lunes, 15 de febrero de 2016

Debilidad

No me avergüenza mostrar mi debilidad.
Ni que la gente me vea llorar.
O reír cuando se supone que debo llorar.
No me importa confesar que sola no puedo. ¡Nadie puede!.
No doy la talla, no sé estar a la altura, y ya no me duele.
Me da igual defraudar;
a estas alturas espero haber defraudado ya a todos:
¡es tan agotador vivir atendiendo a las expectativas ajenas!
Sé que la poca fortaleza que a veces tengo, es toda prestada.
He vivido, y por tanto he sufrido. Vivo y sufro todavía.
Los días en los que parece que no ocurre nada
son para mí los peores.
A veces sólo puedo rezar,
y a veces me parece no haber rezado nunca.
Tengo el corazón roto,
y aun así me siento muy capaz de amar intensamente.
Cuanto más me arrodillo más se extienden mis alas.
Me siento más auténtica cuando hago mías palabras de otros.
Prefiero la noche a la mañana.
El silencio al ruido. Y la música al silencio.
Me da miedo la soledad,
y más aun la infidelidad de quien me acompaña.
No entiendo ni la violencia ni la indiferencia
del mundo que me rodea.
Soy así, y si no este sueño es demasiado real como para ignorarlo.
En la imagen que reflejo en el espejo no me reconozco.
Pero nada de esto importa demasiado: Dios conoce mi verdad.
Conoce mi debilidad y cuenta con ella.
Lo que de su fe en mí pueda salir, sólo Él lo sabe.
Él tiene sus planes, que siempre se cumplen por encima de los míos.
Con estas mulas va arando.
Y por su esperanza en mí me siento halagada.

3 comentarios:

Tini dijo...

pensaba que es un derecho eso de estar tristona de vez en cuando, Hadasita.

Pero luego lo pienso mejor y digo que, más bien es una tentación, una más de quien sólo susurra mentiras a nuestro oído. Ese que nos las sugiere siempre con la intención de hacernos sufrir, y acabamos por creer que todo es oscuridad por más que el mundo esté inundado de vida, luz y color a nuestro alrededor.

Conviene rendirse sin resistencia ante quien nos está gritando que nos ama tal como somos, más aún, a pesar de como somos, de lo que somos. Rendirse a los pies de quien te pone en pie. Poner los ojos en su mirada para descubrir la única gran verdad: TÚ ERES SU GRAN AMOR.

Angel dijo...

Yo lo voy a decir de otra manera... Dios -que es el epifenómeno número uno- es el que da razón y sentido a todo, al sol y a la lluvia que cae sobre buenos y malos... Ese Dios aún, todavía, incluso, no obstante, sin embargo, igualmente y también CREE en cada un@; ESPERA todo y AMA una pasada... Esta cosa "suya" es lo que a lo "nuestro" levanta y engrandece.
¿lo he dicho bien?

Hadasita dijo...

De maravilla. Eso es exactamente lo que quería expresar.

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