Mi Señor: mira lo tonta que soy,
que a pesar de lo que me quieres
sigo asustada.
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miércoles, 5 de abril de 2017
jueves, 15 de diciembre de 2016
Malita
Hola, soy Tesa y estoy malita. Tengo algo que me hace pupa en el culete, y van y me ponen una mampara en la cabeza, como si fuese una lámpara. Mi mamuchi me hace mimitos y me llama su bombillita de adviento, pero yo tropiezo por todos los rincones y no me hace ninguna gracia nada de todo esto. En fin... dicen que el martes, si todo va bien, ya me la quitarán. Entre que mi ma ha puesto el ordenador un poco alto, y que paso el día casi entero en casa de mi tita, ya no puedo escribir tanto como antes. Pero quiero que sepáis que, sin contar con lo de mi culete, por lo demás estamos bien. Os dejo una foto y un tierno lametón.
jueves, 24 de noviembre de 2016
Jueves
Hace fresquito. Me cuesta salir de la cama, pero lo hago por acompañar a mamuchi en su ducha y desayuno, y despedirla cuando se va a trabajar. Luego me vuelvo a la camita. Dentro de una semana, a estas horas, empezaremos la mudanza. Mientras intentaré dar a ma todo el calorcito canino que pueda. Ojalá alguien me lea y se anime a ayudar... Os dejo con otra foto que me he hecho, salen regular porque mis patitas no aguantan mucho peso y me tiemblan, pero espero que os guste. ¡Feliz jueves!. Tesa.
martes, 22 de noviembre de 2016
Las cajas
Angelito me pedía ayer una foto de la casa y del mogollón de cajas que nos invaden. Yo no hago las fotos muy bien, pero a lo mejor sirve ėsta, aunque se me haya movido un poco:
Mamuchi dice que con el camión para los muebles gordos, y con unos 12 viajes en coche, igual podemos llevarlo todo. Pero claro, nosotras no tenemos coche... Ma dice que con una furgoneta en 1 o 2 viajes estaría solucionado, y que ojalá le tocara la lotería, y luego se pone a llorar, creo que de agobio. Me huelo que lo que más le preocupa no es hacer esas cajas, ni luego deshacerlas, sino cómo trasladarlas. ¿A alguien se le ocurre la manera de hacerlo sin gastar más dinero?. Yo lo del dinero no lo entiendo en absoluto, porque yo lo pago todo con besitos y mimitos; pero ma cuenta papelitos de colores y se echa a llorar, y le he cogido una manía al dinero ése que no quiero verlo ni en pintura. No sé por qué tiene que formar parte del problema o de la solución de las cosas. A veces pienso que a lo mejor soy un poco extraterrestre, porque me pasa lo del Principito aquél del asteroide B612 que tampoco entendía nada...
martes, 11 de octubre de 2016
No sólo
"Ser valiente
no es sólo cuestión de suerte".
Cierto, amigos de Vetusta.
A veces no te queda otra.
A veces marcharse se impone y punto.
Y la suerte no es ser valiente:
la suerte es encontrar un dónde.
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domingo, 11 de septiembre de 2016
¡Sálvese quien pueda!
Puedo volver, dar marcha atrás,
y tirar por la borda todo el camino recorrido.
Puedo callar, no decir nada,
guardarme dentro los gritos hasta que quieran estallar.
Puedo forzar la realidad, decirme a mí misma
que las cosas no son lo que parecen, aunque lo sean.
Puedo doler, hacer que otros por mí se sientan mal,
y depende de a quién le duela, dolerme a mí también por doler.
Puedo arrasar, coger todas las cosas a las que doy valor
y formatearlas, antes que lo haga otro sin derechos
y me arrase a mí también con/en ellas.
Puedo sentir que no doy mas, que el esfuerzo me ha agotado,
que he llegado al tope de lo que soy capaz de hacer.
Y así es, si me olvido de por Quién y con Quién hago las cosas.
Puedo escurrir, tender y poner a secar mi pañuelo
y dejar que se pierdan mis lágrimas, negándoles su valor.
Puedo pasar, sí: dar otro paso
o pasar de largo sin más, por evitar sufrir más.
Puedo fingir que me da igual, que no importa,
que estoy acostumbrada, que es más de lo mismo.
Aunque cada dolor, como cada pecado,
-aunque sea en lo mismo-, es único en sí mismo.
