No sé si a vosotros os pasa. Yo, últimamente, miro las noticias con muchísima preocupación. Más que nunca. Y pienso que no se puede hablar de coincidencia.
No es una coincidencia lo que está pasando, no. La gente se está enfrentando a la gente en la calle. Y no ocurre sólo en Barcelona. Está pasando en Bolivia, en Chile, en Venezuela, en Nicaragua, en Francia, en Hong Kong, en Irak, en Siria, en Yemen, en Nigeria...
Tanto conflicto a la vez no es casualidad. Y oigo a los expertos tratar de dar explicaciones políticas a algo que, para mí, tiene una única raíz, y es espiritual. ¡Lo veo tan claro!.
Mi generación ha crecido siendo testigo de una campaña mundial bestial contra Dios y todo lo que tiene relación con él, en especial contra la Iglesia católica. Eso es incuestionable. No hay nada a los ojos de la sociedad que me rodea, que esté peor visto que ser católico. Y claro, los valores cristianos ya ni se conocen: amar al prójimo, ser uno, perdonar al que nos ofende, orar por el enemigo... No, lo que vemos es justo lo contrario: una exaltación del egoísmo, de la individualidad y la división, una agresión continua al que me molesta, gritos buscando la razón, rechazo a la opinión diferente, desprecio por los tribunales de justicia y sus sentencias, burla y mentira en los gobernantes, corrupción, crisis... Una bomba.
Y en medio de todo este desastre, empieza el Adviento. Una pequeña resistencia se empeña en parar, hacer silencio, y preparar una Navidad lejos del consumismo y los convencionalismos; y en volver la mirada a la gruta de Belén. Y Dios, cuya fe en el hombre es inquebrantable, sigue empeñado en achicar distancias con nosotros. ¿Quién puede temer la cercanía de un bebé recién nacido?
Buscamos en encuentro con el mismo Dios del pesebre hoy en nuestra vida: su calor, su ternura, su amor (¿hay algo más revolucionario que hablar de amor en pleno 2019?). Y se enciende una pequeña luz en la noche de nuestro tiempo. Y rogamos al Cielo:
Ven, Señor, necesitamos que vuelvas, queremos hacerte un hueco en este mundo de locos, anhelamos la paz que sólo Tú puedes darnos. Te pedimos, te suplicamos, en nombre de nuestros hermanos que tanto se empeñan en negarte, que no te canses nunca de achicar distancias, de ofrecer oportunidades, de iluminar oscuridades, de buscar encuentros. Por el amor que te llevó a hacerte Niño en Belén, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén.
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lunes, 2 de diciembre de 2019
martes, 27 de septiembre de 2016
Sociópatas
¡Hay tanto idiota ahí fuera!
Yo tampoco, Iván.
A veces pienso que ser un poco sociópata
es muestra se salud mental...
es muestra se salud mental...
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sábado, 19 de marzo de 2016
Intolerancia
He descubierto que en casa padecemos intolerancia. Hay cosas que nos producen urticaria. Hadasita tiembla como si estuviese nevando, Tesa se arranca los pelos literalmente, y yo tengo que ponerme tapones en los oídos para disminuir la ansiedad. No, no creo que sea conveniente ser tolerante con todo...
Aquí tenemos intolerancia declarada a las personas que no saben divertirse sin fastidiar a los demás. A los que no pueden pasarlo bien sin llenarlo todo de ruido y de basura. A las meadas, las vomitonas y los vasos de alcohol derramados en las aceras de nuestra calle. No entendemos esos muñecotes obscenos de cartón piedra expuestos a la vista de los niños. No puedo comprender que alguien se crea con derecho a despertar a abuelitos y enfermos a las 8 de la mañana con trompetitas y tambores tocando Paquito el chocolatero. Tampoco las blasfemias a pleno pulmón con micrófono en mano a las 3 de la madrugada en plena cuaresma, entra canción y canción, desde una discomóvil. No comparto el sentido del humor de lemas como "si en fallas no follas, en pascua no fallas". Y que esa gentuza vaya luego a Misa y comulgue, con una resaca encima que ni atinan a sentarse en los bancos de la Iglesia sin tambalearse, me parece puro sacrilegio. No digo por dónde pienso que podrían meterse todos y cada uno de sus petarditos, porque creo que se sobreentiende. Y que encima tengan la desfachatez de decir que todo eso lo hacen en honor a San José es una blasfemia en toda regla.
Que se me pueda identificar con esos seres que ejercen de animalitos estos días, por el hecho de vivir en la misma ciudad, me ofende. Yo soy valenciana, pero no fallera. No ejerzo la delincuencia callejera. No quemo papeleras ni contenedores. No monto orgías con turistas. Ejerzo mi derecho a ser intolerante. Y me avergüenza que se nos meta a todos en el mismo saco. Porque todavía quedan personas con dos dedos de frente en este lugar, que seguramente estarán más que de acuerdo conmigo cuando decido dedicar a los falleros del casal de debajo de nuestro hogar esta imagen:
sábado, 5 de marzo de 2016
¿Inmadurez?
Algunos pueden opinar que a mi Hadasita le falta madurez.
En realidad, lo que le pasa es que es una niña.
Eso no significa que no tenga madurez,
sino que tiene la madurez propia de una niña.
Me hace gracia que alguien pueda criticarla
cuando debajo de mi casa hay un montón de "adultos"
llenando la calle de petardos y alcohol.
Que ya no podamos sacar a pasear a Tesa.
Que nos tengan de arresto domiciliario forzado.
Menos mal que mis peques saben qué hacer en casa.
¡Nunca se aburren!
Mientras yo empalmo tests de autoescuela
una mordisquea un peluche
tratando de sacarle el relleno por un ojo,
y la otra hace un dibujo, bastante parecido a éste:
Y yo las miro, y decido cerrar el libro.
Y pongo música de fondo, y mi niña y yo cantamos
y Tesa mueve la colita, porque sabe que toca fiesta.
Cuanto más fuertes suenan los petardos,
más alto cantamos. ¡A ver quién gana!
Declaramos la guerra a la madurez de lo socialmente aceptado,
("espero que me permitan que les contradiga un poco"*),
y optamos descaradamente por esta inmadurez rebelde.
¡Y que se ensucie la casa! ¡Y a sacar las galletas!
¡Y que mi niña me tinte el pelo, y de camino medio baño!
¡Y que Tesa se haga pis en el pasillo, que para eso está el mocho!
¡Que no pare la música! ¡Que resuenen las risas! ¡A saltar!
Sólo callaremos para leer un cuento,
para nuestras oraciones de niñas,
y para soñar con los angelitos.
¿Algún "inmaduro" se apunta al plan?
