sábado, 7 de diciembre de 2019

La actitud

Es muy importante.
Puede que lo más importante, junto con la intención.
La intención marca por qué hacemos las cosas.
La actitud el cómo.
El resultado ya no depende tanto de mí,
como de lo que Dios considere conveniente para mí.
Pero si la intención es hacer las cosas de la mejor manera posible
por Él, por amor a Él, ofreciéndolas además por quienes más lo necesitan,
la actitud no puede ser otra que la de superheroína.
Da igual la monotonía, el aburrimiento, el cansancio.
Y los madrugones, y el desánimo, y la incertidumbre, y el miedo.
Hay que darlo todo. Siempre.
Sin rendición.  Las superheroínas nunca se rinden.
Esa constancia, ese esfuerzo, ese cariño con el que hacemos las cosas,
sin duda son virtudes heróicas.
Se puede estar asustada, se puede no tener ganas,
se puede incluso llorar muchas veces.
Pero enseguida hay que ponerse en pie,
recta, puños en las caderas, cabeza alta.
Respirar hondo, recordar la intención, orar y a trabajar.
Día tras día. Adviento tras Adviento.
Ésa es la actitud.

(Anatomía de Grey,  temporada 11, capítulo 14)

jueves, 5 de diciembre de 2019

Plot Twist

A los amantes del cine nos encantan.
Creo que muchas de las películas que han pasado a la historia
lo han hecho por contener un brillante plot twist.
En castellano, vuelta de tuerca o giro inesperado de los acontecimientos.
Veamos algunos ejemplos muy conocidos. Atención, spoiler.

Amenabar utilizó bastante el plot twist en sus primeras películas. En "Abre los ojos" se produce en el momento en el que el protagonista se da cuenta de que todo lo que le rodea es realidad virtual; en "Los Otros", cuando los vivos pasan a ser los muertos y viceversa (¡brillante!). Algo muy parecido ocurre en "El sexto sentido" de M. Night Shyamalan. Si nos vamos a los clásicos, Hitchcock nos dejó a todos helados en "Psicosis", revelándonos que la madre no era la madre sino el hijo. No sé a vosotros, pero a mí me pasa que, cuando el giro es muy bestial, en cuanto acaba la película siento la necesidad de volver a verla desde la nueva perspectiva, para darme cuenta de los pequeños avisos camuflados con los que el director ya venía anunciando que llegaba un


Es un clásico en el género de suspense, sin duda.
Si no, repasad cualquier novela de Agatha Christie, Arthur Conan Doyle o Stephen King.
Aunque, como dice el Eclesiastés, "nada hay nuevo bajo el sol" (Ecl 1, 9).
Todos los argumentos de todas las obras de todos los autores se basan en la vida.
Y de la vida, el gran autor por excelencia es Dios.
¡Que sí, que sí, que Dios inventó el plot twist!.

Primera parte:
Érase una vez el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, a quien se le cruza el cable y empieza a hacer tonterías: se planta contra su Creador (y Adán come del árbol), se planta contra su hermano (y Caín mata a Abel), se planta contra todo el mundo (y viene el diluvio universal). Y así sin parar. Años y años de vueltas, exilios, tropiezos, desiertos, pecados, infidelidades, guerras...
Y de repente Dios se marca un plot twist, y decide nacer Niño en un establo en Belén de Judá. Y todo cambia. La historia, que parecía una historia de perdición, era en realidad historia de salvación. Y nos quedamos tan en shock que tenemos que releerla para darnos cuenta de cómo Dios había ido preparándose un pueblo que vivía anhelando su venida. Y llegó. Llegó Aquél a quien esperaban, pero no como lo esperaban...

