con la Divinidad. Pero Dios no se conforma con llegar a una persona, o a varias; en su ser Comunión, busca la unión con todos nosotros, hombres de todos los rincones del planeta y de todos los segundos de la historia. Después de la Encarnación, sigue buscando al hombre en cada punto, en cada línea: es el Espíritu Santo (que procede del Padre y del Hijo, del punto y la línea), que recorre cada punto de cada línea de la circunferencia, llenándola entera hasta formar el círculo. En cada punto del círculo estamos representados todos nosotros en unión con Dios. A mis niñas del cole, en mates, se lo dibujo así:


Es una forma de explicarlo. Hay muchas, tantas como intentos del hombre de acercarse con imágenes o palabras al Misterio. No importa si se entiende bien o no, puesto que Dios es mucho más que una circunferencia o un círculo. De todos modos yo, pequeño puntito de la enorme circunferencia del mundo, no salgo de mi asombro con el radio: que esté unida al centro me parece una prueba de Amor irrevocable. Pero que, además, junto a mi radio vea otros miles de millones de radios, y todos juntos vivamos en una comunión que nos hace uno en el círculo, mucho más allá de nuestras diferencias espacio-temporales o simplemente personales, lo encuentro la pasada de las pasadas.

Hoy me uno a la Iglesia Universal en su homenaje a este "círculo". Y grito en silencio desde lo más profundo de mi corazón: "¡Ven, Espíritu Santo!".

Ven, Espíritu que moviste a Zaqueo a subir al sicomoro, 
y ayúdame a desprenderme de todo lo que me aparta de Dios.
Ven, Espíritu que tocaste el corazón de la adúltera, 
y haz que mis lágrimas limpien la impureza de mi pobre corazón.
Ven, Espíritu que inspiraste a Pablo, 
y enséñame a rectificar posturas
y acercarme sin temores a tu Verdad.
Ven, Espíritu que sacaste a Bartimeo de la orilla del camino,
y ayúdame a pedir humildemente "Señor, que vea".
Ven, Espíritu que moviste a Pedro al arrepentimiento,
y hazme confesar: "Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo".
Ven, Espíritu de desprendimiento de la pobre viuda,
y ayúdame a ofrecer a Dios las pequeñas dos monedas 
que enriquecen mi simple personalidad.
Ven, Espíritu que sacaste a Nicodemo en plena noche,
y hazme nacer de nuevo a una vida según tu Voluntad.
Ven, Espíritu que abriste los oídos 
de los discípulos de Emaús al entendimiento,
y enciende mi interior hasta que arda a la voz de la Palabra.
Ven, Espíritu que provocaste el hambre del niño pródigo,
y llévame de regreso para siempre
al Hogar de los brazos del Padre.
Ven, Espíritu que moviste a María a darte su "sí",
y enséñame a decirte cada mañana un "serviam*" sincero.
Ven, Luz, Sol, Noche, Calma, Inquietud, Silencio,
Calor, Frío, Templanza, Descanso, Actividad, Motor, Pausa,
Fortaleza, Esperanza, Fe, Dirección, Sentido, Metanoia*.
Ven, Espíritu de Dios. Llena los corazones de tus fieles.
Y enciéndenos con el fuego de tu Amor.


*Serviam: te serviré.
*Metanoia: cambio de dirección, enfoque, conversión.

