miércoles, 2 de mayo de 2012
domingo, 1 de abril de 2012
Cae Jesús
Cae Jesús cuando yo me levanto por encima de los demás, hablando mal de los demás.
Cae Jesús cuando yo me levanto a base de mentiras o de verdades hinchadas.
Cae Jesús cuando yo me levanto pensando sólo en mí mismo, y me acuesto de nuevo pensando sólo en mí mismo.
Cae Jesús cuando yo me siento caer porque los demás no me hacen el caso que creo que merezco.
Cae Jesús cuando yo me niego a ver más allá de mi nariz o de la imagen de mi espejo.
Cae Jesús cuando yo me levanto en alto, creyéndome con más razón que nadie.
Cae Jesús cuando yo me siento con los brazos cruzados por no comprometerme, por no identificarme con el pobre y necesitado.
Cae Jesús cuando yo sentencio en vez de hablar. Cuando sólo me escucho a mí como en un monólogo.
Cae Jesús cuando yo me hago llamar cristiano sin querer caer jamás.
Cae Jesús cuando yo no acepto mis fracasos, cuando tengo justificación para todos mis errores.
Cae Jesús cuando yo culpo de todo a los demás.
Cae Jesús cuando yo planeo mi vida sin contar con Él.
Cae Jesús cuando yo lo aplasto, lo acallo, lo escondo, lo ignoro.
Cae Jesús. Y yo miro hacia otro lado.
Cae Jesús cuando yo me levanto a base de mentiras o de verdades hinchadas.
Cae Jesús cuando yo me levanto pensando sólo en mí mismo, y me acuesto de nuevo pensando sólo en mí mismo.
Cae Jesús cuando yo me siento caer porque los demás no me hacen el caso que creo que merezco.
Cae Jesús cuando yo me niego a ver más allá de mi nariz o de la imagen de mi espejo.
Cae Jesús cuando yo me levanto en alto, creyéndome con más razón que nadie.
Cae Jesús cuando yo me siento con los brazos cruzados por no comprometerme, por no identificarme con el pobre y necesitado.
Cae Jesús cuando yo sentencio en vez de hablar. Cuando sólo me escucho a mí como en un monólogo.
Cae Jesús cuando yo me hago llamar cristiano sin querer caer jamás.
Cae Jesús cuando yo no acepto mis fracasos, cuando tengo justificación para todos mis errores.
Cae Jesús cuando yo culpo de todo a los demás.
Cae Jesús cuando yo planeo mi vida sin contar con Él.
Cae Jesús cuando yo lo aplasto, lo acallo, lo escondo, lo ignoro.
Cae Jesús. Y yo miro hacia otro lado.
sábado, 31 de marzo de 2012
Jesús carga con la cruz
Me duele el alma. No sé qué puedo tener. Es como si estuviese hueco, como si me hubiese convertido de cartón-piedra, como cuando se te duerme un pié pero por dentro. No sé explicarme. Es un dolor que casi ni duele de tan poco yo que soy ya. Me empezó doliendo la crisis, y por aquel entonces tuve síntomas de enfado, y se empezaron a manchar mis palabras. Con la crisis, al poco tiempo, me vino un dolor de familia. Creo que comenzó con el verano, cuando no pudimos irnos de vacaciones. Entonces las palabras disminuyeron bastante, y tenía mucha somnolencia que calmaba en el sofá, viendo la tele. Oía gritos fuera, pero los reproches me resbalaban sin calarme, como si llevase un impermeable. Cuando salía con gente, la gente me dolía: me dolían sus historias, sus sufrimientos, sus despidos, sus preocupaciones. Me dolían tanto que se me hicieron insoportables y dejé de salir. Sólo voy al trabajo: un trabajo que me duele profundamente, que hago con la mayor de las desganas y con una pesadísima carga de desilusión. Aunque del trabajo nunca me he quejado en voz alta, porque siento que me dolería todavía más. Tampoco recuerdo ya la última vez que me reí sin ironía. Me río cuando oigo palabras como esperanza, amor, fe, Dios… Me da la risa nerviosa esa, la risa tonta que digo yo. No es que ya no crea: es que me duele tanto el alma que no siento ni que tengo alma. Ni siquiera sé si este dolor es síntoma de algo concreto, ni si tiene cura o no. Sólo sé que sigo vivo porque me encuentro realmente mal. Y vengo a que me mires, porque ya no sé qué hacer conmigo, que no me aguanto ni yo…
Jesús carga con mi cruz. Mi cruz de hoy. Mi cruz cotidiana. La cruz que me duele, y que está hecha de mis pecados y de los pecados de muchos otros. Una cruz que me pesa, que no me deja avanzar, que no sé cómo llevar, que me llena de dolor. Jesús carga con mi cruz. Él se va a hacer cargo. Él me va a sanar.
martes, 28 de febrero de 2012
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Un monumento conmovedor
En el día de los santos inocentes, copio la entrada de Pensarporlibre, porque merece la pena...
