lunes, 2 de mayo de 2016

¿Mediocre?

No siempre estar en el punto intermedio es ser mediocre.
Hay mañanas en las que estar al 50% 
es un 100% de lo que es posible.
A veces te encuentras tan mal, 
que pasar de la cama al sofá es como subir el Everest.
Hay medicinas que están tan malas 
que no te las puedes beber de una sin respirar.
A veces preparas un tema para una clase y consigues dar medio;
pero si está bien aprendido, ¿eso es mediocre?.
Decidir que hoy me voy a exigir sólo estar al 50%,
¿es un acto de cobardía o de humildad?.
En ocasiones, reconocer que toca reponerse un poco 
es ser valiente.
No pasar de segunda marcha en ciudad 
a la hora de la entrada al trabajo es prudencia.
Y mirar al cielo desde la ventana 
y ver que ha vuelto a amanecer, pura esperanza.
No vuelvo a poner la pausa ni el freno de mano:
reduzco velocidad, y después de la siguiente glorieta ya aceleraré.
De entrada, me doy la enhorabuena por mi 50%,
y las gracias a quienes rezáis por mí,
porque donde sé que hoy algunos me tacharán de mediocre
otros veréis la Gracia actuando, con su grandeza de siempre.
Entre el "suspenso" y el "sobresaliente",
¡que viva el "progresa adecuadamente"!

sábado, 30 de abril de 2016

Quito el "pause"

El pasado 2 de marzo me declaré "en pausa". 
Pues bien: me retiro oficialmente de ese estado.
Como no hay mal que por bien no venga, 
he descubierto que -por muy bien que meta la marcha-
no adelanto nada con el freno de mano echado. 
Mi profesor de la autoescuela me dijo: "Examen suspendido".
Y yo pensé: "Lección aprendida". 
Y no tenía en mi cabeza el coche precisamente.

Quito el freno de mano y me meto en la calzada, a ver qué pasa.
Igual va y descubro que me gusta conducir.
A lo mejor me rodeo de un montón de coches que no conozco,
y no colisiono con ninguno de ellos.
Salgo de la sala de espera y me meto en la sala de curas.
Al final, las heridas de mis rodillas de la caída del otro día
ya son costras a puntito de caer.
Debajo hay piel nueva, aunque todavía no la vea.

¿Que voy a volver a llorar?: ¡seguro!. Y me temo que muy pronto.
¿Que meteré la pata?: ¡con toda certeza!.
Hasta los superhéroes lo hacen.
Probablemente hasta suspenda el examen de conducir real.
Pero no pienso dejar de intentarlo por ello.

No cambio de sentido, sólo me reincorporo a la circulación.
Tampoco soy tan tonta como para ir sin cinturón de seguridad;
y de momento llevo a mi lado a alguien en quien confío,
que tocará pedales si me ve en peligro.

En mi sala de curas tengo tres doctores honoris causa: M, J, A.
Son los mejores, así hace Dios las cosas. ¿Qué más puedo pedir?.
¿Acaso me queda ya algo que perder?
Pese a la cuerda afirmación del Principito,
yo creo que adelante, todo recto, a veces se puede llegar al destino.

viernes, 29 de abril de 2016

Por fin...

... encuentro unos minutos para escribir esta semana. El ritmo de mi vida se ha acelerado preocupantemente los últimos días. Las cosas se acumulan sin descanso una detrás de otra, hasta agotarme tanto que no tengo ni fuerzas para enchufar el ordenador. Disculpad, pues, mi ausencia de estos días. Voy a procurar empezar a decir que no de nuevo, o el cansancio podrá conmigo.

Para empezar, ayer me dí un homenaje, que dice Tusi. Y fui a saludar a tres de mis chicos de Vetusta Morla en persona. Esa gente que se cuela con sus acordes en mi casa y en mi vida de una forma tan cotidiana son personas concretas, a las que -si tengo ocasión- me gusta dar las gracias cara a cara. A estas alturas no hace falta que explique lo terapéutica que es la música para mí. Aunque esta vez apenas hablamos de canciones. Curiosamente el tema fue un libro, que desde ya recomiendo, y no en descarga pirata sino en papel impreso. Se llama "Memoria instantánea", y la filosofía que lo motiva tiene muchísimo que ver con varias de mis últimas entradas: ahora, ahí, ya...  Ellos, como yo, sienten que la única realidad que tenemos de verdad es el momento presente, y que por tanto es casi una obligación vivirlo con normalidad, sin ansiedad, pero disfrutándolo lo máximo posible. Lo malo del momento presente es que, en breve, se convierte en pasado: y si no habita en la memoria desaparece. Por eso quisieron guardar recuerdos, fotografías, escritos, impresiones, sentimientos, lecciones aprendidas en momentos instantáneos vividos durante su última gira, y agruparlos en un libro; de manera que todos esos instantes permanecieran de alguna manera presentes todavía, y no se perdiesen con el tiempo en el pasado. Una bonita forma de justificar este scrapbook que es "Memoria instantánea", del que os acabaré comentando algún fragmento, casi con total seguridad.

