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martes, 27 de septiembre de 2016

Sociópatas

¡Hay tanto idiota ahí fuera!
Yo tampoco, Iván.
A veces pienso que ser un poco sociópata
es muestra se salud mental...

domingo, 11 de septiembre de 2016

¡Sálvese quien pueda!

Puedo volver, dar marcha atrás,
y tirar por la borda todo el camino recorrido.
Puedo callar, no decir nada,
guardarme dentro los gritos hasta que quieran estallar.
Puedo forzar la realidad, decirme a mí misma
que las cosas no son lo que parecen, aunque lo sean.
Puedo doler, hacer que otros por mí se sientan mal,
y depende de a quién le duela, dolerme a mí también por doler.
Puedo arrasar, coger todas las cosas a las que doy valor
y formatearlas, antes que lo haga otro sin derechos 
y me arrase a mí también con/en ellas.
Puedo sentir que no doy mas, que el esfuerzo me ha agotado,
que he llegado al tope de lo que soy capaz de hacer.
Y así es, si me olvido de por Quién y con Quién hago las cosas.
Puedo escurrir, tender y poner a secar mi pañuelo
y dejar que se pierdan mis lágrimas, negándoles su valor.
Puedo pasar, sí: dar otro paso
o pasar de largo sin más, por evitar sufrir más.
Puedo fingir que me da igual, que no importa,
que estoy acostumbrada, que es más de lo mismo.
Aunque cada dolor, como cada pecado,
-aunque sea en lo mismo-, es único en sí mismo.
Puedo incidir, insistir, reintentar, esperar,
apretar, meter quinta, decirme que "esta vez sí".
¿Por qué no?
Puedo escapar, salir del laberinto, 
renegar de mis círculos concéntricos 
y exigirle al Cielo una puerta de salida ya.
Puedo partirme y negociar la otra mitad,
y olvidar en el pasado a la que se dejaba llevar
y comenzar a ser la que pone condiciones.
Porque no todo vale. Para mí no. Ya no.

Puedo romper. De hecho... ¡quiero romper!;
para empezar, todos y cada uno de los espejos de mi casa.
Puedo olvidar, y no como un problema de memoria
sino como una decisión de la voluntad.
Puede comerme la ansiedad, 
mañana, tarde, y noches eternas.
Y añoro el día en que no sea así.
Puedo salir: me parece que ya es de día.
Puede que fuera de estas cuatro paredes haya vida...
Puedo girar, por ejemplo 45º,
y cambiar de dirección, a ver qué me encuentro.
¿Por qué no?.
Puedo ser fácil de engañar; yo, que odio la mentira.
Incluso puedo dejarme engañar adrede por no discutir,
por cobarde.
Puedo joder, y si te jode jódete.
Y no, esta vez no pido perdón.
Puedo encantar, y si te encanto yo encantada.
Si te encanto, quizás tú seas el especial.
¡A Dios le encanto!
Puedo llamarte sin hablar, y puedo hablarte sin llamar
a solas, sin molestar.
Total, ya lo decía el Principito:
"Las palabras son fuente de malentendidos".
Puedo vencer, salir de ésta y subir otro escalón.
Puedo palmar, caer desplomada de puro agotamiento,
y que Dios juzgue mi rendición con justicia y misericordia.
Puedo saber que sin vosotros puede más,
puede que llegue a más, que yo sola me aclare más;
puede que sin tantas zancadillas corra más,
y puede que también la soledad me duela más...

Puede ser que mañana esconda mi voz,
por hacerlo a mi manera;
¡estoy tan cansada de dar explicaciones!
Soy rara, friki, fuerte y débil, lista y tonta,
río y lloro, canto y callo:
pero no es eso lo que me hace sentir diferente. Es que...
¡hay tanto idiota ahí fuera!.
Puede ser que haga de la rabia mi flor,
y con ella mi bandera.
¡Sálvese quien pueda!
Yo, desde luego, pienso intentarlo.