jueves, 12 de mayo de 2016

Tarde

Sustantivo y adverbio de tiempo. Los dos me sirven.
Esta tarde me ha dado por pensar que no es tarde.
No es tarde para afirmar que todavía soy joven.
Aunque sea mayor que antes.
No es tarde para los tacones, la minifalda y la barra de labios roja.
Aunque me haya costado años atreverme.
No es tarde para seguir estudiando,
¡y a lo mejor incluso al fin algo que me guste!.
No es tarde para aprender a decir "no".
Más que tarde es ya urgente.
Y sin tener por qué dar explicaciones:
no es tarde para el "porque no me da la gana".
A veces no es rebeldía adolescente, sino madurez y valentía.
No es tarde para amar. Nunca lo es.
Aunque el amor siga siendo un misterio para mí.
No. No es tarde para decir "te quiero".
Gracias a Dios tengo todavía una capacidad de amar brutal,
casi por estrenar, que he estado conteniendo
un poco estúpidamente;
y muchas personas a las que querer,
de distintas maneras, pero con toda el alma.
No es tarde para aprender a no preocuparme.
Y sí ocuparme de lo que y los que de verdad me interesan.
No es tarde para pasar olímpicamente de muchas cosas.
Empezando por lo que pueda pensar la gente de este pasotismo.
Tengo temas mucho más importantes en los que centrarme
que las urgencias impuestas desde fuera 
que no me llevan ni de lejos a donde quiero ir.
No es tarde -hoy lo he hecho- para subirme a la mesa
y gritar en medio del aula: "¡Oh capitán, mi capitán!"*.
No es tarde para aprender a pedir:
ayuda, mimos, reconocimiento, dinero, tiempo...
A veces sólo hace falta eso:
una tarde para darse cuenta de que no es tarde.

Escribió magistralmente Casaldáliga:
"Es tarde
pero es nuestra hora.
Es tarde
pero es todo el tiempo
que tenemos a mano
para hacer el futuro.
Es tarde
pero somos nosotros
esa hora tardía.
Es tarde
pero es madrigada
si insistimos un poco".


* El club de los poetas muertos.

domingo, 8 de mayo de 2016

Ascensión

Define la RAE, en primera instancia, la ascensión como 
"Acción y efecto de ascender (subir a un sitio más alto)".
Y pienso yo, con mi lógica simple de siempre,
que si los cristianos somos los seguidores de Cristo,
y por eso cargamos con cruces, 
y defendemos la verdad a gritos desde los tejados,
y nos esforzamos en amar con un estilo muy característico,
y aguantamos críticas y chaparrones y traiciones,
incluso la aparente monotonía absurda del taller de Nazareth,
¡cómo no vamos a seguirle en su Ascensión!.

Subir a un sitio más alto.
No parece complicado.
Recuerdo que, cuando hace años 
vi la película de Fray Escoba
se me quedó muy grabada una escena 
en la que un fraile le preguntaba
qué había que hacer para ser santo.
Él respondió que de eso de ser santo él no sabía
(¡pedazo humilde el mulato!),
pero que debía ser algo parecido a ser bueno.
El fraile volvió entonces a preguntarle, 
esta vez qué había que hacer para ser bueno;
a lo que fray Escoba respondió:
"ser un poquito mejor".
Y yo pensé: no parece tan difícil.
Si soy un poquito mejor cada día,
al final seré buena y... 
¡¿quién sabe?!, quizás santa.

Ser un poquito mejor. Subir a un sitio más alto.
Han pasado los años y según mi experiencia, 
de fácil no tiene nada.
Ese poquito diario es HEROICO.
Hay veces que estoy tan agotada de esforzarme tanto
que pienso que dar un poquito más es imposible.
Que me voy a romper de tanto estirar.
¡Y así es!, así es si lo hago sola.
Lo que pasa es que se me olvida,
como pisar a fondo el embrague.
Lo sé, pero a la hora de hacerlo no me acuerdo.
Cuando mi Señor me dice que sin Él no puedo,
¿en qué idioma me lo tiene que repetir 
para que se me quede? ¿en klingon*?.

Estoy en mi ratito de oración de la mañana,
y el Buen Dios me habla con esta frase,
para que no me queden dudas de por dónde va el tema:
"Nunca te desalientes,
porque el Señor está siempre dispuesto a darte
la gracia necesaria
para esa nueva conversión que necesitas,
para esa ascensión en el terreno sobrenatural" (S.J.E: Forja, 237).
Un pasito más, Hadasita, aunque sea a gatas,
con el impulso que da el saber que no eres lo que logras,
Tras las huellas de Jesús hacia los brazos del Padre.
¡ARRIBA!
¡Feliz fiesta de la Ascensión a todos!


* Aclaración para los lectores menos flikis: idioma construido por Marc Okrand como lengua vernácula de la raza klingon en el universo de Star Trek.

domingo, 24 de abril de 2016

¿Creo en el amor?