Puedo incidir, insistir, reintentar, esperar,
apretar, meter quinta, decirme que "esta vez sí".
¿Por qué no?
Puedo escapar, salir del laberinto,
renegar de mis círculos concéntricos
y exigirle al Cielo una puerta de salida ya.
Puedo partirme y negociar la otra mitad,
y olvidar en el pasado a la que se dejaba llevar
y comenzar a ser la que pone condiciones.
Porque no todo vale. Para mí no. Ya no.
Puedo romper. De hecho... ¡quiero romper!;
para empezar, todos y cada uno de los espejos de mi casa.
Puedo olvidar, y no como un problema de memoria
sino como una decisión de la voluntad.
Puede comerme la ansiedad,
mañana, tarde, y noches eternas.
Y añoro el día en que no sea así.
Puedo salir: me parece que ya es de día.
Puede que fuera de estas cuatro paredes haya vida...
Puedo girar, por ejemplo 45º,
y cambiar de dirección, a ver qué me encuentro.
¿Por qué no?.
Puedo ser fácil de engañar; yo, que odio la mentira.
Incluso puedo dejarme engañar adrede por no discutir,
por cobarde.
por cobarde.
Puedo joder, y si te jode jódete.
Y no, esta vez no pido perdón.
Puedo encantar, y si te encanto yo encantada.
Si te encanto, quizás tú seas el especial.
¡A Dios le encanto!
Puedo llamarte sin hablar, y puedo hablarte sin llamar
a solas, sin molestar.
Total, ya lo decía el Principito:
"Las palabras son fuente de malentendidos".
Puedo vencer, salir de ésta y subir otro escalón.
Puedo palmar, caer desplomada de puro agotamiento,
y que Dios juzgue mi rendición con justicia y misericordia.
Puedo saber que sin vosotros puede más,
puede que llegue a más, que yo sola me aclare más;
puede que sin tantas zancadillas corra más,
y puede que también la soledad me duela más...
Puede ser que mañana esconda mi voz,
por hacerlo a mi manera;
¡estoy tan cansada de dar explicaciones!
Soy rara, friki, fuerte y débil, lista y tonta,
río y lloro, canto y callo:
pero no es eso lo que me hace sentir diferente. Es que...
¡hay tanto idiota ahí fuera!.
Puede ser que haga de la rabia mi flor,
y con ella mi bandera.
¡Sálvese quien pueda!
Yo, desde luego, pienso intentarlo.
Puedo torcer, malinterpretar, equivocarme,
girar el volante en dirección contraria a la que quiero ir,
desenfocar el tiro, hamartía, pecar...
Puedo lanzar bien lejos de mí ese error,
con la invencible ballesta de la Cruz...
¡y a ver quién puede más!.
Puedo perderme en la obviedad que todos ven,
y creer que soy sólo eso:
un desastre físico, un desastre laboral, un desastre económico...
Puedo servir también, por encima de esas obviedades aparentes,
y resultar importante para el Plan de Alguien,
aunque ni yo misma imagine por dónde puede ir el asunto.
¿Por qué no?.
Puedo cansar con todo este rollo.
Lo siento si os aburro.
Me lo han mandado de penitencia,
así que aquí queda, y queda como queda.
Aunque aún os queda lo mejor:
¡escuchar la canción!.
Yo me apunto.
Grandes, enormes, el mejor directo de este país,
con todos ustedes: Vetusta Morla.
Grandes, enormes, el mejor directo de este país,
con todos ustedes: Vetusta Morla.
Le doy al play, agrando pantalla y...
¡sálvese quien pueda!.
¡sálvese quien pueda!.
Vetusta Morla, "Sálvese quien pueda".
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sábado, 6 de agosto de 2016
lunes, 1 de agosto de 2016
Derivas
En estos días "raros" en los que las palabras, entre otras cosas, no me salen, entre escribir y no escribir he optado por la música. Porque...
Y haciendo memoria de lo que pasó hace menos de un mes en Barcelona, he echado un vistazo a lo que se ha subido a la red sobre el concierto de Vetusta Morla. Y me quedo perpleja viendo cómo Pucho, pese a los evidentes problemas de sonido (no se oía él mismo, se escuchaba más al público que su voz, tuvieron que cambiarle 3 veces de micrófono, no le iba la petaca, en algunas canciones no se le escuchaba absolutamente nada de nada...) decidió seguir dándolo todo, cantando, bailando, metiendo pasión que es lo que le sobra. Su enfado era más que palpable, pero no nos dejó tirados ni un momento... y por supuesto nosotros a él tampoco. Donde no llegaba su voz gritaba la nuestra.