Segunda parte:
Érase una vez el hombre (y no cualquier hombre: el hombre israelita, judío religioso del siglo I, que rezaba pidiendo un Mesías), perdido en una trama brillante. El hombre que creía que el argumento exigía un libertador por todo lo alto, un rey poderoso que encabezara un ejército que consiguiera, para su pueblo, la libertad. Y Dios dio otra vuelta de tuerca. Nació pobre, vivió humilde, se relacionó con pecadores, se enterneció con los niños, habló del amor, del perdón, de ser hermanos, de la Voluntad del Padre, de las flores, los rebaños, los árboles y los pájaros, del Reino y de la Iglesia... Algo tan escandalosamente inaceptable que le llevó a la Cruz. Y va Dios y ¡plot twist!, Resurrección. Y lo que parecía que había sido un enorme fracaso se convierte en el acontecimiento más luminoso de la historia de la humanidad.

Llegados a este punto, toca hacerse la gran pregunta: ¿y qué pasa conmigo?.
No, no estoy preguntando de qué va el argumento de mi vida, con todas las tortas que me he pegado ya y las que vendrán. No hablo de las oscuridades, de las traiciones, de las injusticias, de los desprecios, de mis pecados, de las crisis, de las soledades, de los problemas. No, no cuestiono por qué parece que todos mis esfuerzos no dan ningún fruto. Porque ya he dicho que sé que las apariencias engañan, y que las cosas se entienden al final, repasando la peli.

La gran pregunta es: ¿de verdad creo? ¿Creo que Dios, mi Dios, el mismo de la primera y la segunda parte que he narrado antes, está preparando un pedazo de plot twist para la trama de mi vida? ¿Creo que estoy en sus manos, que es mi Padre, y que soy objeto de su amor misericordioso; que está conmigo cada día, que no depende todo sólo de lo que me hagan los demás o de mis propias fuerzas, y que no me va a dejar hasta me quede boquiabierta con la maravilla que ha soñado para mí?

Pues eso.
Adviento.
¡Ven, Señor, no tardes! ¡Lúcete!
Que te vea,
y que lo disfrute,
y que te aplauda por toda la eternidad.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Mi cosa más bonita

Cuando llega la noche, paso a arropar a las peques en la camita, y -después de hacer nuestras oraciones- les digo a cada una:
- Tesa, que duermas bien, que sueñes con cosas bonitas: que sueñes con pechuga, con los patos del río, con el valle en el pueblo, con cazar grillos, con tu mantita, con mandarinas, con mimitos...
Hadasita, que duermas bien, que sueñes cosas bonitas: que sueñes con tu osito, con las pinturas de colores, con chocolate, con vacaciones, con tu muy mejor amiga, con la Navidad, con Tesa...
- ¿Y tú? ¿con qué vas a soñar tú?
- Yo soñaré también con cosas bonitas, las más bonitas: soñaré con vosotras.
Y nos damos besitos.

Entonces yo me meto en la cama, y me tapo bien.
Y se apagan las luces.
Y a veces, estando ya medio dormida, me parece escuchar:
- Mi niña, que duermas bien, que sueñes cosas bonitas: que sueñes con tu plaza de funcionaria, con conciertos de Vetusta Morla, con yemitas de Santa Teresa, con la familia en torno a tu mesa, con inviernos de mantita y libro, con pizza de quesos fundidos, con tus amigos más fieles, con Hadasita, con Tesa...
- ¿Y Tú? ¿con qué vas a soñar Tú?
- Yo soñaré -despierto- también con cosas bonitas. Porque soñaré contigo. Y tú, mi niña, eres mi cosa más bonita...

martes, 3 de diciembre de 2019

Hoy no

Estos años de silencio han impedido que se comentara aquí una serie que, con alguna puntualización, considero que merece la pena ver: Juego de Tronos.
Atención, spoiler.

Traigo hoy a la memoria a Arya Stark y a su profesor de baile, Syrio Forel.
Muchas cosas aprende la pequeña de este hábil maestro de la espada, pero una será la que le servirá para convertirse en la heroína  indiscutible de la Gran Guerra: "Sólo hay una cosa que decirle a la muerte: HOY NO". 

Me gusta. Porque me sirve.
Sólo hay una cosa que decirle al miedo: hoy no.
Sólo hay una cosa que decirle a la pereza: hoy no.
Sólo hay una cosa que decirle a la tentación: hoy no.
Sólo hay una cosa que decirle a la rendición: hoy no.