En alguna ocasión, las personas que me rodean me han escuchado decir que no creo en el amor. Y se han sorprendido. Entiendo que la afirmación, así, sin más explicación, puede no sólo sorprender sino incluso escandalizar. Por eso voy a matizarla un poquito.

No creo en el amor que nos vende Hollywood. Estoy absolutamente convencida de que el cine ha hecho muchísimo daño a las personas, creando en ellas un imaginario colectivo de lo que debería ser el amor que realmente no existe. Es bastante más probable que me encuentre a Batman saltando por los tejados de las fincas que me rodean, que a Edward subiendo las escaleras de servicio de Vivian con un ramo de flores, para rescatarla de su vida en la calle y llevarla a vivir un amor idílico donde pasarán el día bebiendo champagne y comiendo fresas. Dudo seriamente que un Colin Firth se llegase a fijar jamás, en la vida real, en alguien como Bridget Jones. Queridos Hugh Grant y Julia Roberts: ¡cuánto daño ha hecho vuestro trabajo a la humanidad!. La vida no funciona así. ¡La de lágrimas que se han derramado descubriendo que el príncipe azul, en realidad, es gris!. Este tipo de películas deberían llevar un aviso al comienzo que dijera algo como "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia", o "las autoridades sanitarias advierten que el consumo de este tipo de films puede producir a la larga efectos secundarios que dañen su salud afectiva e incluso psicológica". Sería al menos honesto.

En cambio sí puedo decir que he visto y vivido cosas. Cuando una persona regala a otra una edición limitada agotada de un disco imposible, con una dedicatoria que dice "era importante que lo conservaras tú para que todavía tenga más valor", ¿cómo se llama a eso?. Cuando alguien llora amargamente y tiene al lado a otro que la escucha con un silencio reverente, casi sagrado, ¿qué nombre le ponemos?. Cuando al final del pasillo de un hospital encuentras unos ojos familiares y un abrazo fuerte que te sostiene en pie, ¿cómo se puede definir lo que hay ahí?. Cuando puedes mostrarle a alguien tu lado más oscuro, tus pecados más vergonzosos, sin miedo porque sabes que nada va a cambiar que siga a tu lado, ¿no es eso amor?. Cuando, después de una baja, vuelves al trabajo y una de tus niñas te espera en la puerta para agarrarse a tu cuello con una sonrisa infinita, y te dice "te he echado mucho de menos", ¿no merece eso ser llevado a la gran pantalla?.

Creo en el amor, ¡por supuesto!. Pero en el amor real, del que he tenido experiencia tangible. Que se parece tanto al Amor de Dios como tan poco al amor romántico. Es más: creo que el amor es el motor de la vida, que no se puede vivir sin él como no se puede vivir sin aire. Creo en la amistad. Creo en la fidelidad. Creo en la honestidad. Creo en la gratuidad. No creo ser ni la mitad de buena de como me ve la gente que me quiere, pero sí creo que el amor que les lleva a verme así potencia mi valor, en los dos sentidos de la expresión. Creo que el amor cuesta, que el amor duele, y si no preguntadle a Aquel que me amó y se entregó por mí... a quien suplico, por su Gracia, que me ayude a romper mi frasco -como hizo aquella pecadora a sus pies (Mc 14, 1-9)- y dejar salir el nardo del amor que guardo contenido; sabiendo que, como ella, seré criticada pero que sólo así será redimida y tendrá sentido mi vida.


PD: Gracias, J: con la foto de "nuestro" disco dejo una prueba gráfica de que todo lo que cuento es cierto. El amor que simboliza es real, y recíproco. Dios te pague tanta emoción como me haces sentir.
PD2: Gracias, M: por acompañarme en este proceso de darme cuenta de las cosas, por repensar conmigo, por ayudarme a autocorregirme, por darme pista para correr y tiempo para hacerlo; pero sobre todo por estar ahí.
PD3: no me olvido de ninguno de todos los demás. ¡Os quiero!.

sábado, 16 de abril de 2016

Yo lo llamo Amor

Sigo con mi lectura de "X", cada vez más defraudada. Presiento que el autor lo ha escrito en pleno subidón hormonal propio del enamoramiento, y le ha salido bastante monotemático comparado con otros libros anteriores. Pero pese a todo continúo sacándole juguillo. 