En realidad, lo que le pasa es que es una niña.
Eso no significa que no tenga madurez,
sino que tiene la madurez propia de una niña.
Me hace gracia que alguien pueda criticarla
cuando debajo de mi casa hay un montón de "adultos"
llenando la calle de petardos y alcohol.
Que ya no podamos sacar a pasear a Tesa.
Que nos tengan de arresto domiciliario forzado.
Menos mal que mis peques saben qué hacer en casa.
¡Nunca se aburren!
Mientras yo empalmo tests de autoescuela
una mordisquea un peluche
tratando de sacarle el relleno por un ojo,
y la otra hace un dibujo, bastante parecido a éste:
Y yo las miro, y decido cerrar el libro.
Y pongo música de fondo, y mi niña y yo cantamos
y Tesa mueve la colita, porque sabe que toca fiesta.
Cuanto más fuertes suenan los petardos,
más alto cantamos. ¡A ver quién gana!
Declaramos la guerra a la madurez de lo socialmente aceptado,
("espero que me permitan que les contradiga un poco"*),
y optamos descaradamente por esta inmadurez rebelde.
¡Y que se ensucie la casa! ¡Y a sacar las galletas!
¡Y que mi niña me tinte el pelo, y de camino medio baño!
¡Y que Tesa se haga pis en el pasillo, que para eso está el mocho!
¡Que no pare la música! ¡Que resuenen las risas! ¡A saltar!
Sólo callaremos para leer un cuento,
para nuestras oraciones de niñas,
y para soñar con los angelitos.
¿Algún "inmaduro" se apunta al plan?
*Bunbury: "Porque las cosas cambian".
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sábado, 27 de febrero de 2016
No me gusta
No me gusta la gente ruidosa.
No me gustan las personas que, donde van,
tienen que hacerse notar.
No me gustan las calles sucias.
A Tesa le molesta enormemente esquivar vasos rotos por el suelo,
y bebida alcohólica pegajosa, y pipís de personas.
A mí también.
Detesto que se me llene la casa de humo.
Me molesta enormemente tener que llamar a la policía
porque no se me permite el paso a mi portal.
No le encuentro la gracia a los ruiditos tipo bomba o disparo.
No me gustan nada las minorías
que imponen su dictadura a los demás.
Me altera muchísimo el egoísmo evidente.
¿Cuántas cosas más puedo decir?
No me gustan las personas que, donde van,
tienen que hacerse notar.
No me gustan las calles sucias.
A Tesa le molesta enormemente esquivar vasos rotos por el suelo,
y bebida alcohólica pegajosa, y pipís de personas.
A mí también.
Detesto que se me llene la casa de humo.
Me molesta enormemente tener que llamar a la policía
porque no se me permite el paso a mi portal.
No le encuentro la gracia a los ruiditos tipo bomba o disparo.
No me gustan nada las minorías
que imponen su dictadura a los demás.
Me altera muchísimo el egoísmo evidente.
¿Cuántas cosas más puedo decir?
lunes, 31 de marzo de 2014
La iglesia de los peros
Vivo en España.
Un país con una iglesia vieja,
llena de cristianos de nombre, sin ilusión, ni fuerzas, ni ganas.
Ni sienten ni padecen, y tampoco les importa.
Su pose son los brazos cruzados.
Sus pecados, los de omisión.
Las palabras bonitas, de tan vacías de obras se les hielan en los labios.
Una iglesia de peros, de excusas.
Una iglesia cobarde, que no se moja, que es infiel.
En mi iglesia los cristianos no oran.
Los agobios de la vida no les dejan tiempo para vivir.
Lo importante es desatendido en nombre de lo urgente.
El Evangelio coge polvo en las estanterías.
La misión le preocupa a cuatro gatos.
El derecho a la vida a cuatro gatos.
Las almas que mueren sin la gracia a tres.
En mi iglesia los criatianos no confiesan sus pecados.
Ni cielo ni infierno mueven a nada.
Y la caridad se reduce a ONGs.
En mi iglesia los cristianos encuentran tiempo para ver la tele,
para leer, para ir al gimnasio o salir a correr por la calle,
para defender los derechos de los animales,
para ir de compras, para quejarse
y para hablar, para hablar mucho de todo y de nada.
Pero no encuentran tiempo para adorar a Dios,
ni para llorar sus pecados, ni para denunciar la muerte del no nacido,
no encuentran tiempo para dejarse ver, para ser testimonio visible de su fe.
Es la iglesia de los peros.
La que los que no están donde deben pero son buena gente.
La de los que callan la Palabra pero ni roban ni matan.
La de los que temen la crítica y la burla pero tienen sus valores.
La de los que se justifican con todas las cien mil excusas posibles.
Una iglesia que me causa pena, vergüenza, dolor.
Una iglesia que, en su silencio,
se hace cómplice de esta sociedad injusta en que vivimos.
La iglesia de la mayoría, hecha vida por una minoría.
Una iglesia que siente a Dios lejos, porque está lejos de Dios.
Una iglesia tan vacía que tiene las iglesias cada vez más vacías.
Una iglesia que, de hecho, se ha rendido.
Una iglesia que no vive la comunión, que es mera agrupación eventual de soledades.
Una iglesia que, por no servir, no sirve para nada.
Una iglesia que no merece la mayúscula de la Iglesia de Cristo.
Una iglesia en la que yo cada día me siento más extraña.
Una iglesia que hoy quiero poner ante Dios, rogándole misericordia.
Un país con una iglesia vieja,
llena de cristianos de nombre, sin ilusión, ni fuerzas, ni ganas.
Ni sienten ni padecen, y tampoco les importa.
Su pose son los brazos cruzados.
Sus pecados, los de omisión.
Las palabras bonitas, de tan vacías de obras se les hielan en los labios.
Una iglesia de peros, de excusas.
Una iglesia cobarde, que no se moja, que es infiel.
En mi iglesia los cristianos no oran.
Los agobios de la vida no les dejan tiempo para vivir.
Lo importante es desatendido en nombre de lo urgente.
El Evangelio coge polvo en las estanterías.
La misión le preocupa a cuatro gatos.
El derecho a la vida a cuatro gatos.
Las almas que mueren sin la gracia a tres.
En mi iglesia los criatianos no confiesan sus pecados.
Ni cielo ni infierno mueven a nada.
Y la caridad se reduce a ONGs.
En mi iglesia los cristianos encuentran tiempo para ver la tele,
para leer, para ir al gimnasio o salir a correr por la calle,
para defender los derechos de los animales,
para ir de compras, para quejarse
y para hablar, para hablar mucho de todo y de nada.