Puedo torcer, malinterpretar, equivocarme,
girar el volante en dirección contraria a la que quiero ir,
desenfocar el tiro, hamartía, pecar...
Puedo lanzar bien lejos de mí ese error,
con la invencible ballesta de la Cruz...
¡y a ver quién puede más!.
Puedo perderme en la obviedad que todos ven,
y creer que soy sólo eso:
un desastre físico, un desastre laboral, un desastre económico...
Puedo servir también, por encima de esas obviedades aparentes,
y resultar importante para el Plan de Alguien,
aunque ni yo misma imagine por dónde puede ir el asunto.
¿Por qué no?.
Puedo cansar con todo este rollo.
Lo siento si os aburro.
Me lo han mandado de penitencia,
así que aquí queda, y queda como queda.
Aunque aún os queda lo mejor:
¡escuchar la canción!.
Yo me apunto.
Grandes, enormes, el mejor directo de este país,
con todos ustedes: Vetusta Morla.
Le doy al play, agrando pantalla y...
¡sálvese quien pueda!.


Vetusta Morla, "Sálvese quien pueda".

martes, 5 de julio de 2016

Emociones expresadas

Hace unos días os pedí ayuda para completar un listado de emociones y sentimientos, y por lo visto o nadie me leyó o nadie conoce más emociones de las que conozco yo, porque la respuesta fue bastante poco enriquecedora. De todas maneras no me dí por vencida, y buscando en internet me hice mi propia lista actualizada. 

Dicen que las emociones se empiezan a superar cuando se empiezan a expresar. Yo voy entendiendo un poco de esto. Sólo en parte, puesto que hay emociones en mí que no quiero superar, sino incluso fomentar. Y porque cada vez soy más celosa de custodiar mi intimidad, y de no dar explicaciones a quien no me da la gana darlas, que es al 97% de la gente que me rodea.

Aun así, a día de hoy puedo decir así, sacado de contextos que no quiero contar, que siento agradecimiento, alivio, ansiedad, confianza, curiosidad, decepción, desencanto, duelo, esperanza, firmeza, flexibilidad, fragilidad, frustración, impaciencia, incomprensión, inestabilidad, inseguridad, interés, miedo, motivación, pudor, rabia, resignación, tenacidad, valentía, vergüenza... Una mezcla interesante, ¿verdad?. No sé dónde meter más esfuerzo: si en superar las emociones que no quiero o en potenciar las que sí, que de entrada pongo en negrita porque merecen ser resaltadas. Mis "doctores honoris causa" me ayudarán a discernir adecuadamente. Dios, que lo está viendo TODO, nos dará la luz necesaria para que este cuerpo invadido de emociones -entre otras muchas cosas- que os escribe, deje de doler.

viernes, 1 de julio de 2016

En proceso

Que no esté publicando no significa que no esté escribiendo. A mi libro le han crecido casi 90 páginas... Roza ya las 300. Que salga es uno de mis grandes sueños, y me estoy tomando bastante en serio hacer lo que esté en mis manos para que se cumpla.

Cuando corriges cosas que escribiste hace unos 5 años y añades otras que salieron de ti en los últimos meses, darse cuenta de que ya no estás donde estabas es relativamente sencillo. Es cierto que haber vivido lo que he vivido (escribir es también vivir) me ha enseñado cosas gracias a las cuales ahora estoy en situación de escribir lo que escribo. La evolución es un proceso. Yo, hoy...

martes, 28 de junio de 2016

Listado de emociones

Me mandan hacer un ejercicio para distinguir lo que en mí son pensamientos de lo que son sentimientos y emociones. Imagino que habrá cierta diferencia entre pensar que todo es un enorme mondongo y sentirse triste; o a lo mejor son causa-efecto, no lo tengo claro todavía. Si aprendo algo interesante al respecto prometo compartirlo.

El problema viene a la hora de poner nombre a las emociones. Porque, al menos yo, estoy más acostumbrada a hablar de lo que pienso que de lo que siento; y me falta vocabulario, mucho muchísimo. ¿Me ayudáis a hacer una lista?. Empiezo yo:

- Emociones negativas: tristeza, desánimo, decepción, frustración, rabia, impotencia, desesperanza, vergüenza, miedo, preocupación...
- Emociones positivas: alegría, esperanza, ilusión, calma, entusiasmo, seguridad, satisfacción...