Deriva... La RAE la define como "Abatimiento o desvío de la nave respecto del rumbo establecido, por efecto del viento, del mar o de la corriente". Y ellos le ponen letra y música y cantan "Habrá que inventarse una salida. Que el destino no nos tome las medidas. Hay esperanza en la deriva". Y como ejemplo, el vídeo que os pongo de aquella noche. Y al Buen Dios le pido que me enseñe a mi también, en mis derivas, a seguir en pié, cantando, bailando y ofreciendo al mundo lo mejor que Él ha puesto en mí.
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domingo, 10 de julio de 2016
Reseña de conciertos
Desde primera fila se ven cosas que pasan desapercibidas, o que no pasan, cuando ves las cosas desde atrás. También es cierto que se escucha peor, pero a veces hay que tomar postura por una prioridad. A mí, en primera fila, Enrique me miró: dos veces. Y ninguna de las dos cosas que dijo mientras me miraba me dejó indiferente. Me cantó "que ninguno de esos idiotas te supieron hacer reír, y que el único que te importa es este pobre infeliz"; y así es. Después de unas cuantas canciones más, todas de un nivel cañero muy bien seleccionado, se acercó y me volvió a mirar diciendo: "Hoy te sientes distinto porque eres distinto; lo que fue siempre lo mismo hoy cambió. Permanecía oculto en ti, y ahora está tan claro"... Y ahí confirmé lo que ya sabía: que tiene un don para leer mi alma, que me conoce a la perfección, aunque era la primera vez que me miraba y sabía que yo existía. Yo a eso lo llamo magia. ¿Algo malo del concierto?: lo que tiene estar en un festival, que el tiempo es limitado. Y yo que estoy acostumbrada a bises de más de una hora, con sólo hora y media de concierto tuve la sensación de haber visto un trailer de lo que me espera en septiembre.
Vetusta Morla me dieron una lección de las importantes. Su concierto fue, acústicamente, un desastre. Tres veces le cambiaron el micrófono a Pucho, y no hubo manera de hacerlo funcionar. Ni os cuento lo que imagino que debe ser para un grupo que no se oiga la voz del cantante... su cara lo decía todo. Sus ganas de rendirse y marcharse eran más que evidentes. Pero no lo hizo: todo lo contrario. Sí tiró la petaca, los cascos, incluso al final el puñetero micro: pero no dejó de cantar ni un momento, con una garra brutal que sólo escuchábamos los de la primera fila. Y nosotros cantamos con él, como él, a todo pulmón: de manera que al final la voz que se escuchaba era la de los miles de personas que allí estábamos, sintiendo que sus canciones eran también las nuestras, que "ser valiente no es sólo cuestión de suerte", y "puede ser que mañana esconda mi voz por hacerlo a mi manera: ¡hay tanto idiota ahí fuera!; puede ser que haga de la rabia mi flor y con ella mi bandera: ¡sálvese quien pueda!", y que "el fuego lo guardo yo"... Y aprendí que no hay que rendirse, que hay "días raros" en los que las cosas salen inexplicablemente mal, y aun así merece la pena echar el resto, desbordar de pasión, incluso salir a hacer un bis fuera de tiempo por puro amor y agradecimiento a quien nos ve, desde delante o desde arriba, cada cual elija lo que más le importe. Cuando se estaban despidiendo, Álvaro (el bajista, que estuvo interaccionando conmigo todo el concierto) me miró agradecido; y le enseñé la camiseta que llevaba puesta, madeinjorge, con "Vetusta mola"; y sus gestos de agradecimiento y de llevarse el mensaje en el corazón me recordaron lo importante que es el reconocimiento al trabajo bien hecho, pese a los resultados. Lo que he escrito en otras ocasiones: no somos lo que hacemos, gracias a Dios, sino cómo lo hacemos, lo que motiva lo que hacemos. Un 10 para mis chicos, y trillones de mensajes de queja a la organización del Cruilla por tratar así a artistas de una talla tan enorme.
Yo ya sé lo que os hace grande, ya entiendo "el cómo y por qué". Gracias a ambos por una de las noches más mágicas de mi vida. Conforme vaya bajando mi nivel de adrenalina seguiré repasando momentos y tomando nota de todas las cosas que me enseñáis con vuestra música. Un placer haberos escuchado en persona para variar, a vosotros que resonáis en mi salón y en mis cascos en diferido continuamente. ¡Y que sean muchas veces más!