Pero no encuentran tiempo para adorar a Dios,
ni para llorar sus pecados, ni para denunciar la muerte del no nacido,
no encuentran tiempo para dejarse ver, para ser testimonio visible de su fe.
Es la iglesia de los peros.
La que los que no están donde deben pero son buena gente.
La de los que callan la Palabra pero ni roban ni matan.
La de los que temen la crítica y la burla pero tienen sus valores.
La de los que se justifican con todas las cien mil excusas posibles.
Una iglesia que me causa pena, vergüenza, dolor.
Una iglesia que, en su silencio,
se hace cómplice de esta sociedad injusta en que vivimos.
La iglesia de la mayoría, hecha vida por una minoría.
Una iglesia que siente a Dios lejos, porque está lejos de Dios.
Una iglesia tan vacía que tiene las iglesias cada vez más vacías.
Una iglesia que, de hecho, se ha rendido.
Una iglesia que no vive la comunión, que es mera agrupación eventual de soledades.
Una iglesia que, por no servir, no sirve para nada.
Una iglesia que no merece la mayúscula de la Iglesia de Cristo.
Una iglesia en la que yo cada día me siento más extraña.
Una iglesia que hoy quiero poner ante Dios, rogándole misericordia.
lunes, 24 de marzo de 2014
Oscar Romero
En el 23 aniversario del martirio de monseñor Oscar Romero,
en memoria suya,
en agradecimiento por su ejemplo de vida cristiana,
por su valentía, por su anuncio del Evangelio y denuncia de la injusticia,
os cuelgo este vídeo.
Y doy gracias a Dios por sus santos;
y porque hombres como Romero, dispuestos a dar la vida,
comprometidos hasta los tuétanos,
son la semilla de esperanza de la Iglesia de nuestro tiempo.
Todavía hay Iglesia viva en ellos.
en memoria suya,
en agradecimiento por su ejemplo de vida cristiana,
por su valentía, por su anuncio del Evangelio y denuncia de la injusticia,
os cuelgo este vídeo.
Y doy gracias a Dios por sus santos;
y porque hombres como Romero, dispuestos a dar la vida,
comprometidos hasta los tuétanos,
son la semilla de esperanza de la Iglesia de nuestro tiempo.
Todavía hay Iglesia viva en ellos.
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miércoles, 19 de marzo de 2014
SAN JOSÉ
San José no puede ser el patrono de los falleros. Por pura coherencia.
San José es el humilde, que sirve a todos en el silencio, buscando pasar desapercibido.
Los falleros son orgullosos, y molestan a todo el mundo con el mayor ruido posible.
San José es el orante, el que guardaba todas las cosas en su interior.
Los falleros son los que nos parten por la mitad la cuaresma, invadiendo nuestro silencio orante
con sus discotecas, petardos y orquestas a todas horas.
San José era el justo.
Los falleros son esa minoría que impone injustamente su dictadura a los demás, queramos o no.
San José era el hombre de los sueños.
Los falleros no duermen -ni dejan dormir- aunque tengan que meterse de todo para aguantar tantos días.
San José es el hombre que cuida de Dios, ante todo y sobre todo.
Los falleros son los que sólo pisan la Iglesia de año en año,
y se atreven encima a comulgar, cometiendo sacrilegio con lo más sagrado.
No, de ninguna manera San José puede serl el patrono de los falleros. Por pura coherencia.
Los cristianos reclamamos a San José para nosotros. Es nuestro. ¡Devolvédnoslo, falleros!
No queremos que se tome más el nombre de San José en vano.
No queremos que se blasfeme más tomando a San José por bandera.
No queremos que se trate a San José como algo decorativo, folclórico,
como si fuese de cartón piedra como una falla más a la que al final se acaba quemando.
Nosotros, los hijos de San José, los hermanos de Jesús,
amamos y honramos a San José, y lo tenemos como modelo al que imitar de verdad.
¡Eso es un patrón!.
San José es el humilde, que sirve a todos en el silencio, buscando pasar desapercibido.
Los falleros son orgullosos, y molestan a todo el mundo con el mayor ruido posible.
San José es el orante, el que guardaba todas las cosas en su interior.
Los falleros son los que nos parten por la mitad la cuaresma, invadiendo nuestro silencio orante
con sus discotecas, petardos y orquestas a todas horas.
San José era el justo.
Los falleros son esa minoría que impone injustamente su dictadura a los demás, queramos o no.
San José era el hombre de los sueños.
Los falleros no duermen -ni dejan dormir- aunque tengan que meterse de todo para aguantar tantos días.
San José es el hombre que cuida de Dios, ante todo y sobre todo.
Los falleros son los que sólo pisan la Iglesia de año en año,
y se atreven encima a comulgar, cometiendo sacrilegio con lo más sagrado.
No, de ninguna manera San José puede serl el patrono de los falleros. Por pura coherencia.
Los cristianos reclamamos a San José para nosotros. Es nuestro. ¡Devolvédnoslo, falleros!
No queremos que se tome más el nombre de San José en vano.
No queremos que se blasfeme más tomando a San José por bandera.
No queremos que se trate a San José como algo decorativo, folclórico,
como si fuese de cartón piedra como una falla más a la que al final se acaba quemando.
Nosotros, los hijos de San José, los hermanos de Jesús,
amamos y honramos a San José, y lo tenemos como modelo al que imitar de verdad.
¡Eso es un patrón!.
domingo, 10 de marzo de 2013
Piensan...
Piensan que sólo existen ellos en el mundo.
Piensan que la gente que trabaja, no necesita descansar: ni los niños, ni los enfermos, ni los mayores...
Piensan que la calle es suya, y sólo suya.
Piensan que las papeleras están para reventarlas con petardos.
Piensan que los perritos deben hacer pipí dentro de las casas, porque los parques los tienen invadidos ellos.
Piensan que tienen derecho a meternos la música a volumen de discoteca por nuestras ventanas.
Y piensan que hacerlo hasta las 4 de la madrugada es una hora razonable.
Falleros que habéis tomado posesión de mi ciudad: no penséis. No se os da nada bien.
Estáis tan huecos por dentro como vuestros muñequitos de cartón piedra que tan bien os representan.
Vuestro egoísmo llega tan alto como vuestros castillos en el cielo.
Y si lo único que sabéis ofrecer al resto de seres que os rodean es ruido,
no puedo más que desear que acabéis como vuestros ridículos y obscenos monumentos: en nada.
Desde mi rinconcito en la red que es mi blog, mi más profundo desprecio hacia vosotros.
Piensan que la gente que trabaja, no necesita descansar: ni los niños, ni los enfermos, ni los mayores...
Piensan que la calle es suya, y sólo suya.
Piensan que las papeleras están para reventarlas con petardos.