¿Se os ocurren más?. Agradezco aportaciones...

viernes, 24 de junio de 2016

Lo que nos decimos

Un pensamiento interesante:


A veces el peor de nuestros enemigos está en nuestra cabecita.
Esos monólogos interiores, en ocasiones tan crueles.
Interpretaciones, al menos la mitad de las veces irracionales.
A ver si acepto de una puñetera vez
que no soy la responsable del hambre en Camboya,
ni de la falta de conciencia con la que actúan algunos jefes,
ni de que, probablemente,
las segundas elecciones nos lleven a unas terceras.
Que el pasado, pasado está.
Que las decisiones tomadas las tomé por algo,
y mis motivos tienen valor y valores.
Que el futuro es Providencia.
Que lo que opinen los demás está de más.
Sí: a ver si aprendo de una vez por todas a decirme
otras cosas, ¿quién sabe?, quizás más objetivas:
como que mi trabajo es trabajo bien hecho;
que las curvas molan, y el blanco también;
que conduzco entre bien y muy bien; 
que los malos tragos pasan y hacen crecer;
que la paz tiene más que ver
con la suavidad del cuerpecito de Tesa
que con mi esfuerzo tenso por hallarla;
y que se pueden cambiar los monólogos interiores
por diálogos en oración con Aquél que nos habita.
No es una tarea fácil.
Dexter también tuvo que luchar mucho
contra su "oscuro pasajero".
Pero quizás sea un reto apasionante
que merezca la pena intentar... ¿no creéis?.

domingo, 12 de junio de 2016

El futuro no existe

Es algo que todos sabemos.
Aunque poco se nos nota...
El futuro no existe.
Lo que va a ocurrir a continuación,
ni tiene por qué ocurrir,
ni tiene por qué ser a continuación,
ni nada de nada.
Simplemente no es.
Ni ha pasado, ni tiene que pasar.
Entonces...
¿por qué narices seguimos agobiados
por algo que no nos presiona?;
¿por qué tememos a aquello
que realmente no nos amenaza?.
Si lo pasado, pasado está,
¿qué tiene el futuro
para que yo le preste mayor atención?:
¿es más guapo o qué?.

Todo lo que me da miedo del mañana 
está sólo en mi imaginación.
Todas esas cosas terribles
que, porque puede que me ocurran, me hacen sufrir,
son sólo un quizás, un tal vez, un puede que,
un acaso, un mero probablemente.
Adverbios indefinidos.
Construcciones gramaticales. 
Palabras. Sólo palabras.
Sin ningún contenido vital real todavía.

El hombre es el único ser lo suficientemente estúpido
como para autoprovocarse crisis personales
por puro Efecto Pigmalión *.
Eso mi Tesa no lo hace.
Ahora mismo ronca como un hipopótamo
sin importarle un bledo lo que vaya a ocurrir después.
Y yo, que ando despierta media noche,
dando vueltas a lo que quizás no ocurra, la envidio.
Y pienso... puestos a perder el AHORA
pensando en el LUEGO,
¿por qué no imaginar una mañana soleada,
una canción motivadora,
una Presencia sanadora,
un sueño hecho realidad,
un logro, un reto superado, un "yo puedo",
una salida del túnel, 
un final feliz?...

Hadasita: toma nota.
Aquí la penúltima lección de tu curso escolar...


* Profecía autocumplida. 
Expectativa que incita a las personas a actuar 
de manera que esa expectativa se vuelva cierta.

jueves, 9 de junio de 2016

Porque sí

Porque me vuelve loca.
Porque me sube la adrenalina, las endorfinas,
la serotonina, la oxitocina, la dopamina.
Porque me tiene enamorada hasta las trancas.
Porque todavía se me pone la carne de gallina
y los pelos de punta recordando aquel concierto.
Porque yo también quiero estar fuera del bostezo universal,
fuera del reposo en mi historia personal,
y ser un ave con las alas en vuelo,
sin mirar atrás...
Porque la música -su música- me excita, 
me acelera las pulsaciones, me hace sentir viva.
Por todo eso, o por nada en especial.
Porque sí, aquí, ahora, de nuevo, Enrique.