Hoy no. No es un buen momento para dar un paso atrás.
No es un buen momento para el desánimo, para bajar la guardia, para dejar las cosas importantes para más tarde. No es un buen momento para descansar, para aparcar la espada, para dejarse llevar.

Es el tiempo perfecto para trabajar con esfuerzo constante.
Los opositores sabemos muy bien lo que es vivir corriendo una carrera de fondo.
¿Cuántas veces al mes, a la semana, al día, me ha tocado sobreponerme a las ganas de tirar la toalla con un tajante, firme "HOY NO"?

Es el momento de hacerse fuerza y no dejarse llevar por la corriente.
Párate y mira a dónde llevan las aguas del ruido, de las prisas, del consumismo, del aparentar...
A vivir estresados, asfixiados, preocupados, amargados; a comer hasta explotar, a reunirse por puro compromiso, a empujarse en las tiendas gastando hasta lo que no se tiene, a blasfemar llamando a todo eso Navidad.

No. Hoy no. Y espero que mañana tampoco.
Eso nos convertiría en una especie de zoombie,
en alguien más muerto que vivo,
en un caminante blanco.

El Adviento nos pone en alerta, nos agudiza los sentidos,
nos enseña lo verdaderamente importante.
Es un kairós, un tiempo de gracia.
No es un a espera estática, sino activa. Un "Ven" que, a la vez, sale al encuentro.
Es un duro ir contracorriente; una batalla en serio por lo auténtico,
luchando en el ejército de un Niño-Rey que nada tiene que ver con ese gélido Señor de la Noche a quien sabemos que se le pueden parar los pies, como hizo Arya Stark, con un:

lunes, 2 de diciembre de 2019

Achicar distancias

No sé si a vosotros os pasa. Yo, últimamente, miro las noticias con muchísima preocupación. Más que nunca. Y pienso que no se puede hablar de coincidencia.

No es una coincidencia lo que está pasando, no. La gente se está enfrentando a la gente en la calle. Y no ocurre sólo en Barcelona. Está pasando en Bolivia, en Chile, en Venezuela, en Nicaragua, en Francia, en Hong Kong, en Irak, en Siria, en Yemen, en Nigeria...

Tanto conflicto a la vez no es casualidad. Y oigo a los expertos tratar de dar explicaciones políticas a algo que, para mí, tiene una única raíz, y es espiritual. ¡Lo veo tan claro!.

Mi generación ha crecido siendo testigo de una campaña mundial bestial contra Dios y todo lo que tiene relación con él, en especial contra la Iglesia católica. Eso es incuestionable. No hay nada a los ojos de la sociedad que me rodea, que esté peor visto que ser católico. Y claro, los valores cristianos ya ni se conocen: amar al prójimo, ser uno, perdonar al que nos ofende, orar por el enemigo... No, lo que vemos es justo lo contrario: una exaltación del egoísmo, de la individualidad y la división, una agresión  continua al que me molesta, gritos buscando la razón, rechazo a la opinión diferente, desprecio por los tribunales de justicia y sus sentencias, burla y mentira en los gobernantes, corrupción, crisis... Una bomba.

Y en medio de todo este desastre, empieza el Adviento. Una pequeña resistencia se empeña en parar, hacer silencio, y preparar una Navidad lejos del consumismo y los convencionalismos; y en volver la mirada a la gruta de Belén. Y Dios, cuya fe en el hombre es inquebrantable, sigue empeñado en achicar distancias con nosotros. ¿Quién puede temer la cercanía de un bebé recién nacido?


Buscamos en encuentro con el mismo Dios del pesebre hoy en nuestra vida: su calor, su ternura, su amor (¿hay algo más revolucionario que hablar de amor en pleno 2019?). Y se enciende una pequeña luz en la noche de nuestro tiempo. Y rogamos al Cielo:

Ven, Señor, necesitamos que vuelvas, queremos hacerte un hueco en este mundo de locos, anhelamos la paz que sólo Tú puedes darnos. Te pedimos, te suplicamos, en nombre de nuestros hermanos que tanto se empeñan en negarte, que no te canses nunca de achicar distancias, de ofrecer oportunidades, de iluminar oscuridades, de buscar encuentros. Por el amor que te llevó a hacerte Niño en Belén, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén.