Piensan que los perritos deben hacer pipí dentro de las casas, porque los parques los tienen invadidos ellos.
Piensan que tienen derecho a meternos la música a volumen de discoteca por nuestras ventanas.
Y piensan que hacerlo hasta las 4 de la madrugada es una hora razonable.
Falleros que habéis tomado posesión de mi ciudad: no penséis. No se os da nada bien.
Estáis tan huecos por dentro como vuestros muñequitos de cartón piedra que tan bien os representan.
Vuestro egoísmo llega tan alto como vuestros castillos en el cielo.
Y si lo único que sabéis ofrecer al resto de seres que os rodean es ruido,
no puedo más que desear que acabéis como vuestros ridículos y obscenos monumentos: en nada.
Desde mi rinconcito en la red que es mi blog, mi más profundo desprecio hacia vosotros.
domingo, 3 de marzo de 2013
Opinión personal
Estábamos en el silencio orante de la Cuaresma cuando sonó un petardo.
Y después otro. Y otro. Y otro más.
Ya no hay quien los pare, al menos durante los próximos 15 días.
Es mi opinión personal:
no es compatible ser fallero y cristiano.
No se puede estar de Cuaresma tirando petardos.
Y menos este año.
Que en las parroquias nos estamos rompiendo los cascos para dar de comer a la gente,
mientras ellos se gastan el dinero en ruido, luces, música y alcohol.
Lo siento, pero según mi opinión personal no.
Desde mi pequeño rinconcito, que es mi blog, donde hablo yo,
sobre lo que yo pienso y lo que a mí me da la gana, con toda libertad,
queridos falleros que invadís mis calles contra mi voluntad:
por mí, que os llueva.
Y después otro. Y otro. Y otro más.
Ya no hay quien los pare, al menos durante los próximos 15 días.
Es mi opinión personal:
no es compatible ser fallero y cristiano.
No se puede estar de Cuaresma tirando petardos.
Y menos este año.
Que en las parroquias nos estamos rompiendo los cascos para dar de comer a la gente,
mientras ellos se gastan el dinero en ruido, luces, música y alcohol.
Lo siento, pero según mi opinión personal no.
Desde mi pequeño rinconcito, que es mi blog, donde hablo yo,
sobre lo que yo pienso y lo que a mí me da la gana, con toda libertad,
queridos falleros que invadís mis calles contra mi voluntad:
por mí, que os llueva.
martes, 15 de noviembre de 2011
Acoso sexual
Harta y escandalizada de la explotación de ellas por un lado, y de la persecución y el acoso de ellos por otro, cuelgo esta imágen de un cocge cualquiera de los que se pueden ver aparcados en cualquier lugar de mi ciudad.
Gracias a Dios no tengo coche. Y no tengo hijos a quienes explicarles qué son todos esos "cromos" que alguien cuelga de la ventanilla un día tras otro.
Acuso a la sociedad que permite hacer público el escarnio, la desgracia, y la indecencia. Y callan. Y no protestan. Y se hacen cómplices de este acoso sexual bestial, se mire desde el lado que se mire.
Gracias a Dios no tengo coche. Y no tengo hijos a quienes explicarles qué son todos esos "cromos" que alguien cuelga de la ventanilla un día tras otro.
Acuso a la sociedad que permite hacer público el escarnio, la desgracia, y la indecencia. Y callan. Y no protestan. Y se hacen cómplices de este acoso sexual bestial, se mire desde el lado que se mire.
miércoles, 25 de mayo de 2011
¿Leer?
Algunos de mis alumnos piensan que eso de leer no sirve para nada.
Coincidencias de la vida: suelen ser los mismos chavales que se creen con derecho a todo pero sin obligaciones;
que van de déspotas y soberbios por la vida, al menos hasta que la vida les devuelva la torta, que no será muy tarde;
que se permiten reirse de las asignaturas, de los profesores, de la educación que ellos tienen gratis y que medio planeta sueña como un imposible;
que no saben hablar, sino discutir, y siempre se han de quedar con la última palabra, aunque sea una mera palabra mal sonante;
que describen lo que está bien o mal en relación con lo que ellos hacen o no, de manera que está bien insultar y está mal estudiar, entre otras cosas;
que sólo pueden pensar en hoy, a veces incluso sólo en ahora, sin más perspectiva, sin intereses ni sueños de ningún tipo;
que ni desean ni imaginan vivir en un mundo mejor, ser una persona mejor, ofrecer a otros lo mejor, esforzarse por el bien, y todas esas tonterías que -de existir de verdad- seguro que sólo existen en la cabeza de los viejos o en las historias de esos libros que jamás abrirán.
Me gustaría poder despedirme de ellos ahora, a final de curso, diciendo que ha sido un placer. Pero nunca se me dio bien mentir. No ha habido mucho fruto porque hemos estado regando plantas con chubasquero. Es una pena. Sí, me dan pena. Mi Hadasita, en cambio, anda entusiasmada con un libro que le regalaron ayer por su santo. Anoche la pillé haciendo algo así...
Argine-HD from jujube on Vimeo.
Coincidencias de la vida: suelen ser los mismos chavales que se creen con derecho a todo pero sin obligaciones;
que van de déspotas y soberbios por la vida, al menos hasta que la vida les devuelva la torta, que no será muy tarde;
que se permiten reirse de las asignaturas, de los profesores, de la educación que ellos tienen gratis y que medio planeta sueña como un imposible;
que no saben hablar, sino discutir, y siempre se han de quedar con la última palabra, aunque sea una mera palabra mal sonante;
que describen lo que está bien o mal en relación con lo que ellos hacen o no, de manera que está bien insultar y está mal estudiar, entre otras cosas;
que sólo pueden pensar en hoy, a veces incluso sólo en ahora, sin más perspectiva, sin intereses ni sueños de ningún tipo;
que ni desean ni imaginan vivir en un mundo mejor, ser una persona mejor, ofrecer a otros lo mejor, esforzarse por el bien, y todas esas tonterías que -de existir de verdad- seguro que sólo existen en la cabeza de los viejos o en las historias de esos libros que jamás abrirán.
Me gustaría poder despedirme de ellos ahora, a final de curso, diciendo que ha sido un placer. Pero nunca se me dio bien mentir. No ha habido mucho fruto porque hemos estado regando plantas con chubasquero. Es una pena. Sí, me dan pena. Mi Hadasita, en cambio, anda entusiasmada con un libro que le regalaron ayer por su santo. Anoche la pillé haciendo algo así...
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domingo, 20 de marzo de 2011
Por sus frutos los conoceréis.
Adivina adivinanza: blanco y en botella, ¿qué es?.