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sábado, 2 de julio de 2016
"Un año más...
o un año menos que dolerse
de esta herida y de esta luz",
que dicen mis amigos de Vetusta Morla.
Me he despertado llorando;
no sé si por el horror de año que dejo atrás
o por el miedo a que el que empieza
tampoco esta vez sea mejor.
Ya no me atrevo a soplar las velas y pedir deseos:
nunca se cumplen. La experiencia se impone.
Aun así, al levantarme de mi cama
lo primero que he visto entre mis lágrimas
ha sido esto:
Y al final no he podido evitar sonreír.
¡Mil gracias, Tesita!
¡Mil gracias, Tesita!
Sé que este año también ha sido especialmente duro para ti,
porque tu vida está inseparablemente unida a la mía.
Pero mira, ¿sabes?, todavía seguimos en pie.
Y aunque no vayamos a tener fiesta,
ni tarta, ni abrazos, ni regalos, ni nada de lo convencional
(nosotras nunca hemos sido convencionales, pequeñaja)
acabo de decidir una cosa:
¿Te parece buen plan?
Visto lo vivido hasta ahora, no puede ser demasiado difícil...
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martes, 21 de junio de 2016
Perspectiva
No sé qué escribir.
Estoy bloqueada.
Pero quería que supierais que sigo viva.
Es sólo que...
a veces es mejor esperar un poco
a ver las cosas algo más claras.
Quizás sólo necesito perspectiva.
Otra perspectiva.
viernes, 17 de junio de 2016
martes, 14 de junio de 2016
La hora del corazón
Llego a la oración de la mañana tan cansada como si no hubiese dormido. No sé si es la medicación, la primavera, o simplemente yo; pero me cuesta. El ánimo tampoco me acompaña. Siento que no haberme dado cuenta de algunas cosas a tiempo me ha hecho retroceder; y no sé dónde colocar ni cómo encajar la rabia que esto me genera. Porque es tan brutal el esfuerzo que hago por dar un paso adelante cada día, que no consigo soportar que nada ni nadie me hagan dar medio hacia atrás. Y tampoco quiero bajo ningún concepto que las personas que se están dejando la vida en ayudarme a vivir la mía me vean triste, Intento poner todo en manos de Dios, que sabe mejor que nadie qué hacer con nuestros errores y cómo darles utilidad; pero hasta eso me cuesta. No encuentro las palabras para definir qué quiero que Él me cure: ¿es decepción, frustración, turbación, desánimo?. ¿Dónde coloco el pasado para que no afecte a mi presente?. ¿Necesito más humildad para aceptar que sigo cometiendo errores parecidos a los de siempre; fe para que las malas experiencias no me hundan; caridad para no sentir rencor hacia quienes de alguna manera me han dañado; esperanza en que todo entraba dentro de un Plan perfecto para enseñarme algo importante?...
Sigo intentando ordenar ideas y palabras en la oración; pero no hay manera. Me queda la certeza de que Dios sabe lo que hay en el fondo de mi corazón, que ve con claridad mis esfuerzos y mis intenciones, aunque yo no sepa expresar nada. Me callo, hago silencio, respiro hondo... y Él sí me hace llegar su mensajito esta mañana, para calmarme.
Y tomo nota para rumiarlo bien durante el día:
"Tu inteligencia está torpe, inactiva: haces esfuerzos inútiles para coordinar las ideas en la presencia del Señor: ¡un verdadero atontamiento!. No te esfuerces, ni te preocupes. -Óyeme bien: es la hora del corazón" (Camino 102).
domingo, 12 de junio de 2016
El futuro no existe
Es algo que todos sabemos.
Aunque poco se nos nota...
El futuro no existe.
Lo que va a ocurrir a continuación,
ni tiene por qué ocurrir,
ni tiene por qué ser a continuación,
ni nada de nada.
Simplemente no es.
Ni ha pasado, ni tiene que pasar.
Entonces...
¿por qué narices seguimos agobiados
por algo que no nos presiona?;
¿por qué tememos a aquello
que realmente no nos amenaza?.
Si lo pasado, pasado está,
¿qué tiene el futuro
para que yo le preste mayor atención?:
para que yo le preste mayor atención?:
¿es más guapo o qué?.