"El pasado 28 de Octubre se inauguró en Eslovaquia el monumento del niño por nacer, obra de un joven escultor de aquel país. La escultura expresa no sólo el pesar y arrepentimiento de las madres que han abortado, sino también el perdón y el amor del niño no nacido hacia su madre. La ceremonia de Inauguración contó con la presencia del Ministro de Salud de ese país. La idea de construir un monumento a los niños por nacer fue de un grupo de mujeres, madres jóvenes, muy conscientes del valor de toda vida humana. Difundamos las buenas noticias, que también las hay".
"El pasado 28 de Octubre se inauguró en Eslovaquia el monumento del niño por nacer, obra de un joven escultor de aquel país. La escultura expresa no sólo el pesar y arrepentimiento de las madres que han abortado, sino también el perdón y el amor del niño no nacido hacia su madre. La ceremonia de Inauguración contó con la presencia del Ministro de Salud de ese país. La idea de construir un monumento a los niños por nacer fue de un grupo de mujeres, madres jóvenes, muy conscientes del valor de toda vida humana. Difundamos las buenas noticias, que también las hay".
lunes, 12 de diciembre de 2011
Mi Niña
Mi Niña tiene los ojos abiertos. No quiere perderse nada.
En ellos queda grabado todo lo que mira, y de ahí pasa a su corazón.
Mi Niña viste de Cielo. Lleva el Cielo por fuera y por dentro.
Y en el Cielo me espera. Y hacia el Cielo me lleva.
Mi Niña es morena, latina, como yo, de mi raza, de mi misma carne.
Junto a mi Niña siempre brilla el sol. No existe la Noche.
La Luz la rodea. Ella misma es Faro.
Mi Niña se recoge y espera.
Espera a Dios, igual que yo.
Espera a Dios, junto a mí.
Espera en silencio, y casi sonriendo, porque sabe que la espera será ya breve.
Ni Niña Lupita vela mis sueños, cuida mis horas, guarda mis secretos, conoce mis intentos.
Mi Niña Lupita me repite hoy, como siempre, al oído, susurrando a mis miedos:
"¿No estoy aquí Yo que soy tu Madre?
¿No estás bajo mi sombra y resguardo?
¿No soy la fuente de tu alegría?
¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis manos?
¿Tienes necesidad de alguna otra cosa más?"
En ellos queda grabado todo lo que mira, y de ahí pasa a su corazón.
Mi Niña viste de Cielo. Lleva el Cielo por fuera y por dentro.
Y en el Cielo me espera. Y hacia el Cielo me lleva.
Mi Niña es morena, latina, como yo, de mi raza, de mi misma carne.
Junto a mi Niña siempre brilla el sol. No existe la Noche.
La Luz la rodea. Ella misma es Faro.
Mi Niña se recoge y espera.
Espera a Dios, igual que yo.
Espera a Dios, junto a mí.
Espera en silencio, y casi sonriendo, porque sabe que la espera será ya breve.
Ni Niña Lupita vela mis sueños, cuida mis horas, guarda mis secretos, conoce mis intentos.
Mi Niña Lupita me repite hoy, como siempre, al oído, susurrando a mis miedos:
"¿No estoy aquí Yo que soy tu Madre?
¿No estás bajo mi sombra y resguardo?
¿No soy la fuente de tu alegría?
¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis manos?
¿Tienes necesidad de alguna otra cosa más?"
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Es hora de hablar
Cuando yo tenía más o menos la edad de algunos de mis alumnos, Enrique cantaba "No hay oración".
Pero pasa el tiempo, y con él llega la experiencia.
Sí: es hora de hablar. Es hora de sentarse en silencio y descubrir que sí hay oración.
Que además la necesito.
Que otra vida puede ser algo más que una quimera.
Hora de hablar de conversión, de mis desastres.
Del pasado, del futuro, del presente. De las buenas intenciones.
De todo, porque a Dios todo le interesa.
Le intereso yo hasta el punto de buscarme donde sabe que me va a encontrar: en un cd de Búnbury.
En una letra, que ya no es de Héroes; es de gente como Enrique, como tú, como yo, como cualquier otro.
Es Adviento.
Es tiempo de oración.
"Es hora de hablar".
Y yo comienzo con estas palabras...
Pero pasa el tiempo, y con él llega la experiencia.
Sí: es hora de hablar. Es hora de sentarse en silencio y descubrir que sí hay oración.
Que además la necesito.
Que otra vida puede ser algo más que una quimera.
Hora de hablar de conversión, de mis desastres.
Del pasado, del futuro, del presente. De las buenas intenciones.
De todo, porque a Dios todo le interesa.
Le intereso yo hasta el punto de buscarme donde sabe que me va a encontrar: en un cd de Búnbury.
En una letra, que ya no es de Héroes; es de gente como Enrique, como tú, como yo, como cualquier otro.
Es Adviento.
Es tiempo de oración.
"Es hora de hablar".
Y yo comienzo con estas palabras...
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