Más difícil todavía: papeleras y contenedores quemados; y basura por todas partes, evidentemente; alcohol y música a decibelios insufribles hasta las 4 de la madrugada como pronto; la ciudad amanecida como se ve en la foto que adjunto; heridos de fuego y de peleas varios, muchos, demasiados, aunque no salgan en la tele; los animales por puro instinto de conservación no quieren salir a una calle que suena a tiros y bombas; todo vale, todo está permitido... menos respetar a nadie. ¿Qué es?.
Blanco y en botella: llámenlo Fallas, que yo lo llamo bandalismo. En cualquier caso es la leche.
Hay quien lo celebra. Hay quien incluso lo considera un acto cultural.
Y gracias a Dios, todavía hay gente sensata que se escandaliza...
Más difícil todavía: papeleras y contenedores quemados; y basura por todas partes, evidentemente; alcohol y música a decibelios insufribles hasta las 4 de la madrugada como pronto; la ciudad amanecida como se ve en la foto que adjunto; heridos de fuego y de peleas varios, muchos, demasiados, aunque no salgan en la tele; los animales por puro instinto de conservación no quieren salir a una calle que suena a tiros y bombas; todo vale, todo está permitido... menos respetar a nadie. ¿Qué es?.
Blanco y en botella: llámenlo Fallas, que yo lo llamo bandalismo. En cualquier caso es la leche.
Hay quien lo celebra. Hay quien incluso lo considera un acto cultural.
Y gracias a Dios, todavía hay gente sensata que se escandaliza...
viernes, 18 de febrero de 2011
Viejos amigos
Hace cuatro días, cuando yo era joven, mis amigos eran los mejores del mundo. Luego, la vida hizo de las suyas y nos puso a cada uno en un sitio diferente. Pero yo seguía pensando que aquellos amigos eran los mejores del mundo, aunque ya no los viera, aunque no supiera nada de ellos. Porque eran gente auténtica, gente generosa, y lo que más me impresionaba: gente joven que no se avergonzaba de tener fe. De esos había pocos, y yo tenía la suerte de que eran mis amigos.
Hoy las redes sociales se han colado en mi cuarto, sin pedirme permiso, y me han traído noticias presentes de personas del pasado. Y las cosas han cambiado más de lo que imaginaba.
Mi amigo X fue mi catequista de Confirmación en la parroquia; era abogado la última vez que le ví. Hoy hace monólogos del Club de la Comedia. Dios es un chiste más. Tal cual.
Mi amigo Y me enseñó a tocar la guitarra. Lo recuerdo en un proyecto pro-África cantando a "la Tierra que Jesús soñó", al "Norte y Sur unidos por amor". La última vez que le ví se había montado una papelería bastante buena. Hoy lo descubro cantando en un grupo pop refritos de amores adolescentes. De Dios no queda ni rastro.
Hasta ahí. Cierro la página corriendo, no sea que me informen de más. No quiero saber nada. Quiero mis recuerdos como están. Quiero a mis amigos como eran, los mejores del mundo. Lo que esté pasando, Dios sabrá qué sentido tiene. Que nadie viole mis recuerdos. Y gracias a la vida por haberme mantenido donde estaba año tras año.

Hoy las redes sociales se han colado en mi cuarto, sin pedirme permiso, y me han traído noticias presentes de personas del pasado. Y las cosas han cambiado más de lo que imaginaba.
Mi amigo X fue mi catequista de Confirmación en la parroquia; era abogado la última vez que le ví. Hoy hace monólogos del Club de la Comedia. Dios es un chiste más. Tal cual.
Mi amigo Y me enseñó a tocar la guitarra. Lo recuerdo en un proyecto pro-África cantando a "la Tierra que Jesús soñó", al "Norte y Sur unidos por amor". La última vez que le ví se había montado una papelería bastante buena. Hoy lo descubro cantando en un grupo pop refritos de amores adolescentes. De Dios no queda ni rastro.
Hasta ahí. Cierro la página corriendo, no sea que me informen de más. No quiero saber nada. Quiero mis recuerdos como están. Quiero a mis amigos como eran, los mejores del mundo. Lo que esté pasando, Dios sabrá qué sentido tiene. Que nadie viole mis recuerdos. Y gracias a la vida por haberme mantenido donde estaba año tras año.

jueves, 10 de febrero de 2011
¿A qué huelen los muertos?
¡Qué alegría verte! –dijo, con esa mueca de medio lado que hacía pasar por una sonrisa cuando se la pillaba desprevenida.
Voy al centro. ¡Qué día más feo hace! ¿verdad?. Y eso que en el telediario dijeron que saldría el sol; pero ya se sabe que en el telediario siempre nos engañan. ¡Tontos somos de no salir con paraguas cada vez que anuncian buen tiempo!. En fin. ¿Y la crisis? ¿Te acuerdas del marido de doña Catalina?: pues lo han echado del trabajo. Y ya me dirás tú, a su edad, que a punto estaba ya para jubilar, quién lo va a contratar. Ahora que culpa tienen ellos también, que siempre han sido unos derrochadores. Dinero que tenían, dinero que gastaban. ¿No te has fijado nunca en los zapatos que llevaba doña Catalina al mercado? ¡ni que fuera a un baile de salón! Con esos tacones tan altos, como las jovencitas… Igual lo hacía por eso, para aparentar menos. Que no es que yo quiera hablar, pero… ¿quién no se ha dado cuenta de cómo se le van los ojos a su marido detrás de crías? Yo he oído que lo trasladaron aquí porque en su empresa, cuando vivía en el pueblo, hubo un escándalo enorme, porque le pillaron en el cuarto de la limpieza con una de esas recepcionistas que contratan, recién salidas de la facultad; de las que están tan desesperadas por encontrar un trabajo que aceptan lo primero que se les ofrece, aunque sea por cuatro duros. Pues de una de esas se rumorea que se aprovechó. Y ya se sabe, que cuando el río suena… ¡Si es que todos los hombres son iguales! Mira si no al yerno de la Jacinta, que ahora le ha dado por estudiar oposiciones, como si fuera un niño, con un bebé a las puertas que tiene. Para verano dicen que nacerá… A este paso, padre e hijo aprobarán juntos, te lo digo yo. Mujeriegos y vagos. Que sí, que con esta vergüenza tenemos que cargar las mujeres de hoy. ¿Por qué te crees que yo no me he casado? Ya lo decía mi madre: mejor sola que mal acompañada. ¡Ay! y luego vas a la compra y todo ha subido. ¡Nunca escucharás que algo haya bajado!. Como si cuanto más cara fuera la fruta, más dulce estuviera… ¡eso quisiéramos!. Una porquería. La semana pasada compré una malla de cuatro kilos de mandarinas, y cuando la vacié en el frutero… ¡había una podrida!. Te lo digo yo, que las venden en mallas para ocultar las podridas entre las buenas y que las compremos. ¡Malditos ladrones!. Luego vas al médico y te dice que si tomas vitamina C. ¡Sí, vitamina C podrida del mercado!. Ahora, que el médico tampoco es que sepa mucho. Porque cuando fui, estaba mala, pero malísima. Unos ahogos que tenía que casi ni podía respirar. ¿Tú sabes lo que me costó acercarme al ambulatorio? ¡si creía que me moría!. Y ahí me tiene esperando casi un cuarto de hora para decirme que si tomo vitamina C. Menudo disgusto me dio. ¡No me hizo ni caso! ¡Como si yo me inventara las cosas!. Menos mal que tengo de todo en casa, y me tomé la pastilla esa que toma la Paca que le va tan bien; y mira, aquí me tienes. Ahora, que la Paca estará sana, pero por fuera parece una pasa. ¡Qué vieja! ¿Te has dado cuenta de lo mal que se conserva? pobrecita… Nada, que fue morirse su marido y como si le hubieran caído todos los años de golpe. Ahora la escuchas hablar y parece que era el amor de su vida. Pero antes bien que se quejaba de todo: que si mi Pepe vuelve siempre tarde del trabajo, que si mi Pepe no sabe cambiar el rollo del papel higiénico cuando se acaba, que mi Pepe ronca, que mi Pepe sólo atiende al fútbol, que mi Pepe nunca me regala nada… ¡Qué pena esa gente que sólo sabe hablar para criticar! ¿verdad?...