Todo lo que me da miedo del mañana
está sólo en mi imaginación.
Todas esas cosas terribles
que, porque puede que me ocurran, me hacen sufrir,
son sólo un quizás, un tal vez, un puede que,
un acaso, un mero probablemente.
Adverbios indefinidos.
Construcciones gramaticales.
Palabras. Sólo palabras.
Sin ningún contenido vital real todavía.
El hombre es el único ser lo suficientemente estúpido
como para autoprovocarse crisis personales
por puro Efecto Pigmalión *.
Eso mi Tesa no lo hace.
Ahora mismo ronca como un hipopótamo
sin importarle un bledo lo que vaya a ocurrir después.
Y yo, que ando despierta media noche,
dando vueltas a lo que quizás no ocurra, la envidio.
Y pienso... puestos a perder el AHORA
pensando en el LUEGO,
¿por qué no imaginar una mañana soleada,
una canción motivadora,
una Presencia sanadora,
un sueño hecho realidad,
un logro, un reto superado, un "yo puedo",
una salida del túnel,
un final feliz?...
Hadasita: toma nota.
Aquí la penúltima lección de tu curso escolar...
* Profecía autocumplida.
Expectativa que incita a las personas a actuar
de manera que esa expectativa se vuelva cierta.
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viernes, 10 de junio de 2016
Con buen ánimo
Ésta es mi decisión para HOY, para AHORA.
Y doy gracias al Buen Dios, por sus ayudas...
¡Por fin Tesa ha vuelto a casa conmigo!
¡Por fin puedo salir a la calle!
¡Por fin puedo asistir a Misa en directo!
¡Por fin me miro en el espejo y no me asusto!
Parece que las cosas vuelven a la normalidad
que me da estabilidad y serenidad.
Y espero que, en cuestión de días,
pueda estar de nuevo en el cole dando guerra.
Quiero acabar el curso en activo,
currándomelo hasta el final.
No es lo más fácil, pero sí lo más gratificante.
He descubierto algunas cosas importantes últimamente.
Por ejemplo, que la ansiedad sigue siendo mi enemiga,
aunque pase temporadas callada y escondida.
Que me falta humildad para reconocer
que no soy buena para determinadas personas.
Que me duele mucho más lo interior que lo exterior.
Que no es malo pedir ayuda.
Que es bueno poner límites.
Que la soledad puede ser una bendición.
Que el pasado se debe remover sólo
lo justo e imprescindible; y enterrarlo de nuevo.
Que el futuro no importa,
está a buen recaudo en manos de la Providencia.
Que ser fiel a las propias decisiones cuesta,
pero es un esfuerzo super enriquecedor y positivo.
Que es importante escuchar a Dios a tiempo.
Que mis sentimientos suelen traicionarme,
pero su Palabra no.
Que ni soy perfecta, ni lo seré jamás;
y que el Señor cuenta con ello.
Que se puede y se debe recomenzar cada mañana
con la decisión de vivir lo que venga
con un ánimo bueno:
porque motivos para dar gracias tengo de sobra.
Que me encanta robar sonrisas a la gente que quiero.
¡Y que soy mucho más valiente de lo que imaginaba!.
Así que me pongo los cascos con mi música
y me bajo YA mismo con Tesa a la calle
(¡Dios, cómo la echaba de menos!)
a celebrar que HOY es viernes;
y que si no todo va bien,
sí todo va mejorando.
Sea mi Señor por ello bendito y alabado.
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martes, 7 de junio de 2016
Compartiendo lo poco
No puedo hacer mucho estos días. Sólo estar, la mayor parte del tiempo dormida por la cantidad de medicación que llevo encima. Tesa se ha marchado un tiempo con mi hermana porque no puedo salir a la calle. Veo la Misa en la tele. Cuando estoy más despejada rezo, ofrezco, e intento echarle humor al asunto. Confieso que algún rato he llorado. Pero también he reído, y he procurado sacar alguna sonrisa a otros. Incluso estoy manteniendo mi trabajo en el cole al día desde casa. He acabado el postgrado, he sacado el carnet de conducir, y me muero de ganas de ver la luz más allá del sofá del comedor donde estoy aparcada. La música me sigue acompañando. El cine y la lectura también, aunque por fascículos, porque me duermo enseguida. Con la oración es más sencillo: creo que rezo hasta dormida. De vez en cuando entro en las redes, a ver qué pasa con mi gente. Y encuentro joyitas; por compartir un poco os cuelgo ésta que tanto bien me está haciendo estos días:
“El humor es otra de las armas con las que el alma lucha por su supervivencia. Es bien sabido que, en la existencia humana, el humor puede proporcionar el distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación, aunque no sea más que por unos segundos.”