martes, 7 de junio de 2016

Compartiendo lo poco

No puedo hacer mucho estos días. Sólo estar, la mayor parte del tiempo dormida por la cantidad de medicación que llevo encima. Tesa se ha marchado un tiempo con mi hermana porque no puedo salir a la calle. Veo la Misa en la tele. Cuando estoy más despejada rezo, ofrezco, e intento echarle humor al asunto. Confieso que algún rato he llorado. Pero también he reído, y he procurado sacar alguna sonrisa a otros. Incluso estoy manteniendo mi trabajo en el cole al día desde casa. He acabado el postgrado, he sacado el carnet de conducir, y me muero de ganas de ver la luz más allá del sofá del comedor donde estoy aparcada. La música me sigue acompañando. El cine y la lectura también, aunque por fascículos, porque me duermo enseguida. Con la oración es más sencillo: creo que rezo hasta dormida. De vez en cuando entro en las redes, a ver qué pasa con mi gente. Y encuentro joyitas; por compartir un poco os cuelgo ésta que tanto bien me está haciendo estos días:

“El humor es otra de las armas con las que el alma lucha por su supervivencia. Es bien sabido que, en la existencia humana, el humor puede proporcionar el distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación, aunque no sea más que por unos segundos.”
Viktor Frankl, "El hombre en busca de sentido".

domingo, 29 de mayo de 2016

Necesidad de ser curados

Dice el Evangelio de hoy (Lc 9, 11b) que Jesús "curaba a los que tenían necesidad de ser curados". Deduzco fácilmente que había otros, pues, que no necesitaban ser curados. Y que no necesariamente no lo necesitaran porque estuvieran sanos. Esto me ha dado mucho que pensar...

¿Habrá "enfermedades" que Dios quiera en nuestra vida? De ser así, el motivo no puede ser otro que un mayor bien que el de la propia curación, ¿cierto?. Pero vaya, eso no es nada fácil de aceptar. Al menos en principio.

Imagino que hay varios tipos de enfermedades, y que no todas traen como desenlace la muerte (otro día a ver si escribo sobre es asombro que me produce el miedo que la gente le tiene a la bendita Hermana Muerte, porque no consigo entenderlo como un mal). 

Hay enfermedades físicas: la lista de enfermos de cáncer por la que rezo cada día se lleva la palma, parece ser la que se impone imperiosamente a las demás. Pero la cantidad de dolencias físicas es tan larga que ni los médicos se acaban de aclarar, y a muchas de ellas las declaran "enfermedades raras", que no saben ni por dónde cogerlas. Si pasáis una noche en urgencias, en la sala de espera veréis una muestra muy variada: personas con mascarillas, goteros, tiritonas, contusiones, roturas, vómitos, mareos... Las causas, los médicos las sabrán; o no. Puede que Dios piense que no necesita curarnos de ellas, porque para eso inventó a los especialistas. O porque va a resultar que el dolor sí tiene un valor redentor, aunque nadie se atreva a hablar de ello...

También hay enfermedades mentales. Esas parecen ser más vergonzantes. Pero el hecho es que tanto la ansiedad como la depresión son el pan nuestro de cada día. He leído en algún sitio que el Prozac es el medicamento más utilizado en el mundo después de la Aspirina. Por algo será. Sin quitarles ni un pelín de importancia, y teniendo muy en cuenta que muchas de ellas son endógenas e incluso hereditarias, no puedo evitar preguntarme: ¿cuántas veces la culpa de un mal psicológico no está en la actitud del propio paciente?. La ansiedad, por ejemplo: ¿no hay casos en los que la cura consiste sencillamente en aprender a decir "hasta aquí" o "no"?. Pero eso supone un enfrentamiento, o con quien trata de explotarnos, o contra nosotros mismos y nuestra escala de valores; y los enfrentamientos no son agradables. ¿Necesita una persona así que Dios la cure, o ponerse las pilas y tomar el toro por los cuernos?. Buena pregunta, ¿verdad?. Especialistas para ayudar a discernirlo también los hay, y gracias a Dios algunos muy buenos.

Existen otras enfermedades... esas me preocupan bastante más. Son las espirituales. Me preocupan porque son tan gordas que a veces incluso causan además enfermedades físicas y psicológicas. No en vano el alma es la que alienta al cuerpo. Un cuerpo sin alma es un cuerpo muerto. Hasta ese punto hay dependencia. ¿Qué pasa entonces cuando es el alma la que está enferma?. Si existiese una especie de sala de espera para personas con enfermedades espirituales, ¿qué síntomas podríamos encontrar?. Tal vez tristeza, o falta de esperanza, o cansancio y agobio, o miedo y vergüenza, odio, rencor, egoísmo, falta de dominio propio, de paz... No me cabe la menos duda de que Dios quiere curarnos de estas enfermedades, pues precisamente para ello murió en una Cruz. Pero aceptar su curación supone dejarse en sus manos, confiar en Él, escuchar sus Palabras y dejarle que tome el control. Y ahí está la gran enfermedad del hombre moderno: ¡que no queremos dejar a Dios ser Dios!; ¡que en el fondo no nos creemos que Él sabe más!; ¡que no nos da la gana aceptar que su Voluntad sea lo mejor para nosotros, y nos empeñamos en querer entender y entender y entender!... Y ya nos lo advierten los santos, que no está el asunto en entender sino en amar -sin más, y "por ser Vos quien sois"- su Santísima Voluntad. 