Aquí otra perlita que me ha gustado bastante, porque yo doy una importancia enorme a la lealtad: odio la infidelidad y la mentira que casi siempre la acompaña. He perdido a mucha gente con muchos valores en el camino, por fallar en ésto, porque para mí es fundamental. La definición de Risto al respecto es la siguiente: "Leal es alguien que jamás te pregunta por qué lo hiciste. No le interesan las razones, pues tus motivos tendrás. Si estás en un apuro se mete hasta el cuello contigo. Si te juzgan por lo que sea, testifica sin siquiera conocer el delito. Si llevas un cadáver en tu maletero, él se presenta con una pala. Si algún día te estrellas, él se lía a... (omito blasfemias) contra el que puso el muro ahí, a quién se le ocurre. Y si te encuentras una piedra enorme en tu camino, él se agacha, la levanta y te pregunta a quién hay que apedrear. Eso es lo que yo llamo amistad".

Querido Risto: yo no lo llamo amistad. No espero tanto de ningún amigo. Yo lo llamo Amor, así, en mayúscula. Porque sólo conozco a una Persona capaz de comportarse así conmigo. Y te quedas corto, porque Él llegó mucho más allá, mucho más arriba, a lo alto de una cruz. Por mí, sí. Por ti también, pero por mí y sólo por mí innegablemente, aunque tú no existieras. Me ha encantado en concreto la forma de expresar lo que está pasando ahora mismo entre Dios y yo: "Si llevas un cadáver en tu maletero, él se presenta con una pala". Enterrando cadáveres andamos. Éste huele, porque lleva ahí mucho tiempo, y la pala tiene nombre propio. Pero sólo el Amor es capaz de ayudarme a darle la correcta y merecida sepultura. Así, sin asustarse, con la cara bien alta y enjugándome las lágrimas de paso.

Sí. Yo lo llamo Amor. Así, en mayúscula. Yo lo llamo Dios. Y me voy a dormir tranquila, segura de que la lealtad existe, que es real; sabiendo que tengo a mi lado a Aquél que siempre es fiel.

martes, 5 de abril de 2016

Hágase

Hágase el silencio en mis voces interiores.
Hágase la luz en mis tinieblas.
Hágase el valor sobre mis miedos.
Hágase el encuentro auténtico y sincero.
Hágase limpieza en el cajón del recuerdo.
Hágase el nuevo día, con lluvia o con sol.
Hágase el matrimonio entre emoción y razón.
Hágase la paz donde haya turbación.
Hágase la esperanza sobre la espera.
Hágase la confianza del que es niño.
Hágase la pureza más fuerte que la experiencia.
Hágase el amor con el Amor como ejemplo.
Hágase el hoy, mañana de un mal ayer.
Hágase el perdón sobre el rencor.
Hágase la persona sobre el instinto.
Hágase la libertad guardando la dignidad.
Hágase la amistad, la familiaridad, la incondicionalidad.
Hágase el silencio que custodia la música.
Hágase la verdad sobre la opinión.
Hágase la Palabra sobre parloteos y gritos.
Hágase Dios, resucitado, vivo, presente.
Hágase en mí. Como en María.
Hágase hoy. Hágase aquí. Hágase ahora.
Hágase.

jueves, 31 de marzo de 2016

Valiente

Sigo dando vueltas a mi reto de superar los miedos. Y me sale al encuentro, como siempre, la música. Mis grupos son como los mejores amigos: nunca me fallan. Vetusta Morla expresa de forma excelente en esta canción la valentía que se precisa para ser auténtico. Porque a todos nos ocurre: a mí al menos sí. Que ahora soy, ahora no; que no digo lo que digo, hago lo que no hago. Tras de mí hay una escena y diez mil frases que repetir... Y no es fácil ser uno mismo olvidando el guión, sin buscar un disfraz mejor. Porque si te sales del papel, si acallas al apuntador de la función en la que a veces nos metemos, podemos encontrarnos con que no somos como nos gustaría. Y eso sólo tiene dos salidas: o la frustración en el inmovilismo, o la exigencia de cambiar. Definitivamente ser valiente no es sólo cuestión de suerte. Es una opción de la voluntad.