Algo parecido es este blog. Una memoria instantánea de cosas que me ocurren o que se me pasan por la cabeza. Cuando encuentras a alguien que ve las cosas como tú, te sientes bastante menos sola. Por eso sin más ya merecía la pena ir a darles las gracias personalmente. Os cuento que los chicos de Vetusta me parecieron simpáticos, amables, educados, sencillos, cercanísimos, y de una normalidad tan agradable que para nada roza ni de lejos la vulgaridad. Si me hubiese cruzado con ellos por la calle sin conocerlos, no me habrían llamado nada la atención. Y sin embargo ahí tenemos a unos currantes como la copa de un pino, que viven su trabajo con profesionalidad y con pasión a partes iguales, que se preocupan por hacer algo bonito que guste de verdad a otros, pero que parece que no acaban de creerse que, probablemente, son en la actualidad el mejor grupo de rock indie de este país.

Me llevo una lección de humildad. Unas ganas locas de aprender a hacer las cosas con la excelencia y a la vez con el disfrute con la que ellos las hacen. Y la primera foto de mi propia memoria instantánea, de ese momento presente de ayer, que ya es pasado, pero que aquí queda reflejado para que no se me olvide mañana.

domingo, 24 de abril de 2016

¿Creo en el amor?

En alguna ocasión, las personas que me rodean me han escuchado decir que no creo en el amor. Y se han sorprendido. Entiendo que la afirmación, así, sin más explicación, puede no sólo sorprender sino incluso escandalizar. Por eso voy a matizarla un poquito.

No creo en el amor que nos vende Hollywood. Estoy absolutamente convencida de que el cine ha hecho muchísimo daño a las personas, creando en ellas un imaginario colectivo de lo que debería ser el amor que realmente no existe. Es bastante más probable que me encuentre a Batman saltando por los tejados de las fincas que me rodean, que a Edward subiendo las escaleras de servicio de Vivian con un ramo de flores, para rescatarla de su vida en la calle y llevarla a vivir un amor idílico donde pasarán el día bebiendo champagne y comiendo fresas. Dudo seriamente que un Colin Firth se llegase a fijar jamás, en la vida real, en alguien como Bridget Jones. Queridos Hugh Grant y Julia Roberts: ¡cuánto daño ha hecho vuestro trabajo a la humanidad!. La vida no funciona así. ¡La de lágrimas que se han derramado descubriendo que el príncipe azul, en realidad, es gris!. Este tipo de películas deberían llevar un aviso al comienzo que dijera algo como "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia", o "las autoridades sanitarias advierten que el consumo de este tipo de films puede producir a la larga efectos secundarios que dañen su salud afectiva e incluso psicológica". Sería al menos honesto.

En cambio sí puedo decir que he visto y vivido cosas. Cuando una persona regala a otra una edición limitada agotada de un disco imposible, con una dedicatoria que dice "era importante que lo conservaras tú para que todavía tenga más valor", ¿cómo se llama a eso?. Cuando alguien llora amargamente y tiene al lado a otro que la escucha con un silencio reverente, casi sagrado, ¿qué nombre le ponemos?. Cuando al final del pasillo de un hospital encuentras unos ojos familiares y un abrazo fuerte que te sostiene en pie, ¿cómo se puede definir lo que hay ahí?. Cuando puedes mostrarle a alguien tu lado más oscuro, tus pecados más vergonzosos, sin miedo porque sabes que nada va a cambiar que siga a tu lado, ¿no es eso amor?. Cuando, después de una baja, vuelves al trabajo y una de tus niñas te espera en la puerta para agarrarse a tu cuello con una sonrisa infinita, y te dice "te he echado mucho de menos", ¿no merece eso ser llevado a la gran pantalla?.

Creo en el amor, ¡por supuesto!. Pero en el amor real, del que he tenido experiencia tangible. Que se parece tanto al Amor de Dios como tan poco al amor romántico. Es más: creo que el amor es el motor de la vida, que no se puede vivir sin él como no se puede vivir sin aire. Creo en la amistad. Creo en la fidelidad. Creo en la honestidad. Creo en la gratuidad. No creo ser ni la mitad de buena de como me ve la gente que me quiere, pero sí creo que el amor que les lleva a verme así potencia mi valor, en los dos sentidos de la expresión. Creo que el amor cuesta, que el amor duele, y si no preguntadle a Aquel que me amó y se entregó por mí... a quien suplico, por su Gracia, que me ayude a romper mi frasco -como hizo aquella pecadora a sus pies (Mc 14, 1-9)- y dejar salir el nardo del amor que guardo contenido; sabiendo que, como ella, seré criticada pero que sólo así será redimida y tendrá sentido mi vida.