Disculpadme

Hace más de dos años que no escribo nada aquí.
Disculpadme.
Han pasado muchísimas cosas.
Sé que hay (o había) personas buscando en estas líneas motivos para hacerme tropezar.
Sé que hay (o había) gente dispuesta a usar esos motivos para amenazarme.
El miedo me pudo. Disculpadme.
Pero ya he dicho que han pasado muchísimas cosas.
Y el miedo desaparece cuando ya no tienes nada que perder.
Así de cortas tiene las patas.

Voy a volver a la carga.
Quizás el tono de mis palabras haya cambiado.
¡Pasan tantas cosas a lo largo del tiempo que una ya no es la misma!
Disculpadme de antemano, si no soy del gusto de todos.
Suele pasar. Me temo que es inevitable.

Y si el pasado me lee, tengo una cosita que explicarle. Bueno, dos:
1- Si digo, por ejemplo, "hay mucha gente que es gilipollas", y me lees y piensas: "Hadasita me ha llamado gilipollas", quizás debas plantearte que a lo mejor eres al menos lo suficientemente gilipollas como para que te sientas cuestionado por mis palabras. Revísate, porque el problema es tuyo.
2- Soy una persona libre, libérrima, que ni tengo nada ni dependo de nadie, y que ejerzo mi derecho a la libertad expresión, porque me da la gana. Si no te gusta lo que lees, te invito a que te vayas a la parte superior derecha de tu pantalla y le des a la X. ¡Hazlo sin miedo, que no pasa nada! Dale a la X, pero no des por culo. Gracias.

A la buena gente, a los amigos de siempre, a los que se acercan a mí desde el respeto y el cariño, que leen estas palabras, disculpadme. ¡Ha pasado tanto tiempo y tantas cosas! 
Os mando un besico y os doy de nuevo la bienvenida. 
Paz y bien.

sábado, 8 de julio de 2017

Fin de curso

Ha llegado el fin de curso.
Ha sido un año duro, difícil, agotador,
con una mudanza de por medio
y muchas cosas personales que no vienen a cuento.
Pero como cada fin de año,
igual que como cada noche en el examen de conciencia,
quisiera decirle al Señor tres palabritas:
gracias, perdón, y ayúdame más.

Gracias por mi trabajo.
Porque tengo trabajo. Porque es un buen trabajo.
Porque me hace ser mejor persona y mejor cristiana.
Porque si meto la pata puedo perdir perdón y sacarla
y aprender, como poco humildad.
Gracias por las manos tendidas,
por las palabras de apoyo en los momentos más duros,
por la fe en mi valía personal 
por encima de mis muchos defectos.
Gracias por la amistad.
Gracias por la ocasión de poder ayudar a otros,
por el privilegio de ser instrumento tuyo
entre los más pequeños.
Gracias especiales este año por R, 
por su cariño, y sobre todo por su ejemplo.

Perdón por los tropiezos, por los enfados, 
por el cansancio, por la ingratitud.
Por las veces que he perdido la paciencia.
Por las que he hecho daño aun sin querer.
Por los días que no he tenido fuerzas para más.
Por mis pecados: los públicos
y los que sólo Tú conoces.

Ayúdame más, Señor.
A tratar a los demás con el amor con el que Tú me tratas a mí.
A ser más generosa, sin condiciones.
A seguir sonriendo pese a las dificultades.
A no desesperarme si las cosas no salen como quisiera.
A recomenzar de tu mano después de cada tropiezo.
A aceptar que no llego a donde quisiera,
y que si llego a donde llego es gracias a Ti.

En tus manos, Señor, dejo mi fin de curso.
Si he aprobado o suspendido, Tú dirás.

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