Viktor Frankl, "El hombre en busca de sentido".
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domingo, 5 de junio de 2016
Fuera de juego
La salud me tiene temporalmente fuera de juego.
Espero poder volver en breve.
¡Muchos besitos a todos!
Espero poder volver en breve.
¡Muchos besitos a todos!
miércoles, 1 de junio de 2016
Sólo una cosita
Por si alguien por aquí piensa que tengo que dar alguna explicación sobre lo que hago o dejo de hacer. O que tengo la obligación de sentirme indefinidamente culpable por mis errores, en vez de aprender de ellos sin más. Si se me toma por tan tonta como para no saber distinguir entre un arrebato y una decisión. Si alguien piensa que a estas alturas de mi vida me voy a regir por chantajes afectivos, o que por presionar y asfixiar a los míos se me va a hacer cambiar de opinión. Si hay quien cree que el remordimiento, la pena o la coacción van a hacer que se me mueva un pelo del flequillo... Si alguien es tan cerril como para no aceptar las cosas como vienen y dejarme vivir mi vida a mi manera aunque no les guste, que quede claro de una vez por todas que yo soy, y siempre seré pues así me ha hecho Dios...
Y cada caminante siga su camino.
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domingo, 29 de mayo de 2016
Necesidad de ser curados
Dice el Evangelio de hoy (Lc 9, 11b) que Jesús "curaba a los que tenían necesidad de ser curados". Deduzco fácilmente que había otros, pues, que no necesitaban ser curados. Y que no necesariamente no lo necesitaran porque estuvieran sanos. Esto me ha dado mucho que pensar...
¿Habrá "enfermedades" que Dios quiera en nuestra vida? De ser así, el motivo no puede ser otro que un mayor bien que el de la propia curación, ¿cierto?. Pero vaya, eso no es nada fácil de aceptar. Al menos en principio.
Imagino que hay varios tipos de enfermedades, y que no todas traen como desenlace la muerte (otro día a ver si escribo sobre es asombro que me produce el miedo que la gente le tiene a la bendita Hermana Muerte, porque no consigo entenderlo como un mal).
Hay enfermedades físicas: la lista de enfermos de cáncer por la que rezo cada día se lleva la palma, parece ser la que se impone imperiosamente a las demás. Pero la cantidad de dolencias físicas es tan larga que ni los médicos se acaban de aclarar, y a muchas de ellas las declaran "enfermedades raras", que no saben ni por dónde cogerlas. Si pasáis una noche en urgencias, en la sala de espera veréis una muestra muy variada: personas con mascarillas, goteros, tiritonas, contusiones, roturas, vómitos, mareos... Las causas, los médicos las sabrán; o no. Puede que Dios piense que no necesita curarnos de ellas, porque para eso inventó a los especialistas. O porque va a resultar que el dolor sí tiene un valor redentor, aunque nadie se atreva a hablar de ello...
También hay enfermedades mentales. Esas parecen ser más vergonzantes. Pero el hecho es que tanto la ansiedad como la depresión son el pan nuestro de cada día. He leído en algún sitio que el Prozac es el medicamento más utilizado en el mundo después de la Aspirina. Por algo será. Sin quitarles ni un pelín de importancia, y teniendo muy en cuenta que muchas de ellas son endógenas e incluso hereditarias, no puedo evitar preguntarme: ¿cuántas veces la culpa de un mal psicológico no está en la actitud del propio paciente?. La ansiedad, por ejemplo: ¿no hay casos en los que la cura consiste sencillamente en aprender a decir "hasta aquí" o "no"?. Pero eso supone un enfrentamiento, o con quien trata de explotarnos, o contra nosotros mismos y nuestra escala de valores; y los enfrentamientos no son agradables. ¿Necesita una persona así que Dios la cure, o ponerse las pilas y tomar el toro por los cuernos?. Buena pregunta, ¿verdad?. Especialistas para ayudar a discernirlo también los hay, y gracias a Dios algunos muy buenos.