PD: Gracias, J: con la foto de "nuestro" disco dejo una prueba gráfica de que todo lo que cuento es cierto. El amor que simboliza es real, y recíproco. Dios te pague tanta emoción como me haces sentir.
PD2: Gracias, M: por acompañarme en este proceso de darme cuenta de las cosas, por repensar conmigo, por ayudarme a autocorregirme, por darme pista para correr y tiempo para hacerlo; pero sobre todo por estar ahí.
PD3: no me olvido de ninguno de todos los demás. ¡Os quiero!.

viernes, 22 de abril de 2016

Al final...

Porque...


Porque la vida está llena de canciones,
esta mañana levanto mi voz a Dios
con una tan antigua que es nueva.
Con un Silvio Rodriguez viejo que me rejuvenece.
Que trae a la memoria los primeros acordes
de mi primera guitarra.
Porque el camino ya empieza a ser largo, 
pero quedamos los que puedan sonreír...
Porque al final de este viaje estás Tú,
y eso hace que cada paso merezca la pena.
Porque estos años son el pasado del Cielo.
Porque eso es lo que quiero que a mi pequeña Hadasita
no se le olvide jamás.

En medio de la muerte hay Luz, mi niña:
que nada te asuste. Crecerás, te lo aseguro.
Seguirás llorando, y cayéndote, y levantándote, y cantando.
No tengas miedo, pequeña Hadasita.
Al final del viaje comienza EL CAMINO...

miércoles, 20 de abril de 2016

Superhéroes

Me gustan mucho. Muchos. Me fascina el aire sexy y chulesco de Ironman, luchando con los medios de su propia empresa contra los daños de su propia empresa. Me llama mucho la atención el malabarismo que hace con su fobia Batman, cómo consigue que sus enemigos teman a un murciélago tanto o más que él. Me encanta el idealismo juvenil de Spiderman. Me deja con la boca abierta Daredevil con esas super peleas a ciegas sin fallar un golpe, y sin dejar de recibirlo tampoco. Me gusta que los buenos acaben con los malos; incluso que los malos acaben con los malos, y por eso añado a Dexter a mi lista de superhéroes: si hay que ser un asesino en serie, mejor serlo de asesinos en serie. ¿Y quién no lleva un Hulk dentro que controlar?: a veces me pongo de un verde gigante... Me vuelven loca los superhéroes intelectuales, especialmente Sherlock Holmes: no hay nada más fascinante que un hombre inteligente. Me pasaría horas sentada a sus pies con la boca abierta, contemplando la rapidez de su ingenio y sus deducciones.

Sí. Me gustan mucho. Muchos. Pero me doy cuenta que todos tienen su punto débil, su talón de Aquiles. Todos tienen algún trauma no superado, una herida profunda, una enfermedad más o menos evidente. ¿Hará falta inventar un superhéroe que salve a los superhéroes?. ¡Pues sí!, y ya existe. Ellos lo han reconocido, bajo sus ropas humildes y su apariencia de hombre normal. Los niños también lo conocen bien. El día que la kriptonita derrote a Superman, o que se acabe la batería del corazón de repuesto de Ironman, o que la seño se caiga por la calle, o que el psicólogo coja una depresión, o que el cantante se quede afónico antes de un concierto, o que la mamá muera de un cáncer, o que el amigo fiel no sepa reconocer un SOS... ese día, no estaremos solos. Habrá esperanza en nuestro Gotham personal. Porque nuestro Superhéroe ya no muere más, y su poder es Omnipotencia, y su Amor por nosotros no tiene fin. Esta película de nuestra vida va a acabar con aplausos a lo bestia y todo el público de pie. Y, por una vez y sin que sirva de precedente, me encanta conocer el final de antemano, porque llena la acción de este miércoles cualquiera de esperanza cierta YA.

martes, 19 de abril de 2016

Vale, por esta vez


No se si soy positiva, ingenua, inconsciente, inmadura, 
o todo lo contrario.
Pero hoy me he caído, Me he hecho daño. 
Y me he curado los raspones, por supuesto.

Últimamente me caigo mucho.
Me consuela pensar que a los niños también les pasa.

Me trago lo que pienso, y me dejo llevar por lo que me serena;
y vale, por esta vez 
-y aunque no me salga mucho sonreír-
¡ahí voy de nuevo!
Herida y medio coja.
Que sea lo que Dios quiera.
Wizard Animation