Así que Dios de mi alma: si crees que no tengo necesidad de ser curada, no me cures. No te pido la salud: ni la de mi cuerpo, ni la de mi mente, ni siquiera la de mi alma si mis pecados con tu perdón me van a acercar más a Ti. Sólo te pido que no me dejes sola nunca. Y que al final de mis días pueda cantar la mejor de las canciones; en heavy, pop, rock, indie... ¡me da igual!: pero cantar, sí, cantar a pleno pulmón y de todo corazón tu gran Misericordia.

sábado, 21 de mayo de 2016

Los viejos hábitos tardan en morir

Es el título de una canción 10 que compuso Mick Jagger para la banda sonora de Alfie. Magistral la música y la película. Pero hoy me quedo dándole vueltas sólo a la frase...

Los viejos hábitos tardan en morir. La conversión no es sencilla.
Aniquilar al hombre viejo, resabiado, quemado a veces,
y atreverse a dejar salir al niño que todavía llevamos dentro.
Superar de una vez por todas pecados que tenemos enquistados,
como si formasen ya parte de nuestra propia piel.
Enterrar para siempre esos recuerdos
que ocupan gran parte de nuestra memoria,
sólo para hacernos daño.
Abandonar el ejercicio de una vida acostumbrada
y retomar el "espíritu de la aventura"*con el que soñamos
cuando empezamos a recordar nuestros sueños.
Pasar de las prisas, los agobios, el qué dirán, la costumbre,
comerse el orgullo que nos pide buscar la autoimagen ideal
que tenemos de cómo debemos ser
y vivir, ¡vivir!, que -como me dijo ayer un hombre sabio-
es algo en lo que nunca podemos equivocarnos.
No se vive bien o mal: se vive y punto. Sin juicios. Sin machaques.
Es la voz del hombre viejo la que nos juzga en nuestro interior.
Pero una costumbre vence a otra costumbre.
Poco a poco, paso a paso, aunque cueste tiempo y esfuerzo.
El hombre nuevo quiere salir a la luz,
dejar que el sol le ilumine la cara,
probar a amar sin comisiones, a ver qué pasa.
Ser fiel, comprometerse, darse a fondo perdido.
Quiere dormir con la conciencia tranquila,
intentar la novedad de sonreír aunque no encuentre motivos,
cambiar viejos hábitos
por otros más saludables, divertidos, espontáneos.
Y que esos nuevos, si resultan merecer la pena, no mueran nunca.


PD: os dejo el vídeo por la canción, 
sin menospreciar la reflexión final que hace el pobre Alfie de su vida.
* Up.

jueves, 12 de mayo de 2016

Tarde

Sustantivo y adverbio de tiempo. Los dos me sirven.
Esta tarde me ha dado por pensar que no es tarde.
No es tarde para afirmar que todavía soy joven.
Aunque sea mayor que antes.
No es tarde para los tacones, la minifalda y la barra de labios roja.
Aunque me haya costado años atreverme.
No es tarde para seguir estudiando,
¡y a lo mejor incluso al fin algo que me guste!.
No es tarde para aprender a decir "no".
Más que tarde es ya urgente.
Y sin tener por qué dar explicaciones:
no es tarde para el "porque no me da la gana".
A veces no es rebeldía adolescente, sino madurez y valentía.
No es tarde para amar. Nunca lo es.
Aunque el amor siga siendo un misterio para mí.
No. No es tarde para decir "te quiero".
Gracias a Dios tengo todavía una capacidad de amar brutal,
casi por estrenar, que he estado conteniendo
un poco estúpidamente;
y muchas personas a las que querer,
de distintas maneras, pero con toda el alma.
No es tarde para aprender a no preocuparme.
Y sí ocuparme de lo que y los que de verdad me interesan.
No es tarde para pasar olímpicamente de muchas cosas.
Empezando por lo que pueda pensar la gente de este pasotismo.
Tengo temas mucho más importantes en los que centrarme
que las urgencias impuestas desde fuera 
que no me llevan ni de lejos a donde quiero ir.
No es tarde -hoy lo he hecho- para subirme a la mesa
y gritar en medio del aula: "¡Oh capitán, mi capitán!"*.
No es tarde para aprender a pedir:
ayuda, mimos, reconocimiento, dinero, tiempo...
A veces sólo hace falta eso:
una tarde para darse cuenta de que no es tarde.