Existen otras enfermedades... esas me preocupan bastante más. Son las espirituales. Me preocupan porque son tan gordas que a veces incluso causan además enfermedades físicas y psicológicas. No en vano el alma es la que alienta al cuerpo. Un cuerpo sin alma es un cuerpo muerto. Hasta ese punto hay dependencia. ¿Qué pasa entonces cuando es el alma la que está enferma?. Si existiese una especie de sala de espera para personas con enfermedades espirituales, ¿qué síntomas podríamos encontrar?. Tal vez tristeza, o falta de esperanza, o cansancio y agobio, o miedo y vergüenza, odio, rencor, egoísmo, falta de dominio propio, de paz... No me cabe la menos duda de que Dios quiere curarnos de estas enfermedades, pues precisamente para ello murió en una Cruz. Pero aceptar su curación supone dejarse en sus manos, confiar en Él, escuchar sus Palabras y dejarle que tome el control. Y ahí está la gran enfermedad del hombre moderno: ¡que no queremos dejar a Dios ser Dios!; ¡que en el fondo no nos creemos que Él sabe más!; ¡que no nos da la gana aceptar que su Voluntad sea lo mejor para nosotros, y nos empeñamos en querer entender y entender y entender!... Y ya nos lo advierten los santos, que no está el asunto en entender sino en amar -sin más, y "por ser Vos quien sois"- su Santísima Voluntad.
Así que Dios de mi alma: si crees que no tengo necesidad de ser curada, no me cures. No te pido la salud: ni la de mi cuerpo, ni la de mi mente, ni siquiera la de mi alma si mis pecados con tu perdón me van a acercar más a Ti. Sólo te pido que no me dejes sola nunca. Y que al final de mis días pueda cantar la mejor de las canciones; en heavy, pop, rock, indie... ¡me da igual!: pero cantar, sí, cantar a pleno pulmón y de todo corazón tu gran Misericordia.
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Lo importante
A veces me cuesta discernir entre lo importante y lo urgente.
Hay ocasiones en las que lo urgente se quiere imponer,
y de hecho acabo en urgencias. Anoche, por ejemplo.
Imagino que también era importante que la alergia
no me llegase a las vías respiratorias.
No sé entonces si se trataba de algo urgente o importante,
o ambas cosas a la vez.
Ya he dicho que me cuesta discernir...
Hay cosas que son lo suficientemente importantes
como para que -además- sea urgente hacerlas cuanto antes
y así evitar daños mayores.
Mientras esperaba que los pinchazos hicieran su efecto
y me devolviesen una cara que no fuera un homenaje a Mick Jagger,
estuve echando un vistazo a lo que circulaba por internet.
Es lo bueno de estar sola en una sala de espera,
sobre todo cuando no puedes hablar: que te da tiempo a leer.
Y me encontré con este tweet:
¡Me pareció tan bonito!
¡Me lo pido como proyecto de vida!
Con la convicción
(no me cansaré de repetírmela)
de que no soy lo que hago. ¡Gracias a Dios!.
No soy lo que logro.
Soy mis intentos, mis anhelos, mis sueños;
mis sonrisas -a veces forzadas, pero reales-;
mis decisiones más o menos acertadas
pero todo lo coherentes que me salen.
Mis rectificaciones.
Mis caídas y vueltas a poner en pie.
Esa verdad peleada. Esa pasión.
Ese canto por bandera.
Mis contradicciones, que pese a lo que parezcan
son lo mejor que tengo, porque hablan de vida,
de camino, de búsqueda.
Sí: mis contradicciones son importantes.
Mi Enrique me entiende, como siempre, a la perfección:
Hoy, esta contradicción andante se va a poner guapa,
pese a las deformaciones que todavía ha dejado en mí la alergia.
Y me voy a algo muy, pero que muy importante: a Misa.
¡Hoy, que celebramos el Corpus!.
Dios me confirma hoy que lo importante es lo que pasa por dentro,
lo que no se ve bien con los ojos que decía el Principito,
que está más allá de lo que parece físicamente,
en lo profundo, donde sólo se ve bien con el corazón.
Así veo pan, y adoro el Cuerpo de Cristo.
Y su pequeñez, su pobreza, su aparente insignificancia
me fascinan, me atraen, y me sirven de estímulo.
No sé qué se verá de mí por fuera; tampoco me preocupa mucho.
Lo importante es lo que ve Él;
y que en su "pequeñez" y en la mía
se da la grandeza del Encuentro.
Otra contradicción, la más importante. ¿O no?.
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