Asiento con la cabeza. Mi vecina baja del autobús en la siguiente parada. Donde ella ha estado sentada queda un insoportable olor a podrido.
Voy al centro. ¡Qué día más feo hace! ¿verdad?. Y eso que en el telediario dijeron que saldría el sol; pero ya se sabe que en el telediario siempre nos engañan. ¡Tontos somos de no salir con paraguas cada vez que anuncian buen tiempo!. En fin. ¿Y la crisis? ¿Te acuerdas del marido de doña Catalina?: pues lo han echado del trabajo. Y ya me dirás tú, a su edad, que a punto estaba ya para jubilar, quién lo va a contratar. Ahora que culpa tienen ellos también, que siempre han sido unos derrochadores. Dinero que tenían, dinero que gastaban. ¿No te has fijado nunca en los zapatos que llevaba doña Catalina al mercado? ¡ni que fuera a un baile de salón! Con esos tacones tan altos, como las jovencitas… Igual lo hacía por eso, para aparentar menos. Que no es que yo quiera hablar, pero… ¿quién no se ha dado cuenta de cómo se le van los ojos a su marido detrás de crías? Yo he oído que lo trasladaron aquí porque en su empresa, cuando vivía en el pueblo, hubo un escándalo enorme, porque le pillaron en el cuarto de la limpieza con una de esas recepcionistas que contratan, recién salidas de la facultad; de las que están tan desesperadas por encontrar un trabajo que aceptan lo primero que se les ofrece, aunque sea por cuatro duros. Pues de una de esas se rumorea que se aprovechó. Y ya se sabe, que cuando el río suena… ¡Si es que todos los hombres son iguales! Mira si no al yerno de la Jacinta, que ahora le ha dado por estudiar oposiciones, como si fuera un niño, con un bebé a las puertas que tiene. Para verano dicen que nacerá… A este paso, padre e hijo aprobarán juntos, te lo digo yo. Mujeriegos y vagos. Que sí, que con esta vergüenza tenemos que cargar las mujeres de hoy. ¿Por qué te crees que yo no me he casado? Ya lo decía mi madre: mejor sola que mal acompañada. ¡Ay! y luego vas a la compra y todo ha subido. ¡Nunca escucharás que algo haya bajado!. Como si cuanto más cara fuera la fruta, más dulce estuviera… ¡eso quisiéramos!. Una porquería. La semana pasada compré una malla de cuatro kilos de mandarinas, y cuando la vacié en el frutero… ¡había una podrida!. Te lo digo yo, que las venden en mallas para ocultar las podridas entre las buenas y que las compremos. ¡Malditos ladrones!. Luego vas al médico y te dice que si tomas vitamina C. ¡Sí, vitamina C podrida del mercado!. Ahora, que el médico tampoco es que sepa mucho. Porque cuando fui, estaba mala, pero malísima. Unos ahogos que tenía que casi ni podía respirar. ¿Tú sabes lo que me costó acercarme al ambulatorio? ¡si creía que me moría!. Y ahí me tiene esperando casi un cuarto de hora para decirme que si tomo vitamina C. Menudo disgusto me dio. ¡No me hizo ni caso! ¡Como si yo me inventara las cosas!. Menos mal que tengo de todo en casa, y me tomé la pastilla esa que toma la Paca que le va tan bien; y mira, aquí me tienes. Ahora, que la Paca estará sana, pero por fuera parece una pasa. ¡Qué vieja! ¿Te has dado cuenta de lo mal que se conserva? pobrecita… Nada, que fue morirse su marido y como si le hubieran caído todos los años de golpe. Ahora la escuchas hablar y parece que era el amor de su vida. Pero antes bien que se quejaba de todo: que si mi Pepe vuelve siempre tarde del trabajo, que si mi Pepe no sabe cambiar el rollo del papel higiénico cuando se acaba, que mi Pepe ronca, que mi Pepe sólo atiende al fútbol, que mi Pepe nunca me regala nada… ¡Qué pena esa gente que sólo sabe hablar para criticar! ¿verdad?...
Asiento con la cabeza. Mi vecina baja del autobús en la siguiente parada. Donde ella ha estado sentada queda un insoportable olor a podrido.
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jueves, 3 de febrero de 2011
Saliva y tierra
Y Nacho abrió los ojos.
Fue una cura inmediata.
Sí. Abrió los ojos y empezó a verlo todo.
Vio la tierra. Porque era tierra, no calle. Calles no vio ni una. Vio las chabolas, hechas de cartón y uralita, y tierra. Casas tampoco vio. Sólo aquellos paraguas de cartón y uralita sobre la sucia tierra.
“Si quieres agua, aquí el río y allá el mar. Y si no, traga saliva. Puede que algún día alguien se acuerde de esta selva”.
Sus ojos se recuperaban a una velocidad pasmosa.
Igual que su alma.
Cada vez podía ver más detalles.
Vio los árboles, generosos, cargados de frutos dulces: mangos, pitallas, piñas, cocos, y muchos otros de los que no sabía el nombre. Nunca antes había podido ver algo parecido. Tanto fruto en tanta nada. Tierra, sucia pero buena. Tierra que sirve a sus pobres.