Escribió magistralmente Casaldáliga:
"Es tarde
pero es nuestra hora.
Es tarde
pero es todo el tiempo
que tenemos a mano
para hacer el futuro.
Es tarde
pero somos nosotros
esa hora tardía.
Es tarde
pero es madrigada
si insistimos un poco".


* El club de los poetas muertos.

sábado, 7 de mayo de 2016

Caca para la burra

Niños: no leáis esta entrada.
Mayores: no dejéis que los niños la lean.
Se acercan improperios.
Ya está aquí el primero...
¡Me cago en la burra!
¡Me cago en la burra 30 veces!
¡Y que se apañe la burra con tanta caca!

Hala, ya me he quedado relajada, ya puedo seguir.
El que inventó el taco inventó un pre-diazepam.
Creo que fue el manzano cuando vio acercarse a Eva.
Soltó el primer "me cago en la burra" de la historia.
Sí, definitivamente debió ser él.

Pues eso: caca para la burra hoy
por muchas cositas juntas que ni me molesto en escribir,
porque me niego a que me roben ni un segundo más.
Cucharadita de nocilla y adelante.
Los médicos deberían recetarla,
y la seguridad social financiarla.
Hay otra forma de ver las cosas
que he decidido que me gusta más.
Como quien decide que las gafas de pasta
le quedan mejor que las gafas al aire.
A mí me queda mejor el pequeño improperio y el humor
que acumular bilis.

En la fantástica trilogía de Batman de Christopner Nolan
el superhéroe, a la pregunta de Afred:
"señor, ¿por qué un mueciélago?",
Wayne responde: "porque les tengo miedo,
y quiero que mis enemigos compartan mi miedo".
Un mensajito parecido me ha hecho llegar Dios
por medio de Twitter, y dice así:


Hoy ha salido nublado,
y como llueva pienso mojarme sin impermeables.
¡Me la reflanflinfla!.
Y como ya no confundo el limpiaparabrisas con la radio
pues a correr. Aunque sea en segunda.
Mi cuerpo, que a veces está tecloso,
otras me da lecciones de las que tomo nota.
Y he descubierto que llorar me da dolor de cabeza
y reír no. ¡Por algo será!.

Querida burra:
lo siento mucho, pero cuando se trata de elegir entre tú o yo,
la caca para ti, que yo no la quiero para nada.
Es más: igual si pillo un huequillo
me invento la "cagoenlaburraterapia", 
que patentaré entre las terapias de nueva generación
junto con "aTanzaniasehadicho!,
"atomarporculoelpasado:yoyanovivoallí",
"rieteagusto", "hastagterapia", 
"marcandotetasyaquiennolegustequenomire",
y "vivamiabcde%".
Y recomendaré la real y fantástica Logoterapia,
origen de todas las anteriores.

¡Hala! A la ducha,
que el club de fans de mis vecinos debe estar
anhelando con ansias profundas mi concierto de hoy.
Espero que os hayáis divertido un poquito
con mi manera friki de afrontar últimamente las cosas;
y que tengáis un bonito sábado.

lunes, 2 de mayo de 2016

¿Mediocre?