Hoy alguien me ha dicho: "yo soy una persona fría, y no puedo cambiar". Y me han chirriado los oídos. No comparto en absoluto esa opinión. Todo el mundo puede cambiar. Yo soy todo lo contrario, muy caliente, y consigo templarme, con esfuerzo por supuesto, pero lo hago. Ni las circunstancias, ni siquiera mis propias inclinaciones, son obstáculo para poder ser cada vez más yo. Más auténticamente lo que deseo ser, lo que debo ser, lo que Dios soñó para mí en su plan desde el principio. Me siento un boceto todavía. Voy aprendiendo a base de error-acierto. Y en el camino hay cosas que me van quedando claras: por ejemplo que el miedo es malo.

La rabia con la que la canción transmite el dejarse llevar sin pensar, sin autocuestionarse, con miedo a enfrentarse a la verdad con valor, me encanta. Tiene mucha fuerza. Es toda ella pura ironía, salvando un par de frases, entre las que subrayo: no olvido los sueños, vuelvo a lo que no acabo. En eso estoy. Y lo hago sabiendo que ser valiente no es sólo cuestión de suerte, sino una apuesta firme por vivir la vida eligiendo la actitud con la que afrontar las cosas. ¡A disfrutar de la música!

sábado, 26 de marzo de 2016

Sin rendición

Ayer decía en un comentario que aceptar la voluntad de Dios no es una rendición. Y lo decía con la canción que os voy a poner abajo resonando entre mis recuerdos de otros tiempos. 

Los cristianos no nos rendimos, porque Cristo no lo hizo. Fue su vida una lucha de amor armada en favor del hombre, que acabó en victoria sobre la muerte. Eso es lo que celebramos esta noche.

María tampoco se rindió: siguió paso a paso al lado del Señor por el Vía Crucis más duro de la historia, y se mantuvo fiel ante la cruz y el sepulcro, creyendo más allá de las evidencias de esos momentos en Aquel a quien dio vida y que es la Vida.

No se rindió Teresa, ni Francisco, ni Ignacio, ni Juan, ni Domingo, ni Edith, ni Kolbe, Romero, ni Clara, ni Catalina, ni Pio de Pietrelcina, ni Bernardette, ni Antonio, ni Agustín...

No, no nos vamos a rendir nosotros. Esta noche no.

Hoy, más seguros que nunca de nuestra victoria final en Cristo, nos llenamos de su fuerza y volvemos al sí, para siempre: día tras día, por el desierto y en la tormenta: ¡sin rendición!

Os dejo con la canción. Es de mi querido Migueli, otro loco enamorado de Dios. Y con ella os deseo a todos una muy feliz y santa noche de Resurrección.

viernes, 25 de marzo de 2016

Entre cuatro paredes

A petición de Ángel en su comentario a la entrada anterior, 
subo este montaje y rescato la canción del pasado.
No sin cuestionarme primero qué tipo de de cristiana soy yo.
Si me asfixio entre cuatro paredes,
si sigo luchando, aunque sea en las sombras,
si salgo en favor de mis hermanos, 
o si me quedo sentada en un banco de caoba.

Hoy, viernes santo, me pregunto hasta qué punto 
no contribuyo yo a que la Iglesia,
fruto del costado abierto de Cristo,
sea un lugar triste.
Si sólo aporto quejas, malas caras,
egoísmo, división...
Es cierto que tengo mi cruz, y me duele;
pero me toca confesar, como aquel buen ladrón,
que la mía es merecida, 
mientras que Cristo ¿qué mal ha hecho?.

Jesús bendito, ten misericordia de mí.
No permitas que nada se interponga entre Tú y yo.
Renueva mi fe, para que sepa verte 
dando sentido a mi cruz con la tuya.
Y que pueda corresponder a tu Amor,
entregado hasta la muerte,
con una vida digna del calificativo de "cristiana",
tanto dentro como fuera de las cuatro paredes del templo,
allí donde Tú quieras llevarme. Amén.

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