“Si quieres comer, sírvete. No hay más de lo que ves. Tampoco menos. Tranquilo: hoy no morirás”.
Junto a los hombres, los chanchos, y las gallinas, y esos perros desnutridos que lamen las heridas de sus amos, tan desnudos como ellos, puros huesos.
Saliva y tierra (Jn 9, 1-25). Y los ojos de Nacho abiertos de par en par.
“Bienvenido a la familia. Aquí el papá, la mamá, el abuelo, la abuela, la hija mayor con el yerno y los 3 nietos, el hijo mayor con la nuera y 4 nietos, la hija mediana con el marido, recién casada, y los dos pequeños, que tampoco van a la escuela, aquí no hay de eso. Contigo ya estamos todos”. Y sonríen. Y es una sonrisa sincera.
A Nacho le lloran los ojos. De pura salud.
Su corazón palpita como nunca. ¡Se siente vivo como nunca!
Cuando leyó el anuncio no podía acabar de creerlo: “Se devuelve la vista a los ciegos; tratamiento intensivo mínimo de dos semanas, con auténticos profesionales del Tercer Mundo”.
Y ahí estaba ahora. Viendo.
Viendo a los hombres ser hombres, vestidos de decencia y dignidad. Sin nada detrás de lo que poder esconderse. Viendo a las familias ser familias, amplias, acogedoras. Sin cuatro paredes que pudieran protegerlas, ni tampoco aislarlas. Viviendo de la fe. La fe que promete que Dios no se olvida de sus hijos, que Dios camina con su Pueblo, que Dios habita entre nosotros. La fe que mueve montañas, tan grandes como el corazón de Nacho.
Algún día, en esa selva, habrá un buen pozo; él se encargará de ello. Mientras, Nacho aprovecha la vida jugando con aquellos niños, a ver quién lanza la piedra más lejos. El eco de las risas llega hasta el cielo. Y Nacho, conmovido, reza…
“Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador” (Lc 2, 29-30).
Fue una cura inmediata.
Sí. Abrió los ojos y empezó a verlo todo.
Vio la tierra. Porque era tierra, no calle. Calles no vio ni una. Vio las chabolas, hechas de cartón y uralita, y tierra. Casas tampoco vio. Sólo aquellos paraguas de cartón y uralita sobre la sucia tierra.
“Si quieres agua, aquí el río y allá el mar. Y si no, traga saliva. Puede que algún día alguien se acuerde de esta selva”.
Sus ojos se recuperaban a una velocidad pasmosa.
Igual que su alma.
Cada vez podía ver más detalles.
Vio los árboles, generosos, cargados de frutos dulces: mangos, pitallas, piñas, cocos, y muchos otros de los que no sabía el nombre. Nunca antes había podido ver algo parecido. Tanto fruto en tanta nada. Tierra, sucia pero buena. Tierra que sirve a sus pobres.
“Si quieres comer, sírvete. No hay más de lo que ves. Tampoco menos. Tranquilo: hoy no morirás”.
Junto a los hombres, los chanchos, y las gallinas, y esos perros desnutridos que lamen las heridas de sus amos, tan desnudos como ellos, puros huesos.
Saliva y tierra (Jn 9, 1-25). Y los ojos de Nacho abiertos de par en par.
“Bienvenido a la familia. Aquí el papá, la mamá, el abuelo, la abuela, la hija mayor con el yerno y los 3 nietos, el hijo mayor con la nuera y 4 nietos, la hija mediana con el marido, recién casada, y los dos pequeños, que tampoco van a la escuela, aquí no hay de eso. Contigo ya estamos todos”. Y sonríen. Y es una sonrisa sincera.
A Nacho le lloran los ojos. De pura salud.
Su corazón palpita como nunca. ¡Se siente vivo como nunca!
Cuando leyó el anuncio no podía acabar de creerlo: “Se devuelve la vista a los ciegos; tratamiento intensivo mínimo de dos semanas, con auténticos profesionales del Tercer Mundo”.
Y ahí estaba ahora. Viendo.
Viendo a los hombres ser hombres, vestidos de decencia y dignidad. Sin nada detrás de lo que poder esconderse. Viendo a las familias ser familias, amplias, acogedoras. Sin cuatro paredes que pudieran protegerlas, ni tampoco aislarlas. Viviendo de la fe. La fe que promete que Dios no se olvida de sus hijos, que Dios camina con su Pueblo, que Dios habita entre nosotros. La fe que mueve montañas, tan grandes como el corazón de Nacho.
Algún día, en esa selva, habrá un buen pozo; él se encargará de ello. Mientras, Nacho aprovecha la vida jugando con aquellos niños, a ver quién lanza la piedra más lejos. El eco de las risas llega hasta el cielo. Y Nacho, conmovido, reza…
“Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador” (Lc 2, 29-30).
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lunes, 16 de noviembre de 2009
Sigo de baja
Por lo visto, después de 2 semanas de pruebas y análisis de todo tipo, todavía no se sabe qué tengo. Así que sigo en casita. Tesa está fascinada de tenerme aquí todo el día.Aprovechando las "vacaciones", le estoy dando fuerte a la Psicología de la Motivación. Está claro que cuando no hay motivación intrínseca, o se produce una motivación extrínseca o no movemos ficha. El "algo le quedará a alguien" no es suficiente ni para empezar. No sé cuándo narices en mi cole se plantearán seriamente la necesidad de incentivar a los profesores para que no acabemos medio claustro de "vacaciones" con un montón de médicos alrededor haciendo pruebas inútiles para averiguar qué le falla al corazón...
miércoles, 13 de mayo de 2009
Crisis
No tengo ni idea de hasta qué hora vamos a tener que aguantar esto. Lo que sí sé es que este país está en crisis, pero una crisis de las gordas. Estamos a mínimos de dignidad, de personalidad, de vergüenza, ni locos llegamos a fin de mes en sensatez. Pan y circo: en el fondo la mayoría sólo busca eso. Y por lo visto el fútbol les da una buena ración. Recuerdo que alguien, no hace mucho, dijo que estas crisis mundiales son crisis de santos... Gane el athletic o el barsa, no hay más que asomarse esta tarde al balcón de mi finca para darse cuenta de que hemos perdido; todos.
lunes, 16 de marzo de 2009
Valencia en fallas
Mi ciudad anda de fiesta. Tal y como entiende la fiesta mi ciudad.
Mucho ruido y poco coco.
Petardos descontrolados mañana, tarde y nohe,
en manos de adolescentes borrachos
y niños que tienen de todo menos la inocencia que debería caracterizarles.
