Estaba un poco preocupada por
la contestación de Hadasita de ayer, sobre el colegio. Me quedó clarísimo que no le gusta, pero no entendía bien por qué. Mi peque es trabajadora, disfruta haciendo deberes, le encanta aprender cosas nuevas, saca buenas notas, no se pone nerviosa cuando hay controles porque sabe que se los sabe. Entonces...
- ¿Por qué no te gusta el cole?.
- Por los niños.
- ¿No te gustan los niños?
- Algunos sí.
- ¿Sólo algunos?
- Sí, sólo algunos.
- ¿Se portan mal contigo?
- ¡Se portan mal, siempre!
- ¿Pero no serán todos?
- No, algunos no. Pero casi todos.
- ¿No estarás exagerando, Hadasita?
- No.
- ¿Me quieres contar qué hacen?
- No.
- ¿Por qué no?
- Porque no hay que hablar mal de las personas. Eso me lo enseñaste tú.
- Cierto...
- Pero hay algunos que son buenos. Yo intento ser buena, ¿sabes?, pero a veces me siento un poco sola...
- Dime una cosita, Hadasita: ¿por qué piensas que esos niños no son buenos?
- No sé. A lo mejor porque no tienen en casa a nadie que les diga que no hay que hablar mal de las personas...

Y la abrazo.
Y la beso.
Y se agarra bien fuerte a mi cuello.
Y lloramos.
Y Tesa se vuelve loca, y a saltos se me sube encima y se funde en nuestro abrazo.
Y en silencio le pido al Sembrador que no deje que sus plantitas se ahoguen ni se sientan solas.
Y que no permita que la influencia (o la falta de influencia) de más adultos asfalte la tierra fresca de los que quieren vivir su infancia de verdad.