No siempre estar en el punto intermedio es ser mediocre.
Hay mañanas en las que estar al 50% 
es un 100% de lo que es posible.
A veces te encuentras tan mal, 
que pasar de la cama al sofá es como subir el Everest.
Hay medicinas que están tan malas 
que no te las puedes beber de una sin respirar.
A veces preparas un tema para una clase y consigues dar medio;
pero si está bien aprendido, ¿eso es mediocre?.
Decidir que hoy me voy a exigir sólo estar al 50%,
¿es un acto de cobardía o de humildad?.
En ocasiones, reconocer que toca reponerse un poco 
es ser valiente.
No pasar de segunda marcha en ciudad 
a la hora de la entrada al trabajo es prudencia.
Y mirar al cielo desde la ventana 
y ver que ha vuelto a amanecer, pura esperanza.
No vuelvo a poner la pausa ni el freno de mano:
reduzco velocidad, y después de la siguiente glorieta ya aceleraré.
De entrada, me doy la enhorabuena por mi 50%,
y las gracias a quienes rezáis por mí,
porque donde sé que hoy algunos me tacharán de mediocre
otros veréis la Gracia actuando, con su grandeza de siempre.
Entre el "suspenso" y el "sobresaliente",
¡que viva el "progresa adecuadamente"!

sábado, 2 de abril de 2016

Cuestión antropológica II

Sigo dando vueltas a qué es lo que de específico tiene el hombre. Y he dado con algo que me distingue sustancialmente de mi querida Tesa. La capacidad de elegir. No me imagino a mi perrita decidiendo que la longaniza de pascua que ha quedado a su alcance no le conviene, porque es un exceso alimenticio para ella. Sin más la coge y se la come en un suspiro. Tampoco puede decidir ser más juguetona de lo que es, o no dormir aunque tenga sueño porque hay otras cosas más importantes que hacer. Su instinto la mantiene a mi lado, y me sigue hasta al cuarto de baño sin pensar que, a lo mejor, no es un lugar adecuado para acompañar a alguien. A mí me da ternura, pero reconozco que su inclinación natural es muy superior a su voluntad, que se reduce a apetencias del momento prácticamente inconscientes.

Sin embargo el hombre sí puede elegir. Puede elegir qué le conviene y qué no. Si seguir o no por un camino, aunque éste le lleve a dejar otros. Puede valorar moralmente las consecuencias de sus actos, y optar por llevarlos a cabo o no. Puede cambiar situaciones, enfrentar miedos, esforzarse en contra de sus inclinaciones. Y aun cuando no puede elegir qué hacer, sí puede decidir con qué actitud se va a tomar las cosas por las que va a tener que pasar. Si se deja hundir, o si se va a mantener firme; si va a apartarse a llorar o a salir a pasear y despejarse; si pedirá ayuda o se encerrará en sí mismo; si rezará o renegará de Dios...

A mí me ocurre que, pese a que estoy empeñada en practicar la prudencia con todas mis fuerzas, muchas veces los sentimientos me traicionan y meto la pata en cosas. No soy perfecta ni de lejos. Aun así, me alegra poder meter la pata, porque eso significa que también puedo sacarla. Y puedo decidir no flagelarme y, simplemente, aprender de la experiencia. Y en cada una de esas elecciones me hago menos animal y más persona. Descubrir esto, aunque sea a los 40 años y con mediaciones como las enseñanzas de Viktor Frankl, es toda una gracia de Dios. ¡Nunca es tarde si la dicha es buena!

miércoles, 16 de marzo de 2016

Cuestión antropológica (1)

Estoy estudiando en profundidad un epifenómeno. Se trata de un ser vivo, ¡sin duda!, puesto que respira. Que tiene parte corporal lo compruebo: tiene carne, huesos, pelo, ronca, le crecen las uñas, come, funciona su proceso escatológico, tiene una voz dulce, ha pasado por alguna intervención quirúrgica... Parte psíquica también: tiembla cuando tiene miedo, salta de alegría, sufre la soledad, le generan ansiedad los petardos, le encantan los besos y los abrazos, tiene una enorme empatía, que yo sepa ha pasado al menos un par de depresiones...  Inteligente es: sabe que los envases de plástico encierran alimentos, y pedir lo que necesita o desea, inveatiga, le gusta aprender, proteger lo suyo... De la parte espiritual no me ha dicho nada, pero veo que atiende de manera especial en una Eucaristía o durante una oración. A veces se pierde su mirada hacia el infinito, y no sé si estará o no haciéndose preguntas profundas.

Por supusto, se trata de mi Tesa. La cuestión es: a parte de la libertad y de la conciencia moral, ¿hay algo más que nos distinga? ¿Qué es un perro para Dios? ¿Qué es el hombre para Dios? ¿Qué se puede esperar de cada uno? Continuará...

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