Papeleras y contenedores quemados.
Las discotecas al aire libre, debajo de casas particulares, hasta las 5 de la mañana.
No importa si alguien quiere dormir:
el orgullo del fallero está por encima de cualquier otro derecho.
¿El mejor casal?: el que haga más ruido.
Orquestas y pasacalles desde la madrugada,
pasando por la hora de la siesta, hasta la madrugada siguiente;
porque quien no empalme un día con otro no sabe lo que es la fiesta.
Calles cortadas, cuatro de cada cinco.
Ni coches ni autobuses: sólo fallas.
Si estás enfermo, te aguantas.
Si estás cansado, te aguantas.
Si tienes trabajo, te aguatas.
Si estás triste, te aguantas.
Si eres anciano, te aguantas.
Si tienes bebés, te aguantas.
Si quieres tranquilidad, te aguantas.
Si estás de cuaresma, te aguantas.
Si no quieres bajar a la fiesta, la fiesta invadirá tu casa igualmente.
Por las buenas o por las malas.
Un monigote de cartón piedra, cuanto más ridículo, indecente y caro mejor, lo justifica todo.
¡Si el bueno de San José levantara la cabeza...!
A los que nunca habéis estado en Valencia en fallas os recomiendo que vengáis. Al menos una vez en la vida. Dudo que -si sois sensatos- queráis repetir. Pero una experiencia de infierno tan visceral como la que aquí se vive estos días es algo que merece la pena probar. Bonita meditación escatológica (en los dos sentidos de la palabra). Saber donde uno no quiere estar ayuda a aclarar lo que uno realmente quiere.
Aviso: el siguiente vídeo puede herir la sensibilidad de algunas personas...
Mucho ruido y poco coco.
Petardos descontrolados mañana, tarde y nohe,
en manos de adolescentes borrachos
y niños que tienen de todo menos la inocencia que debería caracterizarles.
Papeleras y contenedores quemados.
Las discotecas al aire libre, debajo de casas particulares, hasta las 5 de la mañana.
No importa si alguien quiere dormir:
el orgullo del fallero está por encima de cualquier otro derecho.
¿El mejor casal?: el que haga más ruido.
Orquestas y pasacalles desde la madrugada,
pasando por la hora de la siesta, hasta la madrugada siguiente;
porque quien no empalme un día con otro no sabe lo que es la fiesta.
Calles cortadas, cuatro de cada cinco.
Ni coches ni autobuses: sólo fallas.
Si estás enfermo, te aguantas.
Si estás cansado, te aguantas.
Si tienes trabajo, te aguatas.
Si estás triste, te aguantas.
Si eres anciano, te aguantas.
Si tienes bebés, te aguantas.
Si quieres tranquilidad, te aguantas.
Si estás de cuaresma, te aguantas.
Si no quieres bajar a la fiesta, la fiesta invadirá tu casa igualmente.
Por las buenas o por las malas.
Un monigote de cartón piedra, cuanto más ridículo, indecente y caro mejor, lo justifica todo.
¡Si el bueno de San José levantara la cabeza...!
A los que nunca habéis estado en Valencia en fallas os recomiendo que vengáis. Al menos una vez en la vida. Dudo que -si sois sensatos- queráis repetir. Pero una experiencia de infierno tan visceral como la que aquí se vive estos días es algo que merece la pena probar. Bonita meditación escatológica (en los dos sentidos de la palabra). Saber donde uno no quiere estar ayuda a aclarar lo que uno realmente quiere.
Aviso: el siguiente vídeo puede herir la sensibilidad de algunas personas...
jueves, 12 de febrero de 2009
Pero ¿qué tiene el cole?
Estaba un poco preocupada por la contestación de Hadasita de ayer, sobre el colegio. Me quedó clarísimo que no le gusta, pero no entendía bien por qué. Mi peque es trabajadora, disfruta haciendo deberes, le encanta aprender cosas nuevas, saca buenas notas, no se pone nerviosa cuando hay controles porque sabe que se los sabe. Entonces...
- ¿Por qué no te gusta el cole?.
- Por los niños.
- ¿No te gustan los niños?
- Algunos sí.
- ¿Sólo algunos?
- Sí, sólo algunos.
- ¿Se portan mal contigo?
- ¡Se portan mal, siempre!
- ¿Pero no serán todos?
- No, algunos no. Pero casi todos.
- ¿No estarás exagerando, Hadasita?
- No.
- ¿Me quieres contar qué hacen?
- No.
- ¿Por qué no?
- Porque no hay que hablar mal de las personas. Eso me lo enseñaste tú.
- Cierto...
- Pero hay algunos que son buenos. Yo intento ser buena, ¿sabes?, pero a veces me siento un poco sola...
- Dime una cosita, Hadasita: ¿por qué piensas que esos niños no son buenos?
- No sé. A lo mejor porque no tienen en casa a nadie que les diga que no hay que hablar mal de las personas...
Y la abrazo.
Y la beso.
Y se agarra bien fuerte a mi cuello.
Y lloramos.
Y Tesa se vuelve loca, y a saltos se me sube encima y se funde en nuestro abrazo.
Y en silencio le pido al Sembrador que no deje que sus plantitas se ahoguen ni se sientan solas.
Y que no permita que la influencia (o la falta de influencia) de más adultos asfalte la tierra fresca de los que quieren vivir su infancia de verdad.
- ¿Por qué no te gusta el cole?.
- Por los niños.
- ¿No te gustan los niños?
- Algunos sí.
- ¿Sólo algunos?
- Sí, sólo algunos.
- ¿Se portan mal contigo?
- ¡Se portan mal, siempre!
- ¿Pero no serán todos?
- No, algunos no. Pero casi todos.
- ¿No estarás exagerando, Hadasita?
- No.
- ¿Me quieres contar qué hacen?
- No.
- ¿Por qué no?
- Porque no hay que hablar mal de las personas. Eso me lo enseñaste tú.
- Cierto...
- Pero hay algunos que son buenos. Yo intento ser buena, ¿sabes?, pero a veces me siento un poco sola...
- Dime una cosita, Hadasita: ¿por qué piensas que esos niños no son buenos?
- No sé. A lo mejor porque no tienen en casa a nadie que les diga que no hay que hablar mal de las personas...
Y la abrazo.Y la beso.
Y se agarra bien fuerte a mi cuello.
Y lloramos.
Y Tesa se vuelve loca, y a saltos se me sube encima y se funde en nuestro abrazo.
Y en silencio le pido al Sembrador que no deje que sus plantitas se ahoguen ni se sientan solas.
Y que no permita que la influencia (o la falta de influencia) de más adultos asfalte la tierra fresca de los que quieren vivir su infancia